El dilema del tranvía aplicado a una popular serie, ¿qué harías tú? 1

El dilema del tranvía aplicado a una popular serie, ¿qué harías tú?

✅ En este artículo descubrirás claves filosóficas sobre la justicia y la moralidad que nos ayudarán a diseñar una sociedad mejor. Pero si quieres descubrir mucho más, no te pierdas los retos formativos de Comunicación Social EN+


¿Qué es la justicia? ¿Cómo podemos actuar de manera justa y moralmente correcta? A partir de varios ejemplos de la vida cotidiana, Michael J. Sandel ilustra cuán diferente pueden interpretar la idea de justicia, por ejemplo, por filósofos como Aristóteles y Kant. A lo largo de Justice, nos insta a cuestionar críticamente nuestras propias convicciones y convenciones sociales.

La gente ha estado pensando en la cuestión de la justicia durante milenios, y las respuestas han sido tan variadas como los pensadores que las dieron. ¿La razón? Justicia significa más que juzgar el bien del mal. Cuando hablamos de justicia, tenemos que discutir cómo queremos vivir, qué valor le damos a la libertad y si ciertas virtudes son más dignas que otras.

¿Cuáles son las claves esenciales de la justicia social?

¿Qué es justo y cómo creamos la moral?

  • La comprensión de la justicia es subjetiva y cambia constantemente.
  • Agudizamos nuestro sentido de la justicia al explorar diferentes perspectivas filosóficas.

¿Qué dicen los grandes filósofos sobre la justicia y la moralidad?

  • Los utilitaristas: Las acciones son justas cuando promueven la felicidad colectiva.
  • Los libertarios: Justicia significa poder vivir y actuar como mejor le parezca.
  • Kant I: Tenemos que hacer lo correcto por la razón correcta.
  • Kant II: Las acciones justas significan actuar de acuerdo con el imperativo categórico.
  • Rawls I: Sólo desde una posición original de igualdad detrás de un velo de ignorancia podemos saber qué es justo.
  • Rawls II: Justicia significa no dejar las oportunidades y la prosperidad al azar.
  • Aristóteles: Para saber qué es justo, tenemos que conocer su objetivo y propósito.

¿A qué consenso podemos llegar desde estas diferentes perspectivas?

  • La justicia se basa en una política del bien común.

Ejemplo: activismo social en Sense8

Sense8 no se trata solo de filosofía y psicología, también de ética. El desconcertante primer capítulo de esta serie también se atreve a plantearnos un gran dilema ético del que todos somos partícipes como sociedad.

Cuando el policía Will Gorsky llega al hospital con un niño perteneciente a una banda criminal de barrio al que han disparado en un tiroteo, la responsable le advierte que no atienden de urgencias este tipo de casos, que son las reglas del hospital. En estas dos frases podríamos resumir la acolorada discusión:

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Páginas del libro de Activismo Sense · Amor Vincit Omnia

– ¿Qué tipo de reglas dejan morir a un niño? – Will Gorsky
– Estábamos gastando muchos recursos en tiroteos, no podíamos hacernos cargo de los demás pacientes que necesitaban ayuda. Somos un hospital mejor desde que dejamos de coger chicos como él. – Responsable del hospital

El hecho de que la escena se produzca en Chicago tampoco es causal: es la ciudad de Estados Unidos donde más asesinatos se cometen. La política del hospital para hacer frente a la saturación de urgencias, es no atender casos de tiroteos entre bandas y poder atender a ciudadanos “de bien” que no están implicados en ellas. Pero Will finalmente consigue convencerla, el cirujano atiende al chico y antes de se marche, la responsable del hospital le pregunta a Will:

“¿Puedo hacerte una pregunta personal? Si vive y mata a alguien, pongamos un policía, ¿cómo te sentirías por ello?”

Will no llega a contestar y los guionistas nos dejan pensando: ¿qué respuesta daría Will? ¿qué respuesta daría yo ante un dilema así? Porque Sense8 lanza muchas respuestas, pero nos invita sobre todo, a hacernos muchas preguntas. Seguramente, todos empaticemos en un primer momento con la decisión de Will pero después, la pregunta nos hace dudar o al menos, plantearnos un dilema ético similar al dilema del tranvía.

