Los niños no son un diamante en bruto que debamos tallar hasta alcanzar la perfección; más bien son como pequeñas semillas, por lo que la labor de los padres y maestros consiste en cerciorarse de que tienen un entorno seguro donde crecer y desarrollarse.

“Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo”. —María Montessori

Por desgracia, los adultos a menudo pensamos que nuestra manera de hacer las cosas y comprender el mundo es la única válida, por lo que, en vez de contribuir al desarrollo de los niños, lo limitamos. Cada vez que le “enseñamos” a un niño una verdad que no admite discusión, cerramos un camino hacia el descubrimiento.

La función de los adultos no es crear copias exactas de sí mismos, sino dar a los niños las herramientas que necesitan para desarrollar sus capacidades, plantearse sus propias metas y perseguir sus sueños.

Educar no es llenar la mente de conceptos y teorías sino liberarla para que pueda pensar y crear.

educación-niños-niñasEsa visión limitada y restrictiva de la educación proviene directamente de la escolástica, una tendencia educativa que se implantó en el Medievo y aún sobrevive en nuestras escuelas. El problema radica en que el principal objetivo de los escolásticos no era conocer nuevos hechos, sino integrar el conocimiento que ya se había adquirido y que provenía de la filosofía griega y el cristianismo.

A aquellos maestros no les interesaba que sus estudiantes pensaran, sino que memorizaran una serie de verdades que se consideraban inmutables. Desgraciadamente, la educación todavía no ha podido desembarazarse de esa impronta.

Este maravilloso corto animado del 2010 titulado A cloudy lesson (Una lección en las nubes) aborda este tema y se convierte en una valiosísima lección para los padres, maestros y adultos en general. Es una creación de la directora Yezi Xue y captura un momento de aprendizaje mágico entre un abuelo y su nieto.

5 aprendizajes para la vida

1. No hay una manera correcta de hacer las cosas 

Se puede llegar al mismo destino por diferentes caminos. Cada persona es distinta, por lo que debe encontrar por sí misma la forma de hacer las cosas con la que se sienta más cómoda e identificada. Si obligamos a los niños a hacer las cosas a nuestro modo, estaremos limitando su creatividad e identidad.

“Tenemos que enseñar a los niños cómo pensar, no qué pensar” —Margaret Mead

2. Los errores pueden ser la semilla de grandes descubrimientos

“Si no estás cometiendo ningún error, no estás innovando. Si estás cometiendo los mismos errores, no estás aprendiendo”, afirmó el escritor Rick Warren. De hecho, ¿sabías que los rayos X, la penicilina y el marcapasos, entre otros inventos, fueron descubiertos por accidente? Castigar los errores solo genera miedo al fracaso, cuando en realidad pueden convertirse en potentes herramientas de aprendizaje.

3. A veces un pequeño cambio de perspectiva lo cambia todo

A veces basta un ¿por qué? o un simple ¿y por qué no?, ¿y si no fuera así?, ¿y si probamos algo diferente? Atreverse a cambiar la perspectiva y asumir una actitud más positiva puede representar una gran transformación en la manera de ver y enfrentar la vida. Los niños suelen tener una perspectiva fresca e incontaminada, lo cual, unido a sus ansias de descubrimiento, es un tesoro valiosísimo. No se lo arrebatemos.

“El objetivo de la educación es preparar a los jóvenes para que sean capaces de educarse a sí mismos para el futuro”. —Robert M. Hutchins

4. El apoyo emocional es un poderoso motor

Según la Teoría de la Autodeterminación de Edward L. Deci, para motivar a los niños a dar lo mejor de sí no es necesario recurrir a las recompensas externas, pero es imprescindible que cuando interactúen con los demás se sientan apoyados y validados emocionalmente. Si animamos a los niños cuando cometen un error, en vez de percibir la experiencia como un fracaso que les amedrente aprenderán a sacarle provecho y crecerá su creatividad, autoestima y tolerancia a la frustración.

5. El mayor regalo es dejar ser

El mayor regalo que podemos ofrecerle a un niño, a nuestra pareja o a cualquier persona con la que mantengamos una relación cercana y estrecha, consiste simplemente en dejarle ser. No solo es una muestra de amor, sino también de respeto a su individualidad. No significa permitir todo, pero sí darle libertad para que se exprese y encuentre su identidad.

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