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Cómo abrazar la incertidumbre: las 3 claves del pensamiento crítico

✅ En este artículo conocerás un poco más cómo desarrollar tu pensamiento crítico con ejemplos curiosos y claves prácticas. Pero si quieres descubrir mucho más, no te pierdas los retos formativos de Comunicación Social EN+


Lo que consideramos realidad objetiva es en realidad una imagen distorsionada de nuestro entorno. Percibimos el mundo a través de la ventana limitada de nuestros cinco sentidos. Más que eso, la forma en que nuestros cerebros interpretan y comprenden las señales sensoriales está limitada por nuestras ilusiones internas y suposiciones pasadas. Para pensar creativamente, debes aprender a reconocer estos procesos, trabajar conscientemente para liberarte de los patrones de pensamiento establecidos y aprender a abrazar la incertidumbre. 

Hay una diferencia fundamental: los charlatanes lo saben todo. Son infalibles, mientras que los científicos y los divulgadores a veces te dicen «no sé, no te lo puedo explicar». Es más fácil decir que uno lo sabe todo que señalar los límites del propio conocimiento. Ellos pueden curar cualquier enfermedad, han conocido todo el mundo… Un científico y un divulgador te señalan que las cosas no son ni blanco ni negro, que hay matices… Pero es más fácil decir: aquí están los buenos y aquí están los malos.

– Irina Podgorny,
antropóloga e historiadora de la ciencia

Echa un vistazo al mundo que te rodea. ¿Obtienes una imagen precisa de la realidad? La mayoría de las veces parece que sí. Pero, ¿y si las cosas que pensamos que son reales son solo una ilusión? 

A estas alturas no debería sorprenderte la idea de que que nuestros cerebros nos mienten. Constantemente. En la mayoría de casos, creen hacerlo por nuestro bien. Y para nuestros cerebros, nuestro bien es la supervivencia.

En este artículo os dejamos algunas claves de la percepción humana a través de una útil guía basada en las tres décadas de experiencia del autor Beau Lotto en investigación neurocientífica. Una guía que describe las muchas formas en que nuestra mente dobla y moldea nuestra concepción de la realidad.

Descubrirás algunas de las razones subyacentes detrás de las peculiaridades de tu cerebro. También aprenderás por qué comprender estas funciones cognitivas contradictorias puede ayudarte a desbloquear nuevas vías de creatividad.

El mayor avance del conocimiento es aportar conocimiento, pero todavía más aportar ignorancia, transformar la ignorancia inconsciente en consciente, que es la clave del descubrimiento.

– Pedro Miguel Etxenike en el vídeo del 5º aniversario de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV

1. Hay una realidad objetiva, pero nuestro cerebro no la ve

Era febrero de 2015 y en internet, como de costumbre, había una acalorada discusión sobre un absurdo tema viral. En todo el mundo, las personas se apresuraban a teclear sus opiniones.

¿Qué era lo que tenía al mundo tan revuelto en aquella ocasión? Una simple imagen de un vestido azul y negro¿O es un vestido dorado y blanco? Bueno, ese es exactamente el problema. Todos miran la misma imagen pero ven cosas completamente diferentes.

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La imagen original en el centro. A la derecha y a la izquierda la imagen retocada para potenciar unos u otros colores (Foto: Wired)
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Esta ilusión óptica se convirtió en una sensación viral porque reveló una verdad incómoda sobre la mente humana. Mostró a millones de personas que lo que consideramos realidad es solo una interpretación.

El controvertido vestido que cambia de color no es el único ejemplo de cómo la interpretación de nuestro cerebro de una circunstancia u otra puede diferir de la realidad. De hecho, distorsiones como esta son extremadamente comunes. Solo piensa en todas las diferentes ilusiones ópticas que has encontrado a lo largo de tu vida.

