Podríamos decir que estamos viviendo uno de los mejores periodos de la historia de la humanidad. Hoy hay mejor calidad de vida que siglos atrás, menos hambrunas y más personas tienen acceso a la educación. Es cierto que aún queda mucho camino por recorrer, sobre todo en los países en vías de desarrollo, pero hay esperanza en el progreso. Aún así, en algunas de las naciones más ricas del mundo, asombra constatar que los índices de frustración por el presente y ansiedad por el futuro son elevadísimos. Es como si nos azotara una oleada de inquietud y angustia que amenaza con desencadenar una profunda desesperanza.

Los trastornos de ansiedad afectan a 264 millones de personas, y el número no hace más que crecer cada día

De hecho, ¿sabías que en Estados Unidos la ansiedad es el trastorno psicológico más común y llega a afectar a 40 millones de adultos? En España, la situación no es muy diferente, se estima que 1,9 millones de personas sufren ansiedad. En todo el mundo, los trastornos de ansiedad atacan a 264 millones de personas, y su incidencia aumenta cada día que pasa.

¿Por qué está la ansiedad en todas partes?

Podemos encontrar una pista en un artículo publicado en The New York Times en el que el dalái lama afirma que la respuesta se halla en la falta de sentido, en la profunda sensación de futilidad que muchas personas experimentan y el miedo a no ser necesarios.

No podemos ser útiles a nosotros mismos si no somos útiles a los demás. Toda persona que se preocupe solo por su bienestar, a la larga sufrirá. Quien se preocupa por el bienestar de los demás, cuidará de sí mismo sin siquiera pensarlo. Incluso si queremos seguir siendo egoístas, desarrollemos un egoísmo inteligente ayudando a los otros”, explica el dalái lama.

La ciencia respalda la necesidad humana de ser útiles

Una investigación realizada en la Universidad de Michigan y publicada en la revista Psychological Science respalda la idea de que tenemos una profunda necesidad de ser útiles. Estos psicólogos descubrieron que las personas de la tercera edad que no se sentían útiles para los demás tenían casi el triple de probabilidades de morir de manera prematura que quienes sí se sentían útiles. La conclusión es obvia: todos necesitamos ser necesitados.

Ser generosos y ayudar a los demás no solo nos brinda un motivo para vivir y le confiere un significado a nuestra vida, sino que también nos hace más felices y nos protege de la ansiedad y otros trastornos psicológicos. Así lo comprobaron sociólogos de la Universidad de Notre Dame que analizaron a unas 2.000 personas durante cinco años. Aquellas que dedicaban al menos 5,8 horas semanales a actividades de voluntariado reportaban sentirse muy felices, eran socialmente más activas y mostraban una mayor satisfacción con su vida.

Ayudar a los demás nos hace más felices y nos protege de la ansiedad

Neurocientíficos de la Universidad de Lübeck dieron un paso más allá y escudriñaron dentro del cerebro para intentar comprender las repercusiones de esa necesidad de ser útiles y generosos. En su estudio, publicado en la revista Nature, concluyeron que el acto de dar y ayudar a los demás nos hace felices porque activa en nuestro cerebro las áreas relacionadas con el placer y la recompensa. Esto significa que, efectivamente, ayudando a los demás nos ayudamos a nosotros mismos, logrando que nos sintamos más satisfechos y felices.

Un mundo demasiado competitivo y egocéntrico

Los sentimientos de aislamiento, alienación, ansiedad existencial y soledad parecen ser la constante de este siglo, extendiéndose como una sombra de largos tentáculos sobre diferentes sociedades. Esos sentimientos están causados, en gran parte, por la ausencia de relaciones significativas y la desconexión emocional.

Todos necesitamos sentir que formamos parte de algo superior, sentirnos conectados y saber que somos necesarios. La sensación de futilidad, al contrario, es un duro golpe para la autoestima que suele conducir al aislamiento social y provoca un dolor emocional, generando un terreno fértil para que las emociones negativas y trastornos como la ansiedad echen raíces.

El mundo hipercomunicado en el que vivimos y el abuso de las redes sociales y los smartphones solo ponen en evidencia la ausencia de relaciones significativas y la desconexión emocional que sufrimos

Al respecto, el dalái lama explicaba que una actitud demasiado centrada en uno mismo es lo que, en última instancia, genera una gran ansiedad. Por desgracia, el mundo actual premia la competitividad en vez de la colaboración y la compasión, de manera que muchas personas han crecido pensando que viven en un lugar hostil donde el único objetivo es ser más fuerte para “sobrevivir”. Esa visión del mundo genera una gran tensión y ansiedad, haciendo que pierdan el sentido de la vida y la conexión con sus necesidades emocionales.

El hecho de que estemos cada vez más conectados a la tecnología tampoco ayuda, ya que se pierde la calidez de los encuentros cara a cara, de manera que es mucho más difícil comprender las necesidades mutuas. Estar más conectados no significa necesariamente estar acompañados ni sentirse menos solos. Las redes sociales no son el mejor antídoto para combatir esa profunda sensación de soledad y de vacío existencial. Al contrario, suelen esconder el problema, hasta que este explota de la peor manera.

¿Cómo podemos cambiar? El camino de la generosidad y la compasión

Ser útiles y necesarios no significa desarrollar un apego ansioso ni incitar la dependencia de los demás, es más bien un acto desinteresado de ayudar a los demás. De hecho, en el budismo se afirma que “si enciendes un fuego para los demás, también te iluminarás”.

Deberíamos comenzar cada día preguntándonos conscientemente: ‘¿Qué puedo hacer hoy para apreciar los regalos que me han ofrecido?’ Debemos asegurarnos de que la hermandad global y la unidad no son ideas abstractas que profesamos sino un compromiso personal que ponemos en práctica estando plenamente presentes”. —Dalái lama

“Si enciendes un fuego para los demás, también te iluminarás”

El antídoto es preocuparse más por el bienestar de los demás, de manera que disminuya el miedo y la desconfianza, mientras se gana en seguridad y paz interior. Es importante ser conscientes de que todos tenemos algo valioso que aportar. Somos diferentes, tenemos distintas habilidades y niveles adquisitivos. Hay quienes pueden contribuir económicamente con algunas causas, otros pueden contribuir con su trabajo directo. Hay quienes son buenos escuchando, otros pueden ayudar hilvanando palabras que promuevan la reflexión o ayuden a sanar heridas.

Solo es cuestión de preguntarse qué puedes hacer ahora mismo por los demás.


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