5 hábitos mentales que hacen la vida más difícil de lo que ya es

La vida puede llegar a ser muy difícil. Lo sabemos. Mantener buenas relaciones con ciertas personas tóxicas puede ser extremadamente complicado. También es difícil hallar un trabajo que te apasione y en el que seas realmente bueno. Mucho más complejo es afrontar las pérdidas y las desilusiones. Eso significa que la vida ya es difícil de por sí, no necesitamos añadir obstáculos adicionales.

Sin embargo, somos verdaderos maestros en el arte de complicarnos la vida. Los malos hábitos, las expectativas irreales, los pensamientos catastrofistas y la tendencia a aferrarnos a emociones que nos lastiman solo contribuyen a que todo sea más difícil. El primer paso para deshacernos de los problemas que nos creamos consiste en aprender a detectarlos.

Los 5 hábitos que te convierten en tu peor enemigo

1. Pensar que todo gira a tu alrededor

En la infancia era normal que tuviéramos una visión egocéntrica del mundo, pero si mantenemos esa actitud de adultos tendremos graves problemas. Cuando el cajero de la tienda no te sonríe y se muestra malhumorado o tu amigo no responde a tus mensajes inmediatamente, lo más probable es que tengan algún problema que no tiene nada que ver contigo. Si piensas que todo gira a tu alrededor, tu vida será mucho más difícil ya que añadirás preocupaciones innecesarias.

“El egoísmo no es vivir como uno desea vivir, es pedir a los demás que vivan como uno quiere vivir”. —Oscar Wilde

A veces pensamos que estamos haciendo el ridículo y que todo el mundo se da cuenta de ello. Sin embargo, la mayor parte de la gente ni siquiera te observa

En psicología esta tendencia se ha bautizado como efecto Spotlight. En un experimento realizado en la Universidad de Cornell se pidió a un grupo de personas que vistiesen una camiseta con una imagen que les avergonzaba. Los participantes debían estimar cuánta gente había notado su camiseta. Lo curioso fue que cada quien creía que muchas personas se habían fijado en ellos, aunque realmente no fue así y en la mayoría de los casos habían pasado completamente desapercibidos.

2. Tener un pensamiento de “todo o nada” 

Este tipo de pensamiento suele manifestarse con frases como “se hace bien, o no se hace”. Sin embargo, así como no existe el fracaso perfecto, tampoco existe el éxito perfecto. Por eso, en muchas ocasiones aspirar a la perfección solo sirve para añadir una tensión innecesaria que puede terminar generando un bloqueo.

En el fondo, ese pensamiento dicotómico implica una gran rigidez cognitiva, significa que no aceptamos que todas las cosas y hechos encierran tanto facetas positivas como negativas. Eso nos lleva a adoptar expectativas imposibles, con las consecuentes decepciones. De hecho, no es casualidad que un estudio realizado en la Universidad de Waseda haya comprobado que este tipo de pensamiento está relacionado con rasgos límite y narcisistas, así como con otros trastornos de personalidad.

3. Postergar las decisiones importantes

El peso psicológico de las decisiones pendientes suele ser mucho mayor del que acarrean las decisiones tomadas. El simple hecho de tener que darle vueltas en la mente una y otra vez a los problemas irresueltos implica un enorme desgaste psicológico. Lo peor de todo es que muchas veces no tomamos decisiones solo por miedo a salir de nuestra zona de confort, y nos justificamos con la excusa de que necesitamos sentirnos más seguros.

La mayoría de las veces postergamos decisiones porque nos da miedo salir de nuestra zona de confort. Esto solo consigue ponerle más trabas a la vida

Dejar para mañana lo que puedes hacer hoy es la vía más directa para alimentar la ansiedad, el miedo al fracaso y destruirte los nervios. Un experimento clásico de la psicología realizado en la Case Western Reserve University reveló que, si bien procrastinar puede ayudarte a aliviar la tensión momentáneamente aplazando las decisiones difíciles y las tareas desagradables, a la larga genera un mayor nivel de estrés, un peor desempeño y más probabilidades de enfermar.

4. Lamentarte continuamente

Las quejas puntuales pueden tener un efecto catártico, pero cuando se convierten en un hábito solo sirven para amargarnos la vida. Ese tipo de quejas no están enfocadas en resolver problemas, sino tan solo en regodearnos en ellos, por lo que a la larga incluso pueden provocar cambios en el funcionamiento cerebral que nos llevarán a centrarnos únicamente en los aspectos negativos de las situaciones.

“En la vida nada es tan importante como crees que es mientras estás pensando en ello” . —Daniel Kahneman

Ahora mismo en tu cerebro se están produciendo muchísimas sinapsis. Mientras lees, una neurona libera una serie de neurotransmisores a la siguiente y establece una especie de puente para que se transmita la información. Cada vez que se produce una sinapsis, ese camino se consolida, hasta desarrollar auténticas autopistas neuronales en el cerebro.

Esos circuitos pueden debilitarse o consolidarse, según como los usemos. Cuando nos quejamos, consolidamos esas redes neuronales que nos harán ver la vida más gris. De hecho, neurocientíficos de la Universidad de Yale comprobaron que en las personas muy estresadas o deprimidas se produce una desregulación de las sinapsis y una atrofia neuronal. En su cerebro aumenta la producción del factor de transcripción llamado GATA1, que disminuye el tamaño, las proyecciones y la complejidad de las dendritas, las cuales son esenciales para transmitir los mensajes de una neurona a otra.

5. Alimentar expectativas irreales

No son las cosas en sí, sino la lectura que hacemos de ellas, lo que más nos impacta emocionalmente. Es el significado emocional que le conferimos a un suceso lo que hace que nos afecte. Ese significado emocional está determinado, en gran medida, por las expectativas que hemos creado. El problema comienza cuando esas expectativas son irreales o incluso irracionales.

Las expectativas irreales solo consiguen que entres en un bucle de depresión, ansiedad y fracaso; no sirven para hacer la vida más fácil

“Las mejores cosas de la vida son inesperadas porque no había expectativas”. —Eli Khamarov

Las expectativas son una suposición de cara al futuro, la probabilidad de que algo suceda. Por tanto, no deberían ser dañinas sino ayudarnos a prepararnos. El problema radica en que en la vida cotidiana no somos matemáticos calculando probabilidades, sino que asumimos nuestras expectativas como si fueran hechos absolutos. Obviamente, cuando nuestras expectativas no se ven satisfechas, nos enfadamos o deprimimos, pensando que el mundo está en nuestra contra, cuando el auténtico problema son nuestras proyecciones. Y, ya se sabe, quien vive de expectativas, muere de desengaños.

Intenta identificar estos 5 hábitos en tu día a día, cámbialos y haz que tu vida sea un poco más fácil.

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