Os contamos qué significa el dilema del tranvía:

Hay un tren que se acerca a gran velocidad y fuera de control. A cien metros de esa misma vía se encuentran cinco personas atadas por un asesino en serie y sin posibilidad de escapar. Pero tú estás ahí, contemplando la escena un lado de la vía. No te da tiempo a desatarlos pero tienes la posibilidad de accionar una palanca que cambia la dirección del tren a una vía paralela. Si la accionas y cambias al tren de vía y salvas a las 5 personas atadas, pero el problema es que en esa otra vía hay una persona que moriría atropellada por este tren. El dilema parece sencillo, la muerte de cinco personas frente a la muerte de una persona.

Casi todo el mundo apuesta por pulsar esa palanca. Sin embargo, después plantean una variante en la que estás sobre un puente contemplando la escena junto a un hombre muy muy robusto. Si lanzas a este hombre a las vías, el tren se descarrilaría y salvarías la vida de esas cinco personas. Aunque el resultado es el mismo, una vida por salvar a cinco, en esta ocasión la mayor parte de la gente entrevistada no lanzaría a esa persona.

¿Qué harías tú en el caso A? Acción indirecta

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¿Qué harías tú en el caso B? Acción directa

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Estamos ante un experimento mental que inició e ideó la filósofa británica Philippa Foot y adaptado posteriormente por Judith Jarvis Thomson en 1985. La corriente de estudio defiende que la moral surge de rasgos internos de la persona, las virtudes, en contraposición a la posición de aquellos que dicen que la moral surge de reglas o que depende del resultado del acto. Foot es especialmente crítica con el consecuencialismo, es decir, que dice que el fin justifica los medios.

Philippa ideó el dilema del tren para dar forma a ese dilema. Una fórmula en la que planteaba: ¿puede justificarse matar a una persona para salvar a otras? ¿puede justificarse la muerte de ese chico para salvar la vida futura de policías? Navega con libertad por tus propias respuestas y compártelas con otros lectores del libro.


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Camiseta del orgullo SENSE8


«Hay dos partes en el dilema del ser humano. Una es que el fin justifica los medios. Esa filosofía, que deliberadamente hace oídos sordos ante el sufrimiento, se ha convertido en el monstruo que hay detrás de la máquina de guerra. La otra es la traición al espíritu humano: la afirmación del dogma que cierra la mente, y transforma a una nación, a una civilización, en un regimiento de fantasmas —fantasmas obedientes, o fantasmas torturados»

Bronowski, Jacob. El ascenso del hombre (p. 385).

Los dilemas morales de Santo Tomás de Aquino

¿Qué opinaría sobre este dilema moral Santo Tomás de Aquino (al que en Nomi Marks hará referencia en próximos capítulos)? El defendía la doctrina del doble efecto y da importancia a la intención. Es decir, sería ético el escenario A porque la acción de pulsar la palanca es positiva aunque tenga consecuencias negativas (daños colaterales). Mientras que el escenario B no es ético porque la acción de arrojar al hombre es negativa aunque tenga consecuencias positivas.

Esta doctrina se aplica hoy en día en muchas de las leyes que depende de la ética. Por ejemplo, en determinadas circunstancias un médico puede administrar medicación para reducir el dolor a una persona que está muriendo, a pesar de que esta medicación pueda acelerar su muerte. Pero lo que no puede hacer es inyectarle morfina con el objetivo de matarle.


Como vemos, Sense8 empieza muy fuerte y no se detendrá en esta intensidad hasta su exigido y aclamado Capítulo Final: Amor Vincit Omnia.

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Nuestra comprensión de la justicia es subjetiva y cambia constantemente

La justicia es uno de los temas más debatidos y más difíciles de comprender en filosofía, porque nuestra comprensión de ella es subjetiva y cambia constantemente a lo largo de la historia.

¿Es correcto sacrificar la vida de una persona para evitar la muerte de muchas otras? ¿Es justo cobrar impuestos a los ricos para ayudar a los pobres? ¿Es el aborto un derecho humano o un asesinato?

Las respuestas a estas preguntas difieren según el individuo. Todos los ven desde una perspectiva única que se compone de diferentes normas, valores, experiencias y, lamentablemente, también prejuicios y resentimientos, todos los cuales juegan un papel crucial en la determinación de nuestros juicios.

Además, la historia de la filosofía nos muestra que las respuestas a las cuestiones de la justicia están siempre ligadas a la época en que se plantearon.

En teorías antiguas como la de Aristóteles, la justicia estaba íntimamente ligada a la virtud y la “buena vida”: una sociedad sólo es justa cuando fomenta y premia las virtudes de sus ciudadanos. Entonces, antes de preguntarnos qué es justo, debemos saber qué constituye una buena vida.

Según una filosofía más moderna como el utilitarismo, la justicia siempre gira en torno al bienestar general: la justicia es lo que aumenta la sensación de felicidad entre la mayoría.

Otras teorías modernas como la filosofía libertaria ven la parte más importante de una sociedad justa como la garantía de libertad para que cada individuo viva su vida de acuerdo con sus propias reglas.

Agudizamos nuestro sentido de la justicia al explorar diferentes perspectivas filosóficas

Aunque no es posible llegar a una definición universal de justicia, tiene sentido lidiar con diferentes teorías de la justicia a lo largo de la historia de la filosofía, compararlas y sopesar sus fortalezas y debilidades entre sí.

Por lo tanto, no deberíamos pensar en los grandes filósofos como pensadores anticuados, sino como interlocutores y asesores comprometidos en cuestiones prácticas de nuestra situación cotidiana moderna: ¿Cómo deberíamos juzgar los impuestos progresivos? ¿Puedo hacer promesas que no puedo cumplir? ¿Cómo podemos presentar un argumento sólido a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo? Filósofos como Kant, Aristóteles y John Rawls nos dan respuestas que a su vez nos ayudan a encontrar nuestras propias respuestas.

Tener en mente varias teorías puede ayudarnos a agudizar nuestro sentido de la justicia, llevándonos a cuestionar nuestras posiciones rígidas, explorar nuevas formas de abordar problemas complejos y, al hacerlo, verlos bajo una nueva luz.

Haciendo las preguntas correctas, comparando las posibles respuestas y juzgándolas por los diferentes estándares promovidos por cada una de estas escuelas de filosofía, podemos desarrollar una idea de lo que pensamos que es justo.

Los utilitaristas: Las acciones son solo cuando promueven el bien común

El fundador y exponente más famoso del utilitarismo fue Jeremy Bentham (1748-1832), un filósofo moral inglés y reformador social. Su filosofía utilitaria asume que todas las personas quieren buscar el placer y el bienestar, y evitar el dolor y la infelicidad. Esta suposición es la base del estándar moral utilitarista.

Según esta filosofía, las acciones que provocan bienestar o felicidad son morales, mientras que las acciones que provocan infelicidad o sufrimiento son incorrectas. Una posdata importante: nunca es la felicidad de una persona lo que cuenta, sino la felicidad de los demás. Una acción verdaderamente justa promueve la felicidad de muchas personas, no solo la de un individuo.

Aunque un asesinato sexual, por ejemplo, podría promover el bienestar del asesino, es el fin de toda felicidad para la víctima y causa un dolor y sufrimiento indescriptibles para la familia y los amigos de la víctima. Según la lógica utilitaria, el asesinato sería moralmente incorrecto porque no promueve el mayor grado posible de felicidad.

Pero las cosas son diferentes cuando hablamos de un terrible dictador asesinado: según los principios del utilitarismo, si el intento de asesinato de Hitler el 20 de julio de 1944 hubiera tenido éxito, habría sido moral porque la muerte de Hitler habría permitido salvar la vida de muchas otras personas.

Una de las mayores críticas al utilitarismo se refiere a su aplicabilidad práctica. Mientras más personas se vean influenciadas por mis acciones, más difícil será para mí juzgar su futuro sentido de felicidad y dolor. Las decisiones que solo influyen en un pequeño grupo de personas («¿Debo ayudar a un anciano a cruzar la calle o no?») Son relativamente sencillas de juzgar con el utilitarismo. Sin embargo, las decisiones que afectan a millones de personas (“¿Qué política educativa promovería la mayor felicidad posible?”) Tienen consecuencias muy complejas. Porque hacer una predicción confiable sobre cómo afectará la decisión al equilibrio final entre la felicidad y el dolor es prácticamente imposible.

Los libertarios: Justicia significa poder vivir y actuar como mejor le parezca

La filosofía de los Libertarios se basa en el principio de que la libertad es el mayor bien que tenemos. Todos los demás derechos y obligaciones están subordinados o se derivan de ese principio. Nuestra libertad solo puede verse limitada si restringe la libertad de otras personas.

Y así, los libertarios ven la justicia como respetar y preservar la libertad de las personas. Las consecuencias que se derivan de esto tienen una gran importancia política y económica: por ejemplo, no se puede impedir que las personas administren libremente su dinero. Las leyes que interfieren con el libre mercado violan la libertad del individuo y, por lo tanto, son injustas. En consecuencia, los libertarios se pronuncian en contra de los impuestos, las contribuciones a la seguridad social y el seguro público de salud, que consideran una inhibición o un robo.

Sin embargo, también defienden varias posiciones más progresistas: por ejemplo, están a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo, el aborto y la separación de la iglesia y el estado, ya que todos están en línea con la libertad del individuo.

Todas estas posturas libertarias están unidas por el pensamiento de que, mientras no lastime a nadie más al hacer algo, nadie puede decirme qué creer, a quién amar o cómo hacer negocios. Una sociedad es justa cuando a los individuos se les garantiza la total libertad de vivir y actuar de acuerdo con sus ideas.

Los economistas Friedrich A. von Hayek (1899–1992) y Milton Friedman (1912–2006) son los teóricos más famosos del libertarismo. Sus ideas gozaron de gran popularidad en la década de 1980, como se vio, por ejemplo, bajo las políticas favorables al mercado y de laissez-faire de las administraciones de Reagan y Thatcher.

Kant I: Tenemos que hacer lo correcto por la razón correcta

El filósofo alemán Immanuel Kant (1724-1804) sostiene que el valor moral de una acción se basa en los motivos que la preceden. Considera una acción solo cuando alguien hace lo correcto por la razón correcta.

Kant usa el siguiente ejemplo para explicar la cuestión de las acciones justas y morales.

Un niño entra en una tienda de comestibles y quiere comprar una barra de pan. El tendero podría cobrar de más al niño sin que éste se dé cuenta. Pero no lo hace, por la única razón de que podría ser malo para su negocio que la gente se enterara de que había estafado a un niño.

¿Está actuando el tendero de una manera moralmente correcta?

Kant diría que no, porque el tendero sólo actúa por interés propio. Como resultado, sus acciones carecen de valor moral. Una acción moral no es solo lo que es útil o típico.

De esta forma, Kant rechaza la filosofía del utilitarismo porque se basa en el cálculo de las personas. En el utilitarismo no es importante que las acciones se realicen con las intenciones correctas, sino que tengan las consecuencias correctas. Según Kant, esto nos enseña a tratar de sacar siempre lo mejor de una situación para nosotros. Sin embargo, la capacidad de distinguir el bien del mal solo juega un papel menor.

Entonces, ¿qué significa la objeción de Kant para nuestro tendero?

En pocas palabras, sus acciones serían morales si decidiera vender la barra de pan al niño por el precio normal simplemente porque está mal estafar a la gente.

Kant II: Las acciones justas significan actuar de acuerdo con el imperativo categórico

¿Cuál es la diferencia entre una bola de billar y un ser humano?

Por supuesto, hay un millón de respuestas diferentes a esta pregunta. Pero según Kant, lo más importante es este: la bola de billar obedece únicamente a las leyes de la física. Cuando lo golpeamos, rueda hacia adelante; si lo dejamos caer, se cae.

Naturalmente, estamos sujetos a las leyes de la naturaleza: si alguien nos empuja con fuerza, reaccionamos, por ejemplo, cayendo al suelo. Pero a diferencia de las bolas de billar, podemos tomar nuestras propias decisiones voluntarias y elegir nuestro propio camino, independientemente de todas las influencias externas. La bola de billar solo conoce las leyes de la física, pero los seres humanos podemos hacer nuestras propias leyes y actuar de acuerdo con ellas.

Como el famoso imperativo categórico de Kant: «Actúa solo de acuerdo con esa máxima por la cual puedes, al mismo tiempo, querer que se convierta en una ley universal». En otras palabras: actúe solo según los principios que cree que todas las personas deberían seguir.

Aquí hay un ejemplo: ¿Debo hacer una promesa que no puedo cumplir? ¿O pedir un préstamo incluso si sé que no puedo devolver el dinero?

Según el imperativo categórico, no. Porque si todos los que necesitan dinero hicieran promesas vacías, nadie podría confiar en que otros cumplirán una promesa.

Para Kant, el imperativo categórico es una prueba que nos ayuda a actuar de manera moral y, en consecuencia, justa. Si no podemos reconciliar nuestras acciones con el imperativo categórico, son moralmente incorrectas.

Rawls I: Sólo cuando una posición original de igualdad se esconde detrás de un velo de ignorancia podemos saber qué es justo

Para comprender los pilares universales de la justicia, el filósofo estadounidense John Rawls (1921-2002) sugiere que llevemos a cabo el siguiente experimento mental: Deberíamos preguntarnos por qué principios sociales viviríamos si existiéramos en un estado hipotético de pura igualdad, detrás de un «velo de ignorancia».

Con este velo de ignorancia y estado de igualdad natural, Rawls quiere decir que no habría clases sociales, géneros, etnias, opiniones políticas o creencias religiosas. Todos seríamos iguales: nadie sabría de dónde es ni qué papel tendría en un orden social aún por descubrir.

¿Qué principios sociales elegiríamos en estas circunstancias?

Para empezar, descartaríamos el utilitarismo porque podría conducir a la opresión. Según su lógica, estaría permitido arrojar a ciertas personas a los leones siempre que la mayoría disfrutara de ello.

Para protegernos de la discriminación o la persecución en nuestro experimento mental, favoreceríamos las libertades universales básicas, como la libertad de expresión y religión.

También desecharíamos el libertarianismo. Porque el miedo de terminar como mendigos en la calle en un sistema con libertades ilimitadas donde nadie estaba obligado a cuidarnos sería mucho más vívido que la esperanza de hacerse tan rico como Bill Gates.

En cambio, tenderíamos a favorecer una distribución equitativa de ingresos y prosperidad. Con una limitación: si la desigualdad beneficia a la comunidad, también debe permitirse. Por ejemplo, tiene sentido que un médico gane más dinero que un conductor de autobús. Incluso la fortuna de mil millones de dólares de Bill Gate podría ser compatible con este esquema, por ejemplo, integrándolo en un sistema tributario progresivo que paga por la salud, la educación y el bienestar de otras personas.

Rawls II: Justicia significa no dejar las oportunidades y la prosperidad al azar

El núcleo de la filosofía de la justicia de John Rawls construye un argumento de que la distribución de ingresos y oportunidades puede no basarse únicamente en factores aleatorios.

Contemplemos la imagen de una carrera para ilustrar este pensamiento de forma concreta.

En un sistema feudal o de castas , solo los nobles pueden participar en la carrera, mientras que todos los demás están excluidos a priori. El rendimiento, el talento, la capacidad y la ambición no importan: el único factor decisivo es la suerte aleatoria de haber nacido en una familia noble.

Sin embargo, una economía de libre mercado , apoyada por los libertarios, contiene algunas mejoras: aquí, todo el mundo puede participar en la carrera, aunque los corredores de familias adineradas que recibieron una buena educación tienen una ventaja competitiva prácticamente inexpugnable sobre los no educados, socialmente personas desfavorecidas a las que se les niegan tales privilegios.

Por el contrario, una meritocracia justa puede ofrecer otras mejoras: abre, por ejemplo, posibilidades educativas para todos y hace posible que los corredores de familias más pobres, aunque tengan menos preparación y “equipamiento” de menor calidad, empiecen de la misma manera. línea.

A pesar de las condiciones drásticamente más justas que ofrece una meritocracia, podemos, incluso en esta carrera, predecir con seguridad quién ganará: el corredor más rápido. Los factores que les permiten ganar – talento, suerte, el día – están, a su vez, determinados por el azar. Por tanto, son tan arbitrarios como haber nacido en la clase noble o en una familia rica.

Entonces, ¿deberíamos deshacernos de la carrera? ¿O le ponemos los zapatos de plomo al corredor más rápido?

No y no: Rawls ofrece una alternativa que corrige la distribución desigual de talentos y requerimientos sin limitar a las personas más talentosas. Él llama a esta alternativa el principio de diferencia . Significa que se anima y fomenta a los corredores más rápidos, pero tienen que compartir sus ganancias con las personas a las que no les fue tan bien como a ellos.

Aristóteles: Para saber qué es justo, tenemos que conocer su objetivo y propósito

La justicia, escribió el filósofo griego Aristóteles, es el objetivo más elevado por el que podemos esforzarnos: «Ni la estrella vespertina ni la estrella matutina son tan maravillosas».

Pero, ¿cómo podemos lograr este objetivo bueno y digno?

Aristóteles creía que no puede haber principios grabados en piedra que definan lo que es justo e injusto por el resto de la eternidad. En cambio, sugirió que abordemos las cuestiones concretas de la justicia teleológicamente (en griego: télos – “propósito” o “objetivo”). Eso significa que antes de juzgar si algo está bien o mal, primero tenemos que cuestionar los télos detrás del tema de un problema moral.

¿Cómo crees que Aristóteles juzgaría el siguiente “dilema de animadora”?

Callie, aunque en silla de ruedas, era una animadora popular que animaba a la multitud. Pero un día la echaron de la compañía. ¿La razón? Se requería que todas las porristas tomaran gimnasia, y Callie no podía debido a su discapacidad.

La mayoría de nosotros no tenemos problemas para formarnos una opinión aquí: la exclusión de Callie de la compañía fue injusta. Aunque no podía tomar gimnasia, se desempeñó bien como animadora.

Aristóteles no estaría de acuerdo o en desacuerdo con nosotros, sino que nos insta a considerar una pregunta más profunda: ¿Qué es el télos de la institución de porristas? ¿El propósito de las porristas es despertar la emoción de la gente? ¿Reconocer ciertas virtudes como el espíritu de equipo? ¿O gira en torno a habilidades como organización, sincronicidad y fisicalidad?

Solo podemos juzgar qué es justo e injusto en este caso una vez que hayamos respondido estas preguntas de manera clara y sin prejuicios.

La justicia se basa en una política del bien común

¿Es injusto cuando a las parejas del mismo sexo se les prohíbe casarse?

Aristóteles nos enseña que haríamos mejor en responder a esta pregunta considerando primero el telos del matrimonio como una institución social.

Entonces, ¿existe el matrimonio con el propósito de la procreación o es más bien un compromiso exclusivo y amoroso entre dos personas?

Sin embargo, todavía hay un problema con este método: incluso si pudiéramos explicar de manera convincente que su propósito es asegurar el compromiso entre dos personas independientemente de su género, involucramos nuestros propios puntos de vista morales: creemos que las relaciones homosexuales son tan valiosas como relaciones heterosexuales.

Pero, ¿qué pasa con las personas que representan una posición moral diferente y no creen que las relaciones homosexuales tengan el mismo valor?

En última instancia, las preguntas sobre la justicia son siempre preguntas sobre la moral, las normas de evaluación y las ideas individuales de una «vida virtuosa». Dado que siempre existen creencias en competencia sobre cómo vivir virtuosamente en una sociedad pluralista y democrática, es imposible encontrar una respuesta única y universal.

¿Cómo podemos lidiar con estas diferencias de opinión? ¿Y qué podemos hacer para que menos personas actúen sobre sus prejuicios y miedos?

La respuesta es: con una política del bien común que pueda establecer una vida intelectual, moral y espiritualmente más rica en nuestra sociedad. Debe esforzarse por ayudar a los ciudadanos a comprender mejor el compromiso con el bien común; debe proteger las prácticas sociales, como la enseñanza, el aprendizaje y la inmigración, del pensamiento orientado al mercado; debe mantener la desigualdad financiera dentro de ciertos límites y gravar a los ricos a tasas más altas; y, por último, pero no menos importante, debe cambiar el enfoque del público hacia cuestiones morales difíciles y debatirlas de una manera educada e imparcial.

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