Educar a niños obedientes no garantiza que serán más exitosos y felices. Criar en el miedo a las consecuencias y los castigos puede asegurar la obediencia, pero no garantiza la felicidad. Además, la obediencia dirigida a “proteger” de posibles peligros solo genera niños inseguros que no se atreven a explorar, pierden la iniciativa y carecen de espontaneidad.

“El mejor medio para hacer buenos a los niños es hacerlos felices”. —Oscar Wilde

Los riesgos de educar en el miedo al castigo

Durante décadas, la educación infantil ha estado impregnada del conductismo. Según esta corriente psicológica, los niños deben aprender que los buenos comportamientos se premian y los malos se castigan. Sin embargo, este sistema de premios y castigos no siempre es efectivo, pues puede hacer que los niños guíen sus comportamientos por las gratificaciones externas, lo cual significa que es más probable que desarrollen un locus de control externo en vez de regirse por una motivación intrínseca.

Educar en el miedo al castigo no consigue que los niños sepan lo que está bien y lo que no, por lo que es fácil que repitan los malos comportamientos en el futuro

En realidad, es imprescindible que los niños comprendan las diferencias entre lo que está bien y lo que no, de manera que puedan decidir autónomamente cómo comportarse en cada situación según su sistema de valores interno. Si un niño solo actúa bien por miedo al castigo, cuando la sombra de este desaparezca, se comportará mal.

Cuando se educa en el miedo al castigo, el niño no obedece por decisión propia sino motivado por el temor. No comprende el concepto de respeto y no habrá desarrollado una brújula interior que guíe sus pasos. Además, más tarde puede canalizar ese miedo o rabia a través de comportamientos desadaptativos.

Los niños “respondones” suelen ser más críticos y maduros

Un estudio realizado en la Universidad de Virginia ha demostrado que, en materia de educación infantil, todo es cuestión de perspectiva. Según estos psicólogos, los niños y adolescentes que solemos catalogar como “respondones” (o “contestones”) tienen menos probabilidades de desarrollar problemas de conducta y consumir drogas cuando crezcan.

“A los niños se les debe enseñar cómo pensar, no qué pensar”. —Margaret Mead

Esto se debe a que estos niños suelen tener un pensamiento más crítico, y esa es la razón por la que se oponen a las normas que no comprenden. En vez de reprimir esos intentos de “rebeldía”, los padres deben aprender a canalizarlos asertivamente, de manera que los niños comprendan por qué deben seguir ciertas reglas.

Cuando un niño replica una y otra vez está pidiendo que se le dé la oportunidad de tomar sus propias decisiones

Replicar la autoridad es la manera que tienen los niños para reafirmar su identidad, reclamar que les permitan tomar sus propias decisiones y ejercer cierto control sobre sus vidas. No es algo negativo, simplemente están entrenando esa habilidad. Es mucho peor un niño que acepta todo sin chistar porque ello implica una personalidad más débil y sugestionable. Es probable que en el futuro ese niño se deje condicionar demasiado por sus amigos, pues no sabrá defender sus opiniones y tomar sus decisiones al margen de la presión de grupo.

Educar en el respeto es educar en la felicidad

La obediencia sustentada en la sumisión y la incomprensión no es saludable  ni psicológica ni educativamente hablando. Sin embargo, de la misma manera en que los castigos pueden ocasionar problemas, la permisividad también provoca infelicidad. Los niños también necesitan normas y límites para sentirse seguros y darle un sentido a su mundo.

Existen muchas maneras de educar a un niño sin tener que recurrir a las amenazas. La clave radica en establecer pocas normas que el niño pueda comprender y que estén adaptadas a su etapa del desarrollo.

1. Corrige asertivamente

Existen diferentes maneras de corregir un comportamiento. Es muy diferente decir “Cállate, siempre estás molestando” a “Por favor, ¿puedes guardar silencio?”. Tus palabras pueden arrollar o pueden convertirse en un ejemplo de cómo relacionarse de manera respetuosa. El lenguaje es una de las principales herramientas para educar, así que es muy importante utilizarlo adecuadamente.

No es lo mismo decirle a un niño que se calle de una vez o que se esté quieto a pedirle que guarde silencio o espere un segundo

2. Déjale tomar pequeñas decisiones

Es importante que los niños vayan aprendiendo a tomar decisiones desde pequeños y que asuman la responsabilidad que estas conllevan. Así irás fomentando la autoconfianza. Cuando sea pequeño, lo ideal es que le des solo dos opciones, pero a medida que crezca puedes darle mayor libertad y animarle a reflexionar sobre las consecuencias de sus decisiones.

3. El castigo debe ser educativo

Si tienes que recurrir al castigo, asegúrate de que tu hijo comprenda las causas. El miedo al castigo por sí solo no sirve de nada; el castigo en sí es inútil si el niño no entiende qué ha hecho mal y por qué. Además, para que un castigo pueda ser educativo, debes brindar opciones alternativas de conducta, de manera que tu hijo sepa cómo debe comportarse en una situación similar en el futuro. Y jamás uses frases que humillen o coloquen etiquetas, como “eres un niño malo” o “eres muy torpe”.

Si tienes que castigarle, déjale claro qué ha hecho mal y por qué

4. No reprimas sus emociones

Las emociones son reacciones naturales, por lo que nunca se le debe decir a un niño frases como “no debes enfadarte” o “llorar es de débiles”. Quien esconde o ignora sus emociones no tiene una buena inteligencia emocional. Por eso, el papel de los padres es enseñar a sus hijos a expresar de manera más asertiva sus emociones y sentimientos. Un niño jamás debe tener miedo a expresar lo que siente.

5. Educa en el respeto

Los niños aprenden en gran medida por imitación, por lo que el ejemplo de los padres es fundamental para que desarrollen sus estrategias de resolución de conflictos. Si te equivocas, pídele disculpas, así tu hijo se sentirá valorado y en el futuro tendrá la humildad necesaria para pedir disculpas cuando se equivoque. Recuerda que no estás educando solamente al niño, sino al adulto del mañana.

Se puede educar con firmeza, desde el amor y el respeto. Dejemos atrás el miedo al castigo.


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