Actualizado el sábado, 20 septiembre, 2025
La publicidad hoy es un poderoso instrumento que puede contribuir a la construcción de los nuevos modelos y estandares sociales. Por ello resulta alarmante que ésta pretenda implantar unos estandares de belleza que no se corresponden con la realidad.
Los estudios realizados sobre la mujer en la publicidad reflejan que su imagen aparece estereotipada en los roles tradicionales del hombre y la mujer, la idealización de la belleza femenina y la cosificación sexual de la mujer. Este vídeo es un lamentable ejemplo del ‘antes’ y el ‘después’ de una modelo tras pasar por una sesión de maquillaje y de Photoshop.
Hace unos meses el creativo y director de arte nacido en Alemania Daniel Soares intervino unas polémicas vallas de la cadena de ropa H&M en las que aparecía una modelo bronceada digitalmente hasta el borde de la negrura. Soares pegó reproducciones autoadhesivas literalmente idénticas al panel de herramientas de Photoshop para denunciar con ironía la sobreutilización del retoque. La valla quedaba convertida así en una pantalla con la interfaz del programa con una imagen siendo manipulada.
El uso de Photoshop ha sido el blanco de críticas de varias actrices, entre ellas Kate Winslet y Cate Blanchett, quiénes han reivindicado su derecho a salir en las revistas «tal y como son». Kate Winslet ha asegurado en numerosas ocasiones que se siente muy cómoda con su cuerpo y que no soporta los abusos del Photoshop.
Photoshop y estereotipos: la belleza como ficción
Los estudios sobre la representación de la mujer en la publicidad coinciden: la imagen femenina suele aparecer estereotipada. La mayoría de los anuncios reproducen los roles tradicionales de género, refuerzan la idealización de un único tipo de belleza —delgada, joven, blanca— y cosifican sexualmente a las mujeres.
El vídeo enlazado es una muestra clara de cómo, tras una sesión de maquillaje profesional y una intensa edición digital, la modelo termina convertida en una figura completamente distinta. No es ya una persona, sino un producto visual diseñado para ajustarse a una fantasía de perfección.
La intervención de Daniel Soares: cuando el arte denuncia
Hace un tiempo, el creativo y director de arte alemán Daniel Soares respondió de forma crítica a una campaña de la marca H&M en la que una modelo aparecía bronceada digitalmente hasta límites que rozaban la caricatura. Su intervención consistió en pegar sobre las vallas adhesivos que simulaban la interfaz de Photoshop, dejando en evidencia —con ironía— el artificio que se escondía detrás de la imagen.
Su acción no fue solo artística, sino política: expuso de manera pública la desconexión entre los cuerpos reales y los estándares visuales que la industria de la moda sigue difundiendo masivamente.
Actrices que han dicho basta al retoque digital
Algunas figuras públicas también han alzado la voz. Kate Winslet ha manifestado repetidamente su incomodidad ante el abuso del Photoshop, defendiendo su derecho a aparecer en revistas «tal y como es». También Cate Blanchett se ha unido a esta crítica, reivindicando la belleza real y el respeto a la imagen personal.
Su posicionamiento cobra relevancia en una industria que no solo impone modelos inalcanzables, sino que también genera inseguridad y presión, especialmente entre las mujeres jóvenes.
¿Qué está en juego?
El uso excesivo de retoques digitales no es una cuestión estética menor. Está en juego la percepción del cuerpo, la autoestima, la salud mental y la construcción de la identidad. Cuando la publicidad muestra solo cuerpos perfectos —además, inexistentes—, genera una falsa norma que muchas personas intentan alcanzar a costa de su bienestar.
El problema no es el uso puntual de herramientas digitales, sino su abuso sistemático y la falta de transparencia con la que se presentan estas imágenes. Es necesario cuestionar los mensajes que consumimos y exigir una representación más diversa, honesta y humana.
La mujer en la publicidad y el uso del Photoshop son dos temas que no pueden separarse si queremos entender cómo se construye la imagen femenina en la cultura contemporánea. No se trata solo de una cuestión de imagen, sino de poder: ¿quién decide qué es bello y qué no? ¿Qué cuerpos merecen ser mostrados? ¿Qué impacto tiene esto en quienes los consumen?
Visibilizar estos temas, como lo hace el vídeo o la intervención de Daniel Soares, es un paso necesario para abrir el debate y avanzar hacia una comunicación más ética, inclusiva y respetuosa.
Cuidar el habla es cuidar a las personas. La literatura cambia insultos en símbolos y viceversa; así vemos lo arbitrario del canon. El mosaico “Callo malayo” y derivados —callo/cayo/callos/callo malallo; “ser un callo malayo”; qué es, significado, origen, RAE; expresión cayo malayo; cardo/craco/feto malayo— recuerda que belleza/fealdad son relatos compartidos, no medidas universales.
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