13 mujeres españolas que hicieron historia y que no te enseñaron en la escuela 1

13 mujeres españolas que hicieron historia y que no te enseñaron en la escuela

De un plumazo muchas mujeres españolas fueron relegadas a las sombras de la historia reciente de nuestro país. Dicen que la historia siempre la escriben los vencedores pero lo que esa frase omite es que esos «vencedores» no solo excluyen a los vencidos de sus historias, sino también a las mujeres. Por eso crecemos y estudiamos en un país y un sistema que ofrece roles históricos femeninos casi inexistentes más allá de Isabel la Católica y Rosalía de Castro. 

Mujeres importantes en la historia de España

La historia merece ser contada entera. Te recomendamos «Las Sinsombrero» de Tania Bayo. El libro quiere recuperar la memoria y los avatares de varias artistas y pensadoras del 27. Mujeres que se quitaron el sombrero, ese corsé intelectual que las relegaba al papel de esposas y madres, y participaron sin complejos en la vida intelectual española entre los años veintey treinta.

Entre ellas se destacan: Rosa Chacel, Ernestina de Champourcín, Margarita Gil Roësset, María Teresa León, Maruja Mallo, Concha Méndez, Ángeles Santos, María Zambrano…Mujeres libres y rompedoras también en sus vidas privadas, apasionadas y apasionantes, que anticiparon, e hicieron posible, a las mujeres de hoy.


Las sinsombrero

Mujeres que se quitaron el sombrero, ese corsé intelectual que las relegaba al papel de esposas y madres, y participaron sin complejos en la vida intelectual española entre los años veinte y treinta.

Mujeres libres y rompedoras también en sus vidas privadas, apasionadas y apasionantes, que anticiparon, e hicieron posible, a las mujeres de hoy, a pesar del zarpazo de la Guerra Civil que acabó con tantos sueños de libertad e igualdad.

Sin ellas la historia no está completa

Todos los niños y niñas de España hemos memorizado, generación tras generación, los nombres de los artistas más famosos e importantes que conformaron esa magnífica Generación del 27. Un grupo de personas que vivieron en la Residencia de Estudiantes de Madrid y se convirtieron en los nombres más relevantes de la cultura española de todos los tiempos. Claro está que siempre escuchamos hablar de ellos. Lorca, Cernuda, Salinas… todos con tinte masculino pero ¿dónde estaban ellas? ¿No había un ellas? Conocidas como Las Sinsombrero, las mujeres de la Generación del 27 aportaron tanto —o más— que sus contrapartes masculinos al arte de España.


Ernestina de Campourcín (Vitoria 1905 – Madrid 1999)

Ernestina de Campourcín entrevistada por la periodista Edith Checa [Foto: Edith Checa vía WikimediaCommons]

Ernestina de Campourcín entrevistada por la periodista Edith Checa [Foto: Edith Checa vía WikimediaCommons]

Poeta española, candidata al Premio Príncipe de Asturias en 1992. De Campourcín publicó su primer poemario a los veintiún años y cuando estalló la Guerra Civil sirvió como enfermera. Su experiencia traumática e impactante en la guerra influyeron sus poemas durante el resto de sus días. Exiliada, como otras tantas, volvió a España tras la caída del régimen.

María Teresa León (Logroño 1903 – Madrid 1988)

Uno de los mejores ejemplos de escritora e intelectual comprometida durante la República y una de las voces más activas desde el exilio. León estudió en la Institución Libre de Enseñanza y fue la primera española en doctorarse en Filosofía y Letras. Durante la guerra fue secretaria de la Alianza de Escritores Antifascistas y luchó por la salvación de las obras de arte del museo del Prado. Además, fundó la revista El Mono Azul, colaboró con Rafael Alberti en la revista Octubre y publicó más de veinte libros a lo largo de su vida.

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María Teresa León. Foto: amicidiromeo.com

Concha Méndez (Madrid 1898 – México 1986)

Poeta y editora, fue una de las compañeras de viajes y amiga inseparable de los hombres de la Generación del 27. Junto a su marido, también poeta, creó la imprenta La Verónica donde se imprimieron las grandes obras de la época y por lo que se le considera una de las grandes divulgadoras de la obra de su generación.

Concha Méndez. Foto: lapalabraesmagica.blogspot.com

Concha Méndez. Foto: lapalabraesmagica.blogspot.com

Maruja Mallo (Lugo 1902 – Madrid 1995)

Esta pintora gallega viajó a Madrid con veinte años para estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando donde se hizo gran amiga de Margarita Manso, María Zambrano, Concha Méndez, Salvador Dalí, Federico García Lorca o Luis Buñuel. Fue ella, junto a Margarita Manso, las que dan nombre al grupo de las Sinsombrero, ya que llevaron a cabo esa «locura» de pasear por la madrileña Puerta del Sol sin sombreros.

Republicana hasta la médula, cuando estalló la guerra se trasladó a Portugal. Su pintura estuvo siempre influenciada por el surrealismo e, incluso, Andy Warhol dijo que «sus retratos eran un claro precedente del Pop Art norteamericano».

Maruja Mallo [Foto: Desconocido vía WikimediaCommons]

Maruja Mallo [Foto: Desconocido vía WikimediaCommons]

María Zambrano (Vélez-Málaga 1904 – Madrid 1991)

Una de las filósofas e intelectuales de nuestro país, tuvo como maestros a Ortega y Gasset, Xavier Zubiri o García Morente. Pronto se convirtió en un referente de su época aunque, como republicana comprometido, su nombre intentó borrarse de la historia una y otra vez. Sin embargo, Zambrano fue de las pocas mujeres reconocida tras la dictadura por su labor intelectual como ensayista y filósofa.

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María Zambrano [Foto: Davide Vizzini vía Flickr]

Rosa Chacel (Valladolid 1898 – Madrid 1994)

Uno de los nombres clave de la novela de la Generación del 27. Chacel era asidua a las tertulias tan conocidas por la presencia de sus compañeros varones. En ellas, entabló amistad con Ortega y Gasset, quien publicaría varios artículos de ella en la revista Occidente. La guerra le llevó al exilio, una época que acarreó muchos problemas económicos para Chacel y que hizo que abandonase su vocación de escritora hasta que volvió a España una vez acabada la dictadura.

Rosa Chacel. Foto: infolibre.es

Rosa Chacel. Foto: infolibre

Josefina de la Torre (Las Palmas de Gran Canaria 1907 – Madrid 2002)

Escritora, poeta y actriz canaria es más conocida por su labor en el teatro que como poetisa a pesar de que Gerardo Diego la incluyese en su Antología Poética de 1934. Fundó varias compañías de teatro y durante el franquismo permaneció en España publicando alguna que otra novela comercial con un pseudónimo.

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Josefina de la Torre. Foto: castellanopedroibarra.blogspot.com

Marga Gil Roësset (Madrid 1908 – Madrid 1932)

Fue una niña prodigio y una joven talentosa desde la cuna. Pronto se convirtió en una conocida escultora e ilustradora tanto a nivel nacional como internacional. Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí la introdujeron en el mundo intelectual, momento en el que toda su creatividad estalló. Sin embargo, en julio del 32, después de que casi toda su obra fuese destruída, se quitó la vida.

«La realidad era yo en mi pequeñez, sin más arma que mi inteligencia, sin más capital que mi voluntad y mi perspicacia, mi capacidad de juicio para buscar mi propio destino», Rosa Chacel. 

A parte de Las Sinsombrero ha habido muchas otras mujeres que, de una forma u otra, contribuyeron a la literatura, al pensamiento, a la política, al arte y, en definitiva, a la historia de nuestro país pero de las que nunca —o casi nunca— se hablan. Otros nombres que deberían sonarnos, pero no lo hacen, son:

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Marga Gil. Foto: diariodeburgos.es

 Clara Campoamor (Madrid 1888 – Lausana 1972)

Cierto es que poca gente no conoce a Clara Campoamor pero más cierto es aún que menos aún son los que la estudian en el colegio y, si se hace, se hace de pasada. Campoamor fue esa figura clave en la política y el feminismo español. Sin ella, no se hubiesen podido celebrar el 19 de noviembre de 1933 las primeras elecciones democráticas —con sufragio universal— de España. Gracias a sus palabras en el Congreso hace ya más de ochenta años las mujeres españolas votamos hoy en día.

«Señores diputados: […] ¡Las mujeres! ¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones?»