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¿Qué tal si ponemos otro ejemplo sencillo que casi todos hemos experimentado en nuestra día a día? Esta vez, imagínate sentado en un tren parado. Mientras miras por la ventana, el tren de la siguiente vía comienza a avanzar. Durante un breve segundo, cuando ves que se aleja, puedes sentir que eres tú el que te estás moviendo hacia atrás. Son unos segundos en los que dudas: ¿se está moviendo mi tren o el otro tren

Claramente, no son solo tus ojos los que son vulnerables al engaño. Todos nuestros sentidos pueden ser engañados. Pero si todos nuestros sentidos no son fiables, ¿cómo sabemos qué es realmente real? Bueno, muchas veces no lo hacemos. Y eso está bien.

En su mayor parte, las distorsiones del mundo exterior son inofensivas, o incluso beneficiosas, porque nos permiten concentrarnos en sensaciones más importantes, como el dolor o el miedo. Y, debido a que nuestros cerebros son el resultado de millones de años de evolución, la forma en que interpretan la realidad no tiene por qué ser precisa. Solo tiene que ayudarnos a sobrevivir. Pero no puedes ignorar este hecho: también muchos de tus pensamientos son, en su mayoría, ilusiones ideológicas que no se corresponden con la realidad.

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Pictoline y los sesgos cognitivos

La información no tiene sentido sin interpretación

El mundo está lleno de información. También sensorial. Todos los días, somos bombardeados por ella en forma de fotones, productos químicos y vibraciones. Pero toda esta información no tiene sentido en su forma original. Para que tenga algún valor, debe analizarse y procesarse. Sólo entonces los fotones se convierten en colores, las sustancias químicas en sabores y las vibraciones en sonidos.

Para ayudar en este proceso de interpretación, nuestros cuerpos y cerebros han evolucionado para filtrar información innecesaria. Como resultado, solo detectamos la información que necesitamos. Es por eso que solo escuchamos ciertas frecuencias, olemos ciertos químicos y vemos lo que llamamos “luz visible”, que es una porción estrecha del espectro electromagnético completo.

Ciencia es simplemente la palabra que usamos para describir un método para organizar nuestra curiosidad. Es más fácil, en una cena, decir «ciencia» que «la adquisición gradual de la comprensión a través de la observación, puesta en su lugar por una aguda conciencia de nuestra tendencia a la parcialidad».

— Tim Minchin en
Science inspires, so don’t let your art rule your head

Nuestra visión humana de la realidad es parcial desde el principio. Pero incluso con esta ventana limitada al mundo, la información que recibimos no siempre es clara. De hecho, a menudo se mezcla en paquetes confusos. 

El trabajo no se detiene una vez que la luz llega a la retina. En este punto, aún se requiere más para crear significado a partir de lo que asimila. Pero la interpretación no es una tarea fácil, ya que incluso una vista ordinaria como un rostro humano sonriente puede adquirir una variedad ilimitada de significados, según el contexto. ¿Cómo es posible?

A lo largo de nuestra vida estaremos delante de objetos que seremos incapaces de ver. Para que algunos dejen de ser invisibles hay que tener la cabeza preparada, hay que aprender a ver. […] Pero el asunto es igual de edificante cuando se mira desde el otro lado, ya que un objeto cualquiera existe tantas veces como mentes que lo observan.

– Xurxo Mariño
en A dificultade de aprender a ver

2. Nuestros cerebros aprenden interactuando con el mundo

Mientras crecía en Sacramento, California, Ben Anderson hizo todas las cosas típicas que hacen los niños pequeños. Caminó a la escuela, jugó baloncesto y montó en bicicleta por el vecindario. Pero lo que hace a Ben tan notable es que hizo todo esto sin sus ojos.

Con solo tres años, Ben perdió la vista debido a una forma rara de cáncer. Poco después de eso, comenzó a experimentar con nuevas formas de navegar por el mundo. Desarrolló una estrategia de chasquear la lengua y escuchar atentamente los sonidos que se reflejan en las superficies a su alrededor. Esencialmente, aprendió a ver usando la ecolocalización, como un murciélago.

Esta adaptación acústica muestra cuán flexible puede ser el cerebro humano. Con un poco de esfuerzo y mucho ensayo y error, podemos aprender a percibir la realidad de formas totalmente nuevas.

El cerebro humano no es estático. De hecho, es todo lo contrario y puede afilarse y refinarse con el tiempo, dependiendo de cómo lo usemos. De la misma manera que un atleta profesional puede entrenar sus músculos para moverse con precisión, nosotros podemos entrenar nuestra mente para que sea más sensible, flexible y creativa al interactuar con nuestro entorno. Y cuanto más interactuamos con el mundo, más aprendemos.

Un estudio clásico muestra cuán importante es interactuar con el mundo para la salud del cerebro. Para empezar, los científicos dividieron a las ratas en dos grupos. A un grupo se le dio un entorno dinámico lleno de objetos, juguetes y otros estímulos, mientras que el otro grupo se mantuvo en jaulas aburridas donde nada cambiaba. Después de un mes, los grupos mostraron claras diferencias en la estructura del cerebro. El grupo que tenía más con qué jugar tenía cerebros mejor desarrollados, con más células y conexiones neuronales más densas.

Al igual que esas ratas, si nos exponemos continuamente a nuevos estímulos, nuestro cerebro se fortalecerá. Incluso podemos aprender a incorporar nuevos sentidos, como demuestra un estudio de la Universidad de Osnabrück. Los sujetos recibieron cinturones especiales que vibraban hacia el norte magnético, imitando la sensibilidad magnética que tienen algunos animales. Después de usar los cinturones durante algunas semanas, los participantes tenían una mejor percepción espacial y tenían más confianza en sus habilidades de navegación.

Afortunadamente, no necesita equipos sofisticados para estimular su cerebro. El simple hecho de exponerse a experiencias novedosas, arte y personas inspiradoras a lo largo de tu vida será suficiente. 

“Los hombres temen al pensamiento más de lo que temen a cualquier otra cosa en el mundo; más que la ruina, incluso más que la muerte. El pensamiento es subversivo y revolucionario, destructivo y terrible; el pensamiento es despiadado con los privilegios, las instituciones establecidas y las costumbres cómodas; el pensamiento es anárquico y fuera de la ley, indiferente a la autoridad, descuidado con la sabiduría leal del pasado. El pensamiento pone sus ojos en el pozo del infierno y no se asusta. Ve al hombre como una débil mancha, rodeado de abismos insondables de silencio; sin embargo, se sostiene orgulloso, tan impasible como si fuera el señor del universo. El pensamiento es grande, ligero y libre, la luz del mundo y la mayor gloria del hombre. Pero si el pensamiento ha de ser la posesión de muchos, no el privilegio de unos cuantos, tenemos que habérnoslas con el miedo. Es el miedo el que detiene al hombre, miedo de que sus creencias entrañables no vayan a resultar ilusiones, miedo de que las instituciones con las que vive no vayan a resultar dañinas, miedo de que ellos mismos no vayan a resultar menos dignos de respeto de lo que habían supuesto.”

BERTRAND RUSSELL
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Pictoline y el pensamiento crítico

Nuestra percepción de la realidad depende del contexto

En 1824 y Luis XVIII tenía un problema digno de la realeza: la gente se quejaba de su fábrica real de tapices en París. La fábrica exhibía telas maravillosas en su sala de exposición. Pero siempre que un noble las compraba para llevar a casa, algo extraño sucedía a los hilos de colores: ya no eran tan brillantes y maravillosos. 

Michel Chevreul, el químico del rey, investigó el problema. Empezó trabajando la hipótesis de que el hilo se iba degradando con el tiempo, o que quizás la fábrica estubiera usando tintes baratos y de baja calidad. Pero, después de años de experimentos, presentó un hallazgo sorprendente: no había nada de malo en el hilo o el tinte.

