Actualizado el lunes, 17 noviembre, 2025
En el Festival de Cannes, uno de los escaparates internacionales más influyentes del cine y la moda, cada gesto cobra un valor simbólico. En un evento donde históricamente se han reforzado ciertos códigos estéticos impuestos a las mujeres —como la obligatoriedad no escrita de llevar tacones en la alfombra roja—, cualquier acto de resistencia, por pequeño que parezca, tiene un eco significativo. Que una actriz, directora o activista decida subir las escaleras del festival con calzado plano no es solo una elección personal: es una declaración pública que contribuye a visibilizar una discusión más amplia sobre la libertad, la igualdad y los mandatos de género aún vigentes en muchos ámbitos, incluidos el laboral y el cultural. Aunque simbólico, este gesto ayuda a abrir el debate y cuestionar normas que durante demasiado tiempo se han aceptado sin discusión.
Durante décadas, en distintos contextos profesionales y sociales, a las mujeres se les ha impuesto el uso de tacones altos como parte del código de vestimenta. Esta exigencia, que ha sido naturalizada en muchas culturas como un requisito de «elegancia» o «profesionalismo», ha sido objeto de creciente crítica por parte de mujeres de todo el mundo. Lejos de ser una cuestión superficial, este tipo de imposiciones toca temas profundos relacionados con la salud, la igualdad de género, la autonomía corporal y los derechos laborales.
En Japón, el movimiento #KuToo, liderado por la actriz y activista Yumi Ishikawa, visibilizó en 2019 el malestar generalizado de muchas trabajadoras frente a esta norma no escrita. El juego de palabras entre «zapato» y «dolor» expresaba con claridad una experiencia física compartida por miles de mujeres obligadas a llevar tacones durante jornadas laborales enteras. La campaña recogió más de 20.000 firmas y logró instalar el debate en la esfera pública, aunque sin cambios legislativos inmediatos.
Unos años antes, en 2016, la británica Nicola Thorp fue despedida de un puesto temporal por negarse a usar tacones. Su caso dio la vuelta al mundo y provocó un debate en el Parlamento del Reino Unido. Aunque tampoco derivó en legislación, sí consiguió que muchas empresas revisaran sus códigos de vestimenta y se abrió una conversación social sobre la legitimidad de estas exigencias.
Existen también ejemplos donde los reclamos sí lograron cambios concretos. En la provincia canadiense de British Columbia, en 2017, se prohibió por ley que los empleadores exigieran el uso de tacones altos. De modo similar, Filipinas aprobó en 2021 una norma laboral que impide a las empresas imponer esta prenda, reconociendo los riesgos para la salud que conlleva y el carácter discriminatorio de la medida.
Estos movimientos parten de una misma base: cuestionar las normas impuestas sobre los cuerpos de las mujeres en nombre de la estética o la imagen corporativa. La crítica no es solo a los tacones en sí, sino a la estructura que obliga a las mujeres a soportar incomodidad, dolor e incluso lesiones para cumplir expectativas construidas desde la mirada ajena.
Desde el feminismo, los sindicatos y los colegios profesionales de salud, cada vez más voces se suman a este rechazo. Las mujeres no solo reclaman su derecho a vestir con comodidad y seguridad, sino también su derecho a ser tratadas con el mismo criterio que los hombres, sin imposiciones estéticas desiguales.
Este debate no es anecdótico ni superficial. Refleja una resistencia más amplia a los mandatos que históricamente han colocado el cuerpo femenino como objeto, a menudo en perjuicio del bienestar físico y la autonomía personal. Al visibilizar estas exigencias y exigir su eliminación, estos movimientos apuntan a transformar estructuras laborales y sociales más amplias, donde el respeto y la igualdad sean la base de toda interacción, también en lo que vestimos.

Activismo contra los tacones
Gracias a que las redes sociales pueden transmitir esas «noticias» que no tienen hueco en la prensa tradicional, podemos encontrar en internet, cada vez más noticias sobre cómo el negarse a usar tacones puede perjudicarte públicamente. El último de los grandes casos, el de Nicola Thorp, una joven de 27 años que vive en Londres, había sido contratada de manera temporal por PwC, pero fue enviada de regreso a casa por presentarse en la empresa HW usando zapatos planos. Y ni siquiera le pagaron.

La influencia del cine y la moda en estos ‘dress code’
El año pasado parecía que por fin, la edición del Festival de Cannes iba a respetar ciertas cotas de paridad en cuanto al reconocimiento de las mujeres en la historia pasada y actual del cine.

En esa edición, tuvieron mayor presencia (comparada con la de otros años) de mujeres directoras en la programación oficial. También pudimos disfrutar de la inauguración a cargo de una mujer. Cosa que en los 68 años de la muestra, sólo había pasado una vez.
Incluso nos sorprendimos gratamente cuando por fin, concedieron el galardón honorífico a toda una vida a Agnès Varda. ¿Sorprendidas por qué? porque era la primera vez que se otorga a una mujer.
Todo parecía que estaba muy medido y cuidado este año porque tras las críticas recibidas ediciones anteriores, durante el festival, se ofrecieron unas jornadas de debate sobre la igualdad de género en la industria del cine.
Sin embargo, unos tacones pusieron en entredicho todos los gestos en favor de la equidad del festival al no permitir pasar a una de sus salas a mujeres «sin tacón alto».
«Heelgate»: los tacones de la discordia
La prensa y varios colectivos implicados no han tardado en denominarlo como el ‘heelgate’ que arrancó cuando el equipo de seguridad del Grand Théâtre Lumière denegó el acceso al estreno de ‘Carol’ a un grupo de mujeres por llevar calzado plano, con el agravante además, de ser mujeres de mediana edad y «con problemas de salud».
Parece que la organización de Cannes no sólo se encontraba insensibilizada con la libertad en la forma de vestir de estas mujeres sino que además, parecía olvidar el hecho de que curiosamente, a la película querían entrar era «Carol«, es un drama protagonizado por Cate Blanchett y Rooney Mara inspirado en la opresión sexual de estas dos mujeres. ¿Paradójico, no?
Las redes sociales rapidamente se encendieron y empezó a correr como la pólvora gracias a que la noticia fue recogida por la revista ‘Screen’. Y saltó también el debate en el que mucha gente del mundo del cine empezó a compartir su opinión sobre lo sucedido de forma puntual pero también, de forma general sobre cómo este tipo de eventos obliga a las mujeres a usar «tacones altos» aunque estos sean incómodos y dañinos para muchas mujeres.
El director del maravilloso rockumental ‘Amy’, Asif Kapadia, reveló que a su esposa se le prohibió inicialmente el acceso a la premiere de su película sobre Amy Winehouse por no llevar tacones y que tuvo que convencer a la organización que le permitieran acompañarle.
Asif Kapadia- #AmyWinehouse Docu filmmaker’s wife nearly turned back from d #Cannes2015 red carpet for wearing flats! pic.twitter.com/1Hhe54cYa5
— Griha Atul (@grihaatul) 20 de mayo de 2015
La indignación fue creciendo quizás no por el hecho puntual, sino porque era un vaso que durante años y años se ha ido llenando y esta última gota lo rebosaba.
En la rueda de prensa de ‘Sicario’, Emily Blunt se mostró muy enfadad con lo sucedido y llegó a declarar a la prensa que se encontraba «muy decepcionada» por lo sucedido.
«Todas deberíamos llevar zapato plano siempre que pudiéramos. No deberíamos usar tacones por obligación». Emily Blunt
La organización, abrumada por las críticas, lanzó un comunicado oficial en el que negaba la obligación de su uso: «En lo referente al ‘dress code’ para las proyecciones de alfombra roja, las reglas no han cambiado a lo largo de los años y no hay una mención específica sobre la altura de los tacones de las mujeres, como tampoco la hay para la de los hombres. Por consiguiente, con el fin de asegurar que la norma sea respetada, se les ha recordado a los trabajadores y trabajadoras del festival».
Para terminar de acallar la polémica, el director de Cannes, Thierry Frémaux, salió al paso de las acusaciones de sexismo durante su panel de discusión en Women in Motion. En su opinión, el festival está injustamente en el punto de mira y se quejó de que otras muestras internacionales como Venecia y Berlín no se tratan con el mismo nivel de escrutinio. Pero la verdad es que la esclavitud de este ‘dress code’ no se vive sólo en la industria del cine:
¿Un guiño al ‘Hellgate’?
Aunque todo parecía en calma, un guiño de la actriz Julia Roberts ha arrancado este año una sonrisa a miles de mujeres y hombres en el mundo. La actriz de 48 años no sólo ha sido el centro de atención de la alfombra francesa de Cannes por ser una de las VIP más elegantes y esperadas del festival cinematográfico, sino también por subir su escalinata completamente descalza. Ni tacones ni zapatos planos: descalza.
No es la primera vez que la ‘novia de américa’ sorprende a los asistentes con lo que denominan ‘natural look’ con pies descalzos. Eso sí, a para bajar las escaleras, ya no prescindió de sus sandalias. Ya subió sin zapatos, ni miramientos, al escenario de los premios BAFTA en el año 2013, e incluso recogió así, un mes antes, otro galardón a mejor actriz secundaria. Pero sin duda, tras lo sucedido en Cannes este pequeño gesto ayuda a abrir el debate sobre que no hay necesidad de obligar a las mujeres a llevar tacones para ir elegantes.

Ir descalza, ¿un nuevo y revindicativo ‘dress code’?
Poniendo en entredicho la supuesta igualdad de género en la industria del cine, que parecía haber quedado demostrada en Cannes con la edición más femenina de su historia. Julia Roberts tampoco ha sido la única actriz en pisar la alfombra roja sin zapatos. En 2003, Nicole Kidman también paseó por la alfombra roja descalza por una promesa que le había hecho al director Lars von Trier.
Y es que llevar o no tacones ha pasado de ser una cuestión de estética a adentrarse en el terreno del sexismo, ya que no faltan las mujeres que defienden su derecho a elegir la altura de sus zapatos. Un dato que tampoco aparece mencionado en el ‘dress code’ del festival, pero que sí lo exigen algunas empresas, llegando incluso al despido si se incumplen los centímetros acordados.
Como os contábamos, la recepcionista británica, Nicola Thorp, perdió su empleo en la empresa de contabilidad PwC por negarse a utilizar unos tacones de entre 5 y 10 centímetros:
«Los códigos de vestimenta deberían reflejar la sociedad de hoy en día, y las mujeres no dejan de ser inteligentes y serias por usar zapatos planos. Si ustedes pueden darme una razón de por qué usar zapatos bajos me impide hacer mi trabajo, sería suficiente para mí», denunciaba también a través de las redes sociales.
Tras el despido,Thorp ha iniciado ante el parlamento, una campaña para impedir que se obligue a las empleadas a cumplir estas exigencias, para lo que ya ha conseguido más de 130.000 firmas
#Kutoo: japonesas se niegan a llevar tacones en el trabajo
KuToo es el movimiento feminista en que las las japonesas se revelan ante el gobierno ya que este las obligaba a llevar tacones al trabajo.
Han firmado una petición histórica, presentada ante el Ministerio de Trabajo del país, para que se prohíba mediante ley la actual imposición de llevar tacones que pesa sobre las trabajadoras de muchas empresas niponas.
El movimiento nacía en enero, con un tuit de la propia Ishikawa que se hizo rápidamente viral, siendo compartido hasta 30.000 veces. En él denunciaba que se había visto obligada a descartar una oportunidad profesional tras enfrentar la dificultad de aguantar una jornada laboral de ocho horas en tacones durante una prueba para un puesto en un hotel. La visibilidad y el apoyo recibido entonces la alentaron a crear una petición en la plataforma Change.org que instara al gobierno japonés a regular este tipo de situaciones con una ley específica.

Tacones en actos adolescentes
Pero no sólo afecta a las estrellas de cine o la música. A esta adolescente le dijeron que tenía que llevar zapatos para su graduación mientras a los chicos les permitían ir en zapatillas y ella decidió rebelarse contra la dictadura de los tacones. Decidió compartir su acto de ‘rebeldía’ en Twitter y este se ha vuelto viral con multitud de tuiteros que aplauden su gesto al tiempo que otras chicas comparten cómo ellas mismas hicieron lo mismo en su graduación.
Y no es la única. Sofia Martínez, por ejemplo, narra que hace un año, cuando dijo que ella iría a su graduación en Converse, le dijeron que a esos actos hay que ir “arreglada” y la llamaron “chicazo”. Su respuesta fue la misma que la de Abi, plantarse allí con sus zapatillas. El mismo atuendo, pero en blanco, lucido por otra tuitera que ha respondido a la reivindicación de esta joven de Barcelona.

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