Cómo convivir con una persona tóxica y sobrevivir en el intento

Creo que no es necesario definirlo, pero llamamos personas tóxicas a aquellas que nos drenan la energía, que necesitan que otros se sientan mal para que ellos se puedan sentir mejor. Aunque el término es relativamente nuevo (nació en los años 80), todo el mundo es capaz de identificar a un sujeto así en su círculo social.

Siempre hay un consejo universal para tratar con personas tóxicas de diversa índole: “Convive lo menos posible y aléjate porque no te convienen”. Es un mensaje sencillo de seguir. Pero, ¿y si resulta que esa persona tóxica está cerca de nosotros? ¿Y si hablamos de un compañero de trabajo, de un amigo de la infancia o de un familiar? Resumiendo, ¿y si se trata de alguien con quien debemos convivir durante mucho tiempo sin remedio? En esos casos, solo nos queda cambiar el chip.

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Si te encuentras con personas tóxicas, convive lo menos posible y aléjate porque no te convienen

Cada persona es un mundo y es difícil ajustarse a cada perfil de persona tóxica. Pero sí existe una premisa que nos ayudará a convivir con este tipo de personas y sobrevivir en el intento.

Aprende a decir sí y no

Bueno, más bien aprende a decir no. El sí es más fácil decirlo siempre. De esa forma, agradamos al otro, cumplimos sus exigencias, se satisface… pero nosotros mismos nos implicamos en situaciones que quizás no nos son favorables. O, peor aún, nos obligamos a esforzarnos en algo que nos perjudica.

Este consejo de saber decir no seguramente lo hayas escuchado en muchos sitios. Es una herramienta comunicativa común que obedece a tu derecho de establecer tu espacio y tus límites. De hecho, este consejo consiste en eso mismo: “Crea tu espacio y define tus límites. Si tú mismo los cuidas, y haces que los demás los cuiden, te ganarás el respeto de los demás”.

Este consejo lo ha expresado Bernardo Stamateas en el libro Gente tóxica. En él nos cuenta que, aunque es normal querer ser aceptados por los demás, a menudo este impulso por formar parte de un grupo nos puede llevar a adoptar papeles sumisos y de fácil explotación por personas con más necesidad de dominar a los demás.

En resumen: aprende a decir NO, marca tus límites y no dejes que nadie los sobrepase.

La consecuencia directa de saber aceptar tus límites

Como expresan psicólogos como Bernardo Stamateas, Elisa Sánchez o Alejandra Valle-Návega, si dejas que alguien te agreda es porque te cuesta ponerle límites al otro y, por consiguiente, también te cuesta ponerte límites a ti. Esto ocurre también con personas que, por alguna razón, sienten la necesidad de querer cambiar al otro (con nefastos resultados).

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Cuando no puedas alejarte de las personas tóxicas, protégete de ellas como puedas

A veces, saber imponer estos límites acarrea un esfuerzo mental y emocional muy grande. Como se diría tradicionalmente: “Roma no se construyó en un día”. Por ello, debemos poner empeño para normalizar nuestras reglas. Sin embargo, mientras trabajamos en ello, y para mantener nuestro equilibrio emocional, debemos entrenar nuestra mente.

Aprender que hay cosas que no podemos cambiar, tener paciencia y aprender a estar en el aquí y en el ahora son condiciones que nos acercan más a un equilibrio mental y emocional más sólido y difícil de alterar por personas tóxicas. Al fin y al cabo, la batalla contra una persona tóxica no es ni personal, ni física, sino emocional.

Su misión es aprovecharse del desequilibrio mental. La tuya, la de mantener ese equilibrio.

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