En cambio, el problema estaba en el ojo del espectador. Los hilos de colores simplemente parecen más vívidos cuando se entrelazan en los tapices de la sala de exposición. De forma aislada, la falta de contraste los hace parecer aburridos.

Chevreul tropezó con una verdad fundamental sobre la ciencia de la percepción: que nunca sentimos nada de forma aislada. Lo que percibimos con nuestros sentidos siempre está distorsionado. Y nuestra interpretación del mundo puede verse afectada por el contexto de las condiciones presentes, como en el caso de los tapices, o por el contexto del pasado.

Para comprender cómo el contexto pasado influye en la interpretación actual, considera las dificultades que algunas personas tienen cuando aprenden idiomas extranjeros. 

Básicamente, nuestros cerebros aprenden qué tipos de información eran significativos en el pasado y mejoran en el reconocimiento de esa información en el futuro. Pero si bien esta es una habilidad útil, también puede dificultar la percepción de las cosas con precisión.

Por ejemplo, a menudo pasamos por alto incluso los errores tipográficos más comunes porque nuestro cerebro los corrige automáticamente. Con base en el contexto pasado y presente, nuestras mentes saben qué letras se supone que están en cada lugar y ajustan nuestra percepción en consecuencia. Y mucho más.

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Aunque el contexto es tan influyente, tenemos control sobre cómo interpretamos el mundo. De hecho, tenemos el poder de ajustar conscientemente nuestra percepción de la realidad, como descubrirás en el resto del artículo. 

Podemos usar nuestra mente para cambiar la forma en que percibimos el mundo

En 1915, San Petersburgo estaba lleno de entusiasmo por una nueva pintura impactante del artista ruso Kazimir Malevich. Algunos lo vieron como un gesto atrevido de la vanguardia. Otros lo vieron como un crudo insulto al arte mismo. ¿Qué representaba la controvertida pieza? Un solo cuadrado negro.

Por supuesto, los asistentes a la galería percibieron la pintura como mucho más que su color y forma. Entendieron el trabajo en contexto. Lo vieron en diálogo con otros movimientos artísticos, como un comentario sobre la teoría estética y como una fuerte declaración personal.

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Pero ninguno de estos significados estaba físicamente en el lienzo. Después de todo, era solo un cuadrado de pintura negra. En cambio, los espectadores crearon significado a través del poder de su imaginación.

El pensamiento consciente es una de las mayores fortalezas de la humanidad. La capacidad de nuestro cerebro para pensar e imaginar nos permite soñar con mundos completamente nuevos. Esta es la base de gran parte de lo que consideramos arte, ya sean cuentos de hadas, películas de Disney o obras de Broadway. 

Nuestra habilidad en el pensamiento consciente no solo nos permite crear significado dentro de nuestras cabezas. También nos permite cambiar la forma en que percibimos el mundo material.

Como muestra cualquier ilusión sensorial, lo que percibimos en el mundo realmente depende de nosotros. A veces esto sucede de forma consciente, como cuando se interpreta el arte. Pero a menudo es un proceso inconsciente.

Las investigaciones han demostrado que muchas de nuestras percepciones están sutilmente influenciadas por nuestras experiencias pasadas y estados emocionales. Por ejemplo, las monedas parecen más grandes y más valiosas para los niños pobres que para los ricos, y las colinas parecen más empinadas y abrumadoras para las personas cansadas que para las que han descansado bien.

Entonces, lo que vemos como una realidad “allá afuera” puede ser en realidad un reflejo de lo que hay dentro de nuestras cabezas. Y, como exploraremos en este artículo, estas suposiciones internas dan forma a nuestra percepción del mundo.

Nuestras suposiciones sobre el mundo ayudan y dificultan nuestro pensamiento

En el verano de 2014, un liberiano llegó a un hospital en Nigeria. Estaba muy enfermo. Así que la doctora Ameyo Adadevoh le hizo la prueba del ébola. Antes de que los resultados estuvieran disponibles, el gobierno liberiano exigió que Adadevoh liberara al paciente. En contra de las recomendaciones de otros médicos, lo mantuvo en cuarentena. 

Se le atribuye el haber frenado una mayor propagación del virus del ébola en Nigeria al poner en cuarentena al paciente cero (Patrick Sawyer) a pesar de las presiones del gobierno de Liberia. Ella misma falleció a consecuencia de esta enfermedad, tras haber salvado muchas vidas.

Su desafiante elección fue controvertida, pero finalmente salvó miles de vidas cuando los resultados mostraron que el hombre, efectivamente, tenía ébola. ¿Cómo llegó Adadevoh a su decisión? ¿Y por qué era diferente a la de los demás?

No podemos decirlo exactamente. Pero podemos estar seguros de que su obstinada forma de reaccionar fue influenciada por su comprensión única del mundo. Ella percibió correctamente la situación como peligrosa y actuó de acuerdo con esa creencia.

Hasta ahora, hemos aprendido que nuestra percepción de la realidad no siempre es precisa. En cambio, está muy influenciada por lo que sucede en nuestras mentes. También hemos establecido que, hasta cierto punto, nuestra imaginación nos da control sobre este proceso de interpretación. 

Aún así, eso es solo la mitad de la imagen. Además de los tradicionales sesgos cognitivos, nuestra imaginación tiene limitaciones propias, la mayoría de las cuales provienen de nuestras suposiciones inconscientes sobre el mundo. 

Cada experiencia que tenemos crea una disposición de conexiones en el cerebro. Cuando nos enfrentamos a situaciones nuevas, confiamos en esas conexiones previamente construidas para darle sentido al mundo. Entonces, en lugar de acercarnos a la realidad con una mente fresca todos los días, nuestros pensamientos siguen ciertos patrones.

A veces, esto puede resultar útil. Por ejemplo, si un determinado conjunto de estímulos causó una experiencia negativa en el pasado, nuestro cerebro se basará en esa experiencia y reconocerá rápidamente experiencias similares en el futuro. El problema es que seguir los mismos patrones de pensamiento todo el tiempo entrena a nuestros cerebros a no perseguir otros nuevos. De esta forma, nuestras suposiciones limitan nuestra capacidad de percibir el mundo de nuevas formas.

Afortunadamente, estas suposiciones no están escritas en piedra. A través de la introspección, podemos reflexionar sobre nuestros patrones de pensamiento, descubrir nuestras creencias ocultas y desviarnos conscientemente de ellas. No es un proceso fácil, pero es una habilidad extremadamente valiosa que nos permite ser más flexibles al navegar por nuestro mundo complejo y en constante cambio.

3. Para pensar creativamente, deja de lado tus prejuicios

En 1799, los soldados franceses que hicieron campaña en Egipto hicieron un hallazgo asombroso: una piedra antigua con escritura grabada en tres escrituras. Fue apodada la Piedra de Rosetta y presentaba escritos en jeroglíficos griegos antiguos, egipcios demóticos y egipcios. 

Dado que los lingüistas ya conocían el griego antiguo, confiaban en que descifrar los otros dos idiomas sería muy sencillo. Pero no fue así. Los investigadores lucharon por encontrarle sentido a los jeroglíficos. Dado que los glifos eran imágenes pequeñas, los traductores asumieron que eran símbolos que representaban palabras completas. Aún así, no pudieron descifrar el código.

Entonces, un joven lingüista llamado Jean-François Champollion tuvo una idea: ¿y si los jeroglíficos fueran fonéticos y representaran sonidos en lugar de palabras? En un instante, todo quedó claro. Al cuestionar una premisa subyacente, Champollion abrió una nueva forma de ver el mundo.

Como muestra la historia de Rosetta Stone, a menudo el primer paso para desarrollar nuevas ideas es cuestionar las viejas. Suena bastante sencillo, pero puede resultar sorprendentemente difícil. 

Debido a que nuestras formas establecidas de percibir el mundo pueden estar tan arraigadas, son prácticamente invisibles. Es por eso que se necesita un esfuerzo consciente para dar incluso pequeños saltos lógicos, incluso si, en retrospectiva, las ideas que se nos ocurren parecen obvias.

Considere un acertijo famoso como Dunker’s Candle. Te dan una vela, unos fósforos y una caja de chinchetas. Tu trabajo consiste en pegar la vela a la pared y encenderla. Al principio parece imposible. Las chinchetas no son lo suficientemente largas para sujetar la vela. Pero te alejas del problema y observas el problema en su conjunto, dejarás de obsesionarte con cómo colocar las chinchetas y verás de que dispones de un elemento que habías obviado. ¿No se podría clavar esa caja en la pared con las chinchetas? Bueno, ya tienes un estante para la vela. Problema resuelto.

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Abandonar las suposiciones abre nuevos caminos hacia adelante, y la mejor manera de comenzar a cambiar las cosas es con muchas pruebas y errores. 

Al interactuar constantemente con el mundo de nuevas formas, descubrirá que muchas de sus antiguas creencias no se mantienen en todas las situaciones. Incluso las cosas que parecen estar completamente resueltas pueden ponerse patas arriba cuando se colocan en un nuevo contexto.

El divulgador científico Destin Sandlin lo demuestra con un truco llamado Ciclo cerebral al revés. Construyó una bicicleta personalizada con dirección invertida para que al girar el manillar a la izquierda se girara la bicicleta a la derecha, y girar el manillar a la derecha hace que la bicicleta vaya a la izquierda. 

Este cambio parece pequeño, sencillo. Se entiendo muy rápido. Es comprensible y muy asimilable en teoría pero montarlo requiere una forma completamente nueva de equilibrar tu cuerpo. Incluso los ciclistas experimentados luchan constantemente para mantenerse estables en la bicicleta. Este sencillo experimento demuestra que tu conocimiento asumido, como el de todos los demás, siempre está incompleto sin la experiencia.

Descubre nuevas formas de ver el mundo abrazando la incertidumbre

Imagina que fue hace dos millones de años. Eres un antepasado humano primitivo que vive con tus compañeros simios en la sabana africana. La mayoría de las veces pasa sus días buscando comida dentro de la misma área. Ahora, puede deambular y explorar lo que hay sobre otras colinas, pero no lo hacen. ¿Por qué no?

Bueno, para empezar, no saben lo que hay ahí. Claro, podría haber deliciosas bayas, pero también podría ser un paisaje árido lleno de peligrosos depredadores. Esencialmente, ¿por qué arriesgarse a lo desconocido cuando estás a salvo y seguro donde estás? Pueden parecer unos simios muy tontos, pero son un simios que piensan igual que la mayoría de humanos que nos limitamos a vivir en nuestra zona de confort.


No es ningún secreto que los humanos evitan lo desconocido. Solo piense en lo común que es que los niños le tengan miedo a la oscuridad. Esta fobia instintiva proviene de un problema de percepción o, en realidad, de una falta de percepción. Debido a que no podemos ver lo que hay ahí fuera, asumimos que podría haber depredadores acechando en las sombras.

Cuando somos adultos, aprendemos que la mayoría de las habitaciones oscuras son bastante seguras. Pero aún así, nuestro deseo de certeza no desaparece, como lo demuestra un estudio de la University College London. A los participantes se les dijo que podrían recibir una descarga eléctrica o que definitivamente recibirían una descarga eléctrica. Aquellos que sabían que se acercaba el dolor informaron menos estrés que los que no estaban seguros.

Desafortunadamente, esta aversión a la incertidumbre a menudo nos mantiene aferrados a viejas suposiciones sobre lo que es verdad. La única forma de avanzar es aceptar la incertidumbre. Y una excelente manera de lograrlo es hacer una pausa entre tu experiencia y tu reacción.

Por ejemplo, imagina que un extraño se choca contigo bruscamente. Tu primera reacción podría ser pensar: “¡Qué idiota!” Esto puede parecer correcto, pero es solo una interpretación limitada. Si te detienes por un momento y aceptas la incertidumbre, te darás cuenta de que no conoces toda la historia. El extraño podría no ser un idiota en absoluto y podría apresurarse a hacer una buena acción o sufrir problemas con el equilibrio.  De cualquier manera, pausando tu prejuicios y reconociendo que no sabes toda la información necesaria, puede adoptar interpretaciones alternativas del mundo. Esa actitud de mente abierta es la clave de la creatividad.

¿Qué nos falta por saber? Más de lo que nos faltaba hace 50 años. El conocimiento científico es como una isla y ahí está todo lo que sabemos. El océano es lo que no sabemos; y no podemos preguntarle al océano, solo podemos investigar en la orilla, en los bordes de la isla. Si aumenta el perímetro de la isla, aumenta el conocimiento, pero también lo que no sabemos. Podemos hacer más preguntas, así que hay más cosas que no sabemos.

– Entrevista a Francisco José Ayala 

Innovación: ese delicado equilibrio entre el juego y la eficiencia

En las profundidades del edificio Valley Life Sciences de la Universidad de California, Berkeley, un equipo de científicos estaba trabajando arduamente. Observan a su sujeto, una pequeña cucaracha, que se desliza de un lado a otro por una mesa. Por extraño que parezca, esta pequeña criatura tiene mucho que enseñarnos.

Los investigadores quieren saber cómo se mueve con tanta agilidad. Su experimentación comenzó principalmente por curiosidad, pero los descubrimientos que hicieron fueron muy valiosos. De hecho, la locomoción de las cucarachas ya ha inspirado la creación más notable de este laboratorio: RHex, un robot biónico diseñado para arrastrarse por zonas de combate.

Este laboratorio tiene éxito porque ha creado la ecología ideal de la innovación: una que primero hace preguntas y refina las respuestas después.

Mucha gente tiene un malentendido fundamental de la innovación. Piensan que se generan nuevas ideas cuando hay un objetivo específico en mente. Pero, en realidad, es todo lo contrario. Apuntar a un resultado predeterminado significa que ya ha hecho numerosas suposiciones sobre el mundo. Y, como hemos aprendido, las suposiciones limitan nuestra creatividad.

La innovación funciona mucho mejor cuando se trata como un juego. Entonces, en lugar de abordar las tareas de aprender, pensar y hacer con un objetivo específico, es mejor simplemente disfrutarlas como actividades por sí mismas. Con esta mentalidad, es más probable que sigas tu curiosidad, pruebes nuevos enfoques y presentes ideas originales. 

Una vez que tengas muchos conceptos originales con los que trabajar, puedes comenzar a refinarlos para ver cuáles son útiles. Esto es similar al proceso de evolución en la naturaleza. Primero, las especies mutarán y cambiarán en una variedad de formas impredecibles. Entonces el proceso de selección natural se hará cargo de la evolución . Los malos cambios serán eliminados y los buenos se quedarán, dando como resultado nuevas criaturas perfectamente adaptadas a su hábitat.

Este ciclo de creación y refinamiento funciona en cualquier campo. Ya sea que sea un científico que experimenta en un laboratorio o un artista que crea su propio estilo personal.

Los seres humanos somos muy buenos perdiendo el tiempo, experimentando, jugando, creando y explorando. Pero nada de esto encaja muy bien bajo el escrutinio de la productividad. Por eso es tan difícil conseguir financiación para el arte y la ciencia. Pero por otro lado son los fundamentos del crecimiento a largo plazo. A pesar de ello nuestras nociones del trabajo, los empleos y la economía no incluyen apenas espacio para perder el tiempo, experimentar, jugar, crear y explorar.

– Kevin Kelly, futurista
The Post-Productive Economy