“Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado” –George Orwell

Estamos en 1984, pero no es nuestro pasado, sino el futuro de George Orwell. Nos encontramos en un Londres que forma parte de un estado totalitario que se erige como superpotencia mundial. El aparato dictatorial, llamado Gran Hermano, controla la vida y el pensamiento de la ciudadanía. La libertad es tan solo una palabra que define un concepto inexistente más allá de las pequeñas decisiones cotidianas. La propaganda política y el control férreo de los medios de comunicación son tan voraces que hace que ese lema de “sin periodismo no hay democracia” cobre vida.

Este famoso anuncio de Apple retrata muy bien la distopía que crea George Orwell en su novela más aclamada. 1984 crea un mundo ficticio que, en el momento de su publicación en 1949, distaba bastante de la realidad, de lo ideal y de cómo muchos veían los años venideros. A través de su protagonista, Winston Smith —trabajador del Ministerio de la Verdad y encargado de reescribir la historia para adaptarla a las necesidades del aparato político—, Orwell nos alerta de los peligros incipientes de nuestro sistema económico y político. El único problema es que se equivocó al elegir la fecha: 1984 no fue el año en que el mundo de Orwell cobró vida, pero el siglo XXI empieza a parecerse cada vez más a él.

Las predicciones socioeconómicas de Orwell que se están cumpliendo

La economía futurista que describe Orwell es prácticamente inexiste y se basa en la manipulación total de los datos y de las cifras tanto macro como microeconómicas. Por ejemplo, si el Partido Único tiene que subir el precio de un producto básico, el Ministerio de la Verdad manipula todos los registros de precios anteriores para que parezca que una medida, en principio impopular, se entienda como una bajada de precios populista. Los medios al servicio del régimen se encargan de que la ciudadanía lo vea así.

La guerra es paz, la ignorancia es fuerza, la libertad es esclavitud.

Vale, puede que, en la actualidad, los gobiernos no tengan tanto poder a la hora de manipular los datos (aunque el FMI no se quede muy corto), pero lo interesante de esto es que, si le echamos un vistazo a los medios de comunicación actuales (ya sean nacionales o internacionales), los datos económicos son una danza de cifras cocinadas por unos y por otros para beneficiar, a la hora de la verdad, a los poderes políticos y económicos. Las grandes empresas controlan a los consumidores a través del Big Data y los gobiernos venden recortes y subidas de precios que deberían resultar indignantes como las únicas soluciones para salir del bache (o de la crisis, o evitar el conflicto…).

Las predicciones geopolíticas tampoco están lejos de cumplirse

Orwell dibujó un mundo en el que tres regímenes totalitarios dominan la gran mayoría del planeta. Además, cada uno de esos macroestados se venden como los portadores de la verdad y la libertad (¿a qué nos recuerda esto?): Oceanía (Reino Unido, Irlanda, América, Australia, Nueva Zelanda y el sur de África), Eurasia (URSS y Europa) y Asia Oriental (China, Japón y la península coreana).

Cierto, las alianzas actuales no encajan a la perfección con lo descrito por Orwell, pero ¿cómo cambiarán las cosas ahora que Trump es presidente de Estados Unidos? Los países de Occidente jugamos con esa carta de “poseer la verdad absoluta” sobre la democracia, los derechos civiles, las libertades y (aunque todo esté en entredicho últimamente), sobre todo, los derechos humanos. Con todo esto por bandera, se lleva años aleccionando al resto del mundo; al menos hasta la llegada de Trump, que está alejando a las potencias europeas de Estados Unidos. Si a esto le sumamos el Brexit, vemos cómo el mundo empieza a dividirse como Orwell escribió: países anglosajones, por un lado, Europa por otro y Asia frente al resto.

Si a esto le sumamos la posibilidad de que la UE se desintegre o pierda poder de liderazgo… ¿qué nos queda? Estados Unidos, China y, posiblemente, Rusia como superpotencias, al menos a nivel armamentístico y de coacción. Claro está, aquí estamos jugando un poquito a la políticaficción. Aun así, Orwell no iba desencaminado.

¿Qué opinas? ¿Crees que el mundo de 1984 se está haciendo realidad?


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