Ya sea con la familia, con los amigos, o con los compañeros de clase o de trabajo, dar un consejo siempre es algo difícil. Requiere mucha sensibilidad, sobre todo si estamos hablando de la vida, de decisiones o problemas de otras personas.

Además, puede ser algo frustrante cuando no sabemos qué decir o nos equivocamos o, simplemente, la otra persona no sigue nuestro consejo. Es fácil soltar frases de ánimo enlatadas que sirven prácticamente para cualquier situación. Son fórmulas que llegan al corazón, pero nublan la mente.

Dar un consejo consiste en compartir una experiencia, en ofrecer una directriz o una guía que se pide y se da de forma voluntaria. En ningún caso es una orden, ni hay obligación de darlos o de exigirlos. ¿Hay alguna fórmula para ser un buen consejero? Todo se basa en nuestros propios conocimientos, nuestra experiencia y en nuestra sensibilidad. Si quieres mejorar tu capacidad para dar consejos y, con ella, tu capacidad de escucha y sensibilidad, aquí tienes algunos consejos

Dar un buen consejo se basa en nuestros propios conocimientos, nuestra experiencia y en nuestra sensibilidad

Vamos a librarnos de ciertos malos hábitos

Dar consejos no consiste en ser un dispensador de información. Implica ser comunicativo. Saber captar las necesidades de la gente y dar lo que se necesita. Es una tarea difícil, pero se facilita si tenemos una buena actitud:

1. Para empezar, no juzgues, ni sesgues

Cuando una persona te esté hablando de algún problema o una situación, escucha. Nada de juzgar, y mucho menos a la cara. Y tampoco nos dejemos llevar por nuestras opiniones sobre el tema. Resumiendo, no juzgues. Evalúa.

2. Sé honesto

Pongamos que siempre tenemos las mejores intenciones si queremos dar un buen consejo. Pero, a veces, hay que admitir que no sabemos nada sobre el tema y no tenemos tiempo para investigar sobre él. Sé humilde y no vayas de “sobrado”.

Escucha antes de dar un consejo y sé honesto

3. Espera al mejor momento para dar el consejo

Es casi un impulso incontrolable el que nos salga nuestra vena de mamá regañona, y tal y como la persona empiece a hablar, ya estemos: “Pues deberías hacer esto, deberías hacer lo otro…”. Quizás todavía no ha llegado el momento de decir nada. Deja primero que la otra persona se exprese. Recopila toda la información que puedas y cuando ya lo hayas hecho, entonces puedes empezar a aconsejar.

4. Y última actitud: no impongas

A no ser que estéis en un cuartel y seas un oficial superior, un consejo no es una orden. En ningún momento estás obligado a darlo. Y, por supuesto, en ningún momento están obligados a seguirlos. Sé asertivo. La última decisión siempre será de la otra persona.

Bien, a estas alturas presupongo que tenéis buena actitud comunicativa. Imaginaros que ha llegado un amigo para hablaros de una situación personal comprometida. Seguramente nos pregunte nuestra opinión sobre el tema. ¿Cómo ser más efectivo en esta situación? Vayamos paso por paso.

7 recomendaciones para ser mejor consejero

1. Escucha

Dibuja su historia en tu mente. Quédate con cuantos más detalles mejor. Acuérdate de las “6 W” de cualquier suceso: Qué, quién, cuándo, cómo, dónde y por qué. Pregunta todo lo que necesites saber.

2. Ponte en su lugar

Ten un poco de empatía. Capta cómo se siente la otra persona con lo que te está contando, imagínate en esa misma situación y comprende cómo te sentirías en ese caso. Que cuando esa persona termine de hablar tu expresión sea: “comprendo tu situación”.

La clave de un buen consejo: escucha y ponte en el lugar de la otra persona

3. Invita a que esa persona vea su situación desde el exterior

Las emociones están muy bien, pero un problema se resuelve mejor con la cabeza fría. Tranquiliza a tu amigo y que empiece a hablar de los recursos que tiene para resolver el problema. ¿Cómo? Pues una vez se haya desahogado, pregúntale: “¿Qué quieres hacer?”.

4. Pregunta si quiere un consejo

En caso de que lo acepte, no empieces con un imperativo. Mejor aplica la fórmula del “Yo que tú…” o “Si estuviera en tu situación…”. No hables de una, sino de todas las posibilidades que tiene. Dale toda la información que puedas dar en ese momento. Estarás poniendo más recursos sobre la mesa.

5. Evalúa los riesgos

Y, continuando lo anterior, si puedes indica también los riesgos que podrían llevar esos consejos. Si los tienen, claro.

6. Ante todo, y sobre todo, es la otra persona la que toma la última decisión

Recuerda. No impongas. Termina siempre tu consejo acentuando esto que “esto es lo que yo pienso, ahora eres tú quien decide”. Recuerda también que estamos hablando del problema del otro, no del tuyo. Es él y no tú quien debe resolverlo.

7. Haz un seguimiento

Preocúpate por cómo le ha ido. Cuando pase un tiempo, pregúntale por el suceso y veamos si realmente consiguió una solución.

Y listo, ya has podido hacer todo lo que podías por esa persona. El resto dependerá de ella. Ser consejero pude ser algo muy gratificante. Sobre todo cuando las cosas salen bien, pero aprende a dosificar bien tu información. Recuerda, con un consejo compartes experiencia. No es obligatorio darlo, ni tampoco recibirlo. Tú decides al final quién merece tu experiencia y quién no.

Y si me permites esta pequeña intromisión, mi consejo ahora es que compartáis este artículo con todos vuestros amigos.

Nunca sabéis a quién podréis estar ayudando con ese gesto y ¿quién sabe? Quizás consigáis crear algo así como un consejo de sabios entre vosotros.


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