Epicuro fue uno de los filósofos más importantes de la Antigua Grecia, muy recordado por Séneca en sus cartas por la elocuencia que tuvo al no confundir el placer con el vicio. Las enseñanzas de Epicuro se basaban en el reconocimiento del disfrute y del encuentro de la felicidad a partir de los placeres que nos aporta la vida, pero siempre con honestidad y medida.

Vivió en Atenas desde el siglo IV al III antes de Cristo, y de su obra se han conservado tres cartas y cuarenta de sus Máximas Capitales. Sus obras trataban el amor, la justicia y los dioses, siempre con cordura, profundidad y humanismo. Epicuro defendió una doctrina basada en el placer, siempre teniendo en cuenta la prudencia. Se manifestó en contra del destino, desligándose de los postulados sobre la fatalidad de aquella época. Para él no existía el destino, sino el azar, huyendo de las creencias de la causalidad y encontrando la libertad en lo fortuito.Siempre expresó motivos morales con sus palabras, como la destacada frase que reivindica la gratitud “El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande es desdichado, aunque sea dueño del mundo”. También difundió palabras libres de prejuicios, llenas de humanidad y esperanza, como esta sencilla frase: “El que menos necesita del mañana es el que avanza con más gusto hacia él”.

Sus palabras dibujaban una personalidad vital con grandes ilusiones en la vida, para caminar dignamente y con felicidad. Para él, el objetivo de la vida humana era proporcionar placer y evitar el dolor, pero siempre de una manera racional, evitando los excesos, pues estos provocaban un sufrimiento posterior. También decía que los placeres del espíritu eran superiores a los del cuerpo y ambos debían satisfacerse con inteligencia para alcanzar un estado de bienestar dual entre cuerpo y alma.

Las palabras de Epicuro nos muestran un camino a seguir, incluso frente a la muerte, a la que nos anima a desdramatizar: “La muerte es una quimera, pues cuando yo estoy, ella no está; y cuando ella está, yo no”. Murió en Atenas después de crear la escuela de filosofía El Jardín, de la que todos podían formar parte (ricos, pobres, mujeres y esclavos), toda una revelación en aquella época.

Para acabar, os dejamos algunas de sus frases que os harán ver que la vida podría ser, muchas veces, un jardín hermoso lleno de felicidad (siempre que nos esforcemos en ello):

“Así pues, la muerte no es real ni para los vivos ni para los muertos, ya que está lejos de los primeros y, cuando se acerca a los segundos, estos han desaparecido ya”.

“Debemos meditar, por tanto, sobre las cosas que nos reportan felicidad, porque, si disfrutamos de ella, lo poseemos todo y, si nos falta, hacemos todo lo posible para obtenerla”.

“El hombre es rico desde que se ha familiarizado con la escasez”.

“El más grande fruto de la justicia es la serenidad del alma”.

“El que menos necesita del mañana es el que avanza con más gusto hacia él”.

“El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea dueño del mundo”.

“El placer es el principio y el fin de una vida feliz”.

“Has de mirar con quién comes y bebes antes que lo que comes y bebes; porque comida sin amigo es comida de leones y lobos”.

“Llegará un momento en que creas que todo ha terminado. Ese será el principio”.

“Para muchos, haber ganado riquezas no fue acabamiento de sus miserias, sino cambio de unas miserias por otras”.

“¿Quieres ser rico? Pues no te afanes por aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia”.

“Retírate dentro de ti mismo, sobre todo cuando necesites compañía”.

“También en la moderación hay un término medio, y quien no da con él es víctima de un error parecido al de quien se excede por desenfreno”.


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