María Luz Morales (Coruña 1889 – Barcelona 1980)

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María Luz Morales [Foto: Mujeres para la historia. La España silenciada del siglo XX vía WikimediaCommons]

Primera mujer en dirigir un periódico en España: La Vanguardia —algo casi tan insólito en la época de Morales como hoy en día—. Llegó a la dirección del diario en plena Guerra Civil pero ya era toda una periodista veterana. Empezó escribiendo en Hogar y la Moda pero pronto empezó a colaborar con La Vanguardia escribiendo sobre cine, aunque con un pseudónimo masculino (Felipe Centeno).

Era la única mujer de la redacción, aunque eso no le paró: cuando la trasladaron a la sección de teatro empezó a firmar con su nombre y sus textos llamaron la atención de la Paramount. Tras la victoria franquista toda la plantilla del periódico fue despedida y Morales encarcelada durante más de un mes. Por fin, tras la caída del régimen, consiguió volver a ser habilitada como periodista. 

Margarita Nelken (Madrid 1894 – Ciudad de México 1968)

Esta política española compartió tribuna con Clara Campoamor y Victoria Kent durante la Segunda República; sin embargo, solo ella revalidó su escaño durante las tres legislaturas de la misma, siempre con el Partido Socialista. Con el estallido de la guerra se pasó al Partido Comunista, al que también acabó abandonando. Lo que no abandonó desde su adolescencia fueron sus proclamas feministas que tanto aportaron al movimiento español. En el exilio ayudó en los campos de internamiento de refugiados republicanos en Francia.

Margarita Nelken. Foto: gaceta.es

Margarita Nelken. Foto: gaceta.es

Federica Montseny (Madrid 1905 – Toulouse 1994)

Federica Montseny [Foto: Manel Armengol / Archivo vía Flick]

Federica Montseny [Foto: Manel Armengol / Archivo vía Flick]

Primera ministra de la historia de España. Llegó a la cartera de Sanidad en plena Guerra Civil e implementó medidas revolucionarias sobre prevención de la enfermedad, eugenesia, sexualidad y control de la natalidad. Además, reguló el decreto de interrupción voluntaria del embarazo. De ideología anarquista, se exilió en Francia y no volvió a España hasta dos años después de la muerte de Franco para retomar su labor en la CNT y oponerse a los pactos de la Moncloa y al tipo de sistema instaurado durante la Transición.

Enriqueta Otero (Lugo 1910 — Lugo 1989)

Maestra y miliciana, la historia de Otero es de película: se alistó en la Brigada Móvil de Choque de la 46ª División y pronto llegó a comandante. Además, fue secretaria de Dolores Ibárruri «la pasionaria» durante la Guerra Civil. Fue encarcelada cuando cayó Madrid y protagonizó una fuga masiva de la cárcel. Sin embargo, se pasó gran parte de su vida en prisión; incluso llegó a ser condenada a muerte, aunque una campaña internacional consiguió anular esa pena. Otero saldría de la cárcel en 1966 y un año antes de su jubilación volvería a ser habilitada como maestra.

Estos son solo trece nombres, trece mujeres de entre otras muchas que deberían ser recordadas en la historia reciente de nuestro país. La historia antigua ya es otra cosa: esos nombres cada vez es más difícil recordarlos porque casi han conseguido borrarlos.

Enriqueta Otero. Foto: farodevigo.es

Enriqueta Otero. Foto: farodevigo.es

LAS ESPAÑOLAS QUE NO SE CONFORMARON (Actualizado 2019)

7 mujeres de las que tal vez no habrás oído hablar

Reinaron, conspiraron, manejaron los hilos de la política y las artes entre bastidores, escribieron, actuaron como mecenas… son las españolas que participaron el espíritu de la época que les tocó vivir. Mujeres que echan por tierra el mito de que las españolas del pasado poco hicieron por rebelarse o romper las normas imperantes. Ediciones Casiopea rescata a algunas de ellas en los libros: Damas Ilustres en la historia de España”, “Mujeres Creadoras entre el Renacimiento y el Barroco y, próximamente, “Las Damas más Inteligentes del siglo XVI”, todas ellos, de la autora Vicenta Márquez de la Plata.

ISABEL BARRETO DE MENDAÑA: ALMIRANTE Y GOBERNADORA DE LOS MARES DEL SUR

Esta gallega llegó a ser heredera de las Islas Salomón.  La suya es la historia de una mujer intrépida y aventurera. Hermosa, de cabellos rubios y ojos claros, (como lo son muchos gallegos), Isabel Barreto conoció, en 1586, al que sería su esposo: el navegante, Álvaro de Mendaña. Él había cumplido los 40 y ella contaba solo con 20, pero entre ambos surgió el flechazo. Ella se enamoró del aventurero valiente, del caballero andante de los mares con el que compartiría aventuras. Al poco de casarse, partieron hacia unas islas del Índico que él había avistado y a las que había llamado Islas Salomón. La travesía resultó terrible, enfrentaron un maremoto en el que se hundieron las naves que les acompañaba. Isabel sobrevivió y fue llamada «La Ricahembra Capitana». A partir de ahí, hubo de enfrentarse al hambre, a la falta de agua, al descontento de la tripulación y las enfermedades … Ella, vestida con las ropas de su difunto esposo, impartió justicia y llevó la nave hacia las Filipinas, donde recaló con la embarcación muy malparada y con la mitad de los tripulantes (el resto había muerto de hambre). Fue recibida como una heroína y se dijo que era la reencarnación de la mítica reina de Saba. Allí volvió a casarse y empezó una nueva vida.

RUMBO A LAS AMÉRICAS EN EL S XVI

La de doña Mencía Calderón, fue también una aventura épica que tuvo como escenario el mar. Esta extremeña, esposa de Juan de Sanabria, acompañó en el siglo XVI y en una larga travesía por el Atlántico a cuarenta jóvenes hidalgas para casarse y repoblar con una aristocracia colonial el nuevo mundo. Le llevó cuatro años alcanzar su destino. Sufrieron tormentas, padecieron falta de alimentos y de agua dulce, sufrieron importantes desperfectos en el navío, y murieron varios integrantes de la expedición…. Por fin, en enero de 1552, llegaron a Santa Catalina, (actual Brasil), donde tuvieron que vérselas con los belicosos y antropófagos nativos. Desde allí, emprendieron el largo viaje a pie hasta su destino. Tras sortear mil obstáculos, grandes ríos, selvas y cordilleras, pasar hambre y sed, huir de las tribus de antropófagos y de los piratas, el grupo de mujeres alcanzó finalmente su destino el 15 de agosto de 1556.

LA VIRREINA DEL PERÚ

El 7 de junio de 1668, Pedro Fernández de Castro, siendo virrey del Perú se trasladaba con un ejército a algunas zonas rebeldes del país, dejando a su esposa a cargo del gobierno del Perú y delegando en sus manos el mando del virreinato como gobernadora. De esta forma, la dama que había sido educada para atender a los hijos, fue investida de autoridad para dirigir el gobierno de la más importante colonia española en ultramar. Ana Francisca de Borja demostró sus dotes de mando. Durante el ataque y posterior saqueo de Portobelo, en Panamá, a manos del pirata Henry Morgan, no se lo pensó dos veces y dispuso una acometida contra los piratas y emprendió una eficaz campaña dirigida a neutralizar otras amenazas de corsarios.

HEROÍNA DE LOS SITIOS DE ZARAGOZA

Pese a su rimbombante nombre, Doña Consolación Domitila de Azlor se sentía más a gusto entre el olor de la pólvora y el relincho de caballos que en las femeninas alcobas destinadas a bordar. Nacida en Gerona en 1773, se trasladó a vivir a Zaragoza donde se vio envuelta en los dos sitios que sufrió la ciudad a manos de los franceses. Ella se negó a abandonar la ciudad, siendo leal a Palafox y participando activamente contra el ejército francés. Creó y dirigió el Cuerpo de Amazonas, para atender a los heridos y suministrar víveres y municiones a los combatientes. Además, convirtió su palacio en hospital y empuñó armas protagonizando actos heroicos. En el Segundo Sitio, al producirse la capitulación de la ciudad en febrero de 1809, el mariscal francés la permitió abandonar Zaragoza, hasta que, concluida la guerra, ella regresó a su ciudad adoptiva.

LA PINTORA DEL RENACIMIENTO ESPAÑOL

En el siglo XVI, el mundo artístico español estuvo marcado por los tratantes, los grandes maestros de la escritura, la pintura y la escultura, los encargos reales y las grandes creaciones. Pero ¿hubo mujeres en dicho escenario?, ¿qué españolas lograron hacerse un hueco en aquel mundo dominado por el hombre?, ¿cómo fueron sus vidas?, ¿qué papel jugaron en el proceso creativo de entonces? La vida de Catalina de Mendoza nos desvela algunas de estas cuestiones. Aficionada a las ciencias, a la música, al dibujo y la pintura, algo poco usual entre las damas de su tiempo, como pintora, fue autora de varias obras. Además, fue una emprendedora adelantada a su tiempo que fundó el Colegio de los Jesuitas en la Universidad de Alcalá de Henares (1576), dónde puede verse en la fachada el escudo heráldico de su familia.

LUISA ROLDAN: “LA ROLDANA”

«El oro es como las mujeres, que todos hablan mal de ellas y todos las desean». Estas palabras de Lope de Vega, la gran figura del Siglo de Oro español, resumen la visión que la sociedad tenía de la mujer en una época en la que el matrimonio y el convento eran las dos únicas salidas para cualquier dama. Sin embargo, algunas de ellas, pese a las prohibiciones y la cultura imperante, financiaron, apadrinaron, crearon, y lograron abrirse camino en el mundo de las artes obrando maravillas con su pluma, el buril o los pinceles. Luisa Rodán, más conocida como “La Roldana”, la primera escultora española registrada. A pesar de no ser muy conocida, es una de las principales figuras de la escultura del Barroco en la Andalucía de finales del siglo XVII y principios del XVIII.

NOVELAS PROHIBIDAS POR LA INQUISICIÓN

María de Zayas tampoco lo tuvo fácil. Esta escritora está considerada como una de las tres grandes autoras del Siglo de Oro español. Precursora del feminismo, liberal, intelectual, denunció la opresión sufrida por las mujeres y del trato recibido por parte de los hombres. Sus novelas cortas tuvieron gran éxito y se siguieron reimprimiendo hasta que en el siglo XVIII la Inquisición decidió prohibirlas. Sin duda, fue una adelantada a su tiempo.  

Texto íntegro del discurso de Clara Campoamor en las Cortes

Señores diputados: lejos yo de censurar ni de atacar las manifestaciones de mi colega, señorita Kent, comprendo, por el contrario, la tortura de su espíritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer. Creo que por su pensamiento ha debido de pasar, en alguna forma, la amarga frase de Anatole France cuando nos habla de aquellos socialistas que, forzados por la necesidad, iban al Parlamento a legislar contra los suyos.

Respecto a la serie de afirmaciones que se han hecho esta tarde contra el voto de la mujer, he de decir, con toda la consideración necesaria, que no están apoyadas en la realidad. Tomemos al azar algunas de ellas. ¿Que cuándo las mujeres se han levantado para protestar de la guerra de Marruecos? Primero: ¿y por qué no los hombres? Segundo: ¿quién protestó y se levantó en Zaragoza cuando la guerra de Cuba más que las mujeres? ¿Quién nutrió la manifestación pro responsabilidades del Ateneo, con motivo del desastre de Annual, más que las mujeres, que iban en mayor número que los hombres?

¡Las mujeres! ¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?

Pero, además, señores diputados, los que votasteis por la República, y a quienes os votaron los republicanos, meditad un momento y decid si habéis votado solos, si os votaron sólo los hombres. ¿Ha estado ausente del voto la mujer? Pues entonces, si afirmáis que la mujer no influye para nada en la vida política del hombre, estáis -fijaos bien- afirmando su personalidad, afirmando la resistencia a acatarlos. ¿Y es en nombre de esa personalidad, que con vuestra repulsa reconocéis y declaráis, por lo que cerráis las puertas a la mujer en materia electoral? ¿Es que tenéis derecho a hacer eso? No; tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ese poder no podéis seguir detentándolo.

No se trata aquí esta cuestión desde el punto de vista del principio, que harto claro está, y en vuestras conciencias repercute, que es un problema de ética, de pura ética reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos, porque ya desde Fitche, en 1796, se ha aceptado, en principio también, el postulado de que sólo aquel que no considere a la mujer un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre. Y en el Parlamento francés, en 1848, Victor Considerant se levantó para decir que una Constitución que concede el voto al mendigo, al doméstico y al analfabeto -que en España existe- no puede negárselo a la mujer. No es desde el punto de vista del principio, es desde el temor que aquí se ha expuesto, fuera del ámbito del principio -cosa dolorosa para un abogado-, como se puede venir a discutir el derecho de la mujer a que sea reconocido en la Constitución el de sufragio. Y desde el punto de vista práctico, utilitario, ¿de qué acusáis a la mujer? ¿Es de ignorancia? Pues yo no puedo, por enojosas que sean las estadísticas, dejar de referirme a un estudio del señor Luzuriaga acerca del analfabetismo en España.

Hace él un estudio cíclico desde 1868 hasta el año 1910, nada más, porque las estadísticas van muy lentamente y no hay en España otras. ¿Y sabéis lo que dice esa estadística? Pues dice que, tomando los números globales en el ciclo de 1860 a 1910, se observa que mientras el número total de analfabetos varones, lejos de disminuir, ha aumentado en 73.082, el de la mujer analfabeta ha disminuido en 48.098; y refiriéndose a la proporcionalidad del analfabetismo en la población global, la disminución en los varones es sólo de 12,7 por cien, en tanto que en las hembras es del 20,2 por cien. Esto quiere decir simplemente que la disminución del analfabetismo es más rápida en las mujeres que en los hombres y que de continuar ese proceso de disminución en los dos sexos, no sólo llegarán a alcanzar las mujeres el grado de cultura elemental de los hombres, sino que lo sobrepasarán. Eso en 1910. Y desde 1910 ha seguido la curva ascendente, y la mujer, hoy día, es menos analfabeta que el varón. No es, pues, desde el punto de vista de la ignorancia desde el que se puede negar a la mujer la entrada en la obtención de este derecho.

Otra cosa, además, al varón que ha de votar. No olvidéis que no sois hijos de varón tan sólo, sino que se reúne en vosotros el producto de los dos sexos. En ausencia mía y leyendo el diario de sesiones, pude ver en él que un doctor hablaba aquí de que no había ecuación posible y, con espíritu heredado de Moebius y Aristóteles, declaraba la incapacidad de la mujer.

A eso, un solo argumento: aunque no queráis y si por acaso admitís la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz. Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros.

Desconocer esto es negar la realidad evidente. Negadlo si queréis; sois libres de ello, pero sólo en virtud de un derecho que habéis (perdonadme la palabra, que digo sólo por su claridad y no con espíritu agresivo) detentado, porque os disteis a vosotros mismos las leyes; pero no porque tengáis un derecho natural para poner al margen a la mujer.

Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que, como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la revolución francesa, será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al derecho y no hay sino que empujarla a que siga su camino.

No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias. Salváis a la República, ayudáis a la República atrayéndoos y sumándoos esa fuerza que espera ansiosa el momento de su redención.

Cada uno habla en virtud de una experiencia y yo os hablo en nombre de la mía propia. Yo soy diputado por la provincia de Madrid; la he recorrido, no sólo en cumplimiento de mi deber, sino por cariño, y muchas veces, siempre, he visto que a los actos públicos acudía una concurrencia femenina muy superior a la masculina, y he visto en los ojos de esas mujeres la esperanza de redención, he visto el deseo de ayudar a la República, he visto la pasión y la emoción que ponen en sus ideales. La mujer española espera hoy de la República la redención suya y la redención del hijo. No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar; que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven; que ha sido simpatía y apoyo para los hombres que estaban en las cárceles; que ha sufrido en muchos casos como vosotros mismos, y que está anhelante, aplicándose a sí misma la frase de Humboldt de que la única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos es caminar dentro de ella.

Señores diputados, he pronunciado mis últimas palabras en este debate. Perdonadme si os molesté, considero que es mi convicción la que habla; que ante un ideal lo defendería hasta la muerte; que pondría, como dije ayer, la cabeza y el corazón en el platillo de la balanza, de igual modo Breno colocó su espada, para que se inclinara en favor del voto de la mujer, y que además sigo pensando, y no por vanidad, sino por íntima convicción, que nadie como yo sirve en estos momentos a la República española.

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