
Preparar un kit de emergencia para sobrevivir durante 72 horas puede sonar a comportamiento prepper, pero cada vez está más cerca de convertirse en una recomendación básica de protección civil.
La Comisión Europea incorporó en su Estrategia de Preparación de la Unión el objetivo de desarrollar directrices que permitan a la población alcanzar una autosuficiencia mínima de 72 horas en caso de que una crisis interrumpa temporalmente servicios o cadenas de suministro.

No significa que Bruselas espere un colapso de Europa.
Tampoco significa que necesitemos llenar nuestras casas de comida para varios años.
El principio de las 72 horas parte de una idea mucho más sencilla: durante los primeros días de una emergencia grave puede resultar difícil acceder con normalidad a agua, alimentos, electricidad, comunicaciones, medicamentos, transporte o sistemas de pago.
Una inundación.
Un incendio.
Un gran temporal.
Un terremoto.
Un apagón.
Una avería importante.
Un ciberataque.
Una evacuación.
O cualquier otro acontecimiento capaz de alterar temporalmente nuestra rutina.
La pregunta interesante es, por tanto:
¿qué deberíamos tener realmente en casa para desenvolvernos durante tres días sin depender inmediatamente de ayuda externa?
La respuesta es bastante menos espectacular que muchos vídeos de supervivencia.
No necesitamos necesariamente un búnker.
Necesitamos agua.
Comida.
Luz.
Información.
Medicamentos.
Una pequeña capacidad para comunicarnos.
Y, sobre todo, un plan.

¿Qué es exactamente un kit de emergencia de 72 horas?
Un kit de emergencia de 72 horas es un conjunto organizado de suministros básicos que permite cubrir algunas necesidades esenciales de una persona o familia durante aproximadamente tres días cuando los servicios habituales se encuentran temporalmente interrumpidos.
No existe un kit universal válido para todo el mundo.
Una persona que vive sola en Madrid tiene necesidades diferentes de una familia de cinco miembros en una vivienda rural.
Una persona insulinodependiente necesita una planificación distinta de alguien que no utiliza medicación.
Un hogar con bebés necesita incorporar alimentación e higiene específicas.
Y una persona con movilidad reducida puede necesitar equipamiento adicional y un plan de evacuación adaptado.
Por tanto, la mejor definición sería:
El mejor kit de emergencia no es el que contiene más cosas, sino el que responde a las necesidades reales de las personas que van a utilizarlo.
¿Por qué exactamente 72 horas?
Las 72 horas no constituyen una frontera científica a partir de la cual una situación cambie radicalmente.
Funcionan fundamentalmente como un periodo inicial de autonomía.
La Comisión Europea ha explicado que este intervalo se basa en prácticas internacionales de preparación ante emergencias y que permite ganar tiempo mientras los servicios públicos evalúan daños, restauran infraestructuras y alcanzan a las poblaciones afectadas.
En 2026, la preparación doméstica ha seguido ganando presencia dentro de la política europea. Un panel formado por 150 ciudadanos de los 27 Estados miembros presentó recomendaciones sobre preparación ante crisis, entre ellas mejorar la comunicación sobre las directrices de autosuficiencia durante 72 horas.
La lógica es sencilla.
Si miles de personas pueden cubrir inicialmente algunas de sus necesidades básicas, los servicios de emergencia pueden dedicar sus recursos a quienes necesitan asistencia inmediata.
Pero hay que evitar una interpretación equivocada:
72 horas no significa que toda emergencia termine después de tres días.
Un fenómeno grave puede durar considerablemente más.
Las 72 horas constituyen simplemente un buen primer nivel de preparación.

Antes de comprar nada: hay dos kits diferentes
Este es uno de los errores más frecuentes en los contenidos sobre supervivencia.
Se habla indistintamente de “kit de emