Concepción Arenal fue una de las escritoras feministas del realismo español más importantes del siglo XIX, una defensora nata de los derechos de las mujeres y los hombres de la cárcel. Además, fue funcionaria de prisiones y periodista. Con sus palabras y sus actos denunció la miseria de las casas de salud, la mendicidad y las condiciones de la mujer en el siglo XIX.

Vestida de hombre, Concepción Arenal pudo asistir a las clases de la universidad y participar en tertulias políticas y literarias, aportando sus ideas liberales y progresistas a los coloquios. Fue reconocida muy pronto como una mujer avanzada, protectora de los más débiles y de las mujeres sin derechos. Publicó su primera obra sobre los derechos de la mujer, La mujer del porvenir, en 1869 y criticó la teoría de la inferioridad de las mujeres por razones biológicas extendida en aquella España decadente del siglo XIX.

Su misión era conseguir que la mujer fuera educada y respetada, y que se le diese la oportunidad de desarrollar otras funciones más allá que simplemente ser madre y tener hijos. La educación era fundamental, según Concepción Arenal: la educación evitaba que hubiera delincuentes y marginales sociales producto de una sociedad represora y reprimida. Son famosos sus lemas “abrid escuelas y se cerrarán cárceles” u “odia el delito y compadece al delincuente”.

Luchadora, sencilla y una mujer sin prejuicios, Concepción Arenal también supo transmitir palabras de amor. De hecho, para ella el amor era la piedra roseta universal para comprender y acercarse a cualquier persona. “Hay un camino seguro para llegar a todo corazón: es el amor”, dijo. También creía que hacer el bien era siempre provechoso y admirable: “No se pierde el tiempo que se emplea en procurar hacer el bien”.

Las palabras de Concepción Arenal siempre nos hacen recordar que el corazón entiende más que la razón, porque se trata de su humanidad y su sensibilidad, donde el cálculo y la reflexión quedan en segundo orden: “Cuántos siglos necesita la razón para llegar a la justicia que el corazón comprende instantáneamente”.

Concepción Arenal nació a finales del mes de enero de 1820, entre el frío y la humedad, y murió en el año 1893 con el calor y la paz que le aportaron todos sus actos. Su epitafio se quedó con un lema que le acompañó durante toda su vida: “A la virtud, a una vida, a la ciencia”.

Para terminar, os dejo con algunas de sus palabras que eternizan sus valores entre todos nosotros.

“El amor vive más de lo que da que de lo que recibe”.

“Cuando la culpa es de todos, la culpa no es de nadie”.

“El dolor, cuando no se convierte en verdugo, es un gran maestro”.

“El hombre aislado se siente débil, y lo es”.

“El hombre que se levanta es aún más grande que el que no ha caído”.

“El mejor homenaje que puede tributarse a las personas buenas es imitarlas”.

“La ley es la conciencia de la humanidad”.

“Las fuerzas que se asocian para el bien no se suman, se multiplican”.

“Sustituir el amor propio por el amor a los demás es cambiar un tirano insufrible por un buen amigo”.

“Toda gran falta es un acto de egoísmo”.


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