Cuando se aborda el tema de las empresas que dejan descansar a sus empleados y que enfocan de manera innovadora el uso del tiempo se suele acudir al ejemplo de Silicon Valley, la famosa región californiana donde están las sedes de algunas de las multinacionales más exitosas del mundo. Efectivamente son empresas del sector tecnológico como Google, Apple o Facebook las que mejor representan ese ánimo de hacer las cosas de manera diferente.

El ya conocido como modelo Silicon Valley plantea para los empleados el reforzamiento de dimensiones no materiales como el optimismo, las ganas de aprender o la aceptación del fracaso. Dentro de esta nueva cultura empresarial encontramos otra cualidad: la flexibilidad. Además de tener altas capacidades técnicas y de controlar la dimensión personal y de las emociones, los trabajadores de estas empresas cuentan con algo más: son dueños de su tiempo y tienen alternativas al puro trabajo dentro de la propia oficina.

Oficinas de Facebook en Boston con un espacio común de descanso

Pero, ¿en qué consiste exactamente una empresa flexible? Se podría decir que es lo contrario a la empresa tradicional en la que los empleados tienen horarios fijos y tareas que hacer. El modelo de empresa flexible apuesta por dar libertad a los trabajadores y potenciar sus capacidades creativas y su productividad a través del uso del tiempo libre y de actividades de ocio. Todo ello, en el lugar de trabajo. Un ejemplo lo tenemos en Google, que trata de impregnar con esta lógica todas sus oficinas a lo largo y ancho del mundo, no solo en Silicon Valley.

Algunas de las políticas que ponen en marcha las empresas punteras consisten en la libertad para que los empleados organicen su tiempo, dar ayudas para fomentar el uso de transporte público a la hora de ir al trabajo, facilitar espacios de descanso en las oficinas, proporcionar un horario flexible que pueda ajustarse a la vida privada de los trabajadores, etc. Y esto no se hace únicamente por el bien de los empleados, sino por el de la productividad. Las empresas gastan mucho dinero en investigación social y recursos humanos para asegurarse de que las políticas que implementan les reportarán beneficios y no pérdidas.

Los analistas coinciden en que la improductividad se puede reducir, aunque parezca irónico, gestionando los “momentos de esparcimiento” y de descanso. Asignando a cada trabajador un tiempo determinado de ocio y de desconexión es más fácil que en las horas de trabajo se concentre más. Es una manera de acotar los distintos tipos de tiempo. Además, en esa gestión participa el propio empleado, decidiendo qué cantidad de tiempo empleará para el trabajo y para el descanso. Lo importante no es si trabaja poco o descansa demasiado, lo importante es que no decaiga su productividad.

Oficinas de Yahoo en San Francisco, con espacios individuales para el descanso

Hay incluso empresas como Nike que animan a sus empleados a echarse una siesta durante su jornada laboral, una práctica que ayuda a reducir el estrés, mejora la atención de los trabajadores y, en última instancia, aumenta la productividad. Hay muchas maneras de echarse una cabezada en el trabajo y en las empresas innovadoras no es raro ver a trabajadores haciéndolo.

Estas empresas dedican tiempo y dinero a mejorar la vida de sus trabajadores incluso con profesionales de la meditación, que también se ha demostrado útil para aumentar la concentración, el liderazgo o la creatividad. Además, la meditación mejora la memoria y el cociente intelectual, algo muy importante a la hora de trabajar en empresas tecnológicas.

Otra de las prácticas que se ponen en marcha en estas empresas punteras es el concepto de Work & Play, que consiste en incorporar elementos de la gamificación (que ya hemos abordado en otros artículos en su aplicación educativa y docente) al lugar de trabajo. Poner en marcha ligas internas (de futbolín, de billar…) o competiciones regulares refuerza la relación entre los compañeros de trabajo, mejora la lealtad y la responsabilidad, ayuda a involucrar más a los trabajadores y, al fin y al cabo, supone un entretenimiento divertido para despejar la mente y mantener a gusto a los empleados.

La empresa que, de nuevo, ha sido pionera en esta metodología es Google que, como hemos visto, también es la primera del mundo en todos los tipos de innovación en las formas de trabajo. Por ello, no es de extrañar que Google fuera nombrada en 2016 y por séptimo año consecutivo la mejor empresa para trabajar del mundo.

Oficinas de Google en Zúrich, con un espacio para el ocio

Sin embargo, no todo es positivo en el mundo de las empresas punteras e innovadoras. El 60% de las trabajadoras de Silicon Valley ha sufrido acoso sexual en el trabajo, la diversidad cultural no es tanta como hacen creer, las condiciones de trabajo no siempre son tan buenas (caso de Amazon) y muchas veces no existe ese 20% de tiempo libre que algunos dicen ofrecer a sus empleados (caso de Google).

Además, un aspecto interesante a tener en cuenta es el efecto que estas empresas tienen en el territorio y la sociedad. Es paradigmático el caso de San Francisco, en especial el famoso barrio de The Mission, donde empresas del sector tecnológico llevan tiempo instalándose y colonizando las calles con coffee shops, llenando las vías con autobuses privados de las compañías, aumentando el precio del transporte, disparando el precio de los pisos y alquileres de forma que miles de personas han tenido que irse del barrio por no poder seguir el nivel de vida que han traído las multinacionales punteras.

Sin duda el modelo que proponen estas compañías es propio del futuro y crea un buen ambiente de trabajo para los empleados. Pero no se puede descuidar que vivimos en sociedades amplias y heterogéneas.

Además de facilitar un billar y un sofá a sus trabajadores, quizás las grandes empresas deberían pensar también en dedicar parte de su millonario presupuesto a mejorar la vida de la comunidad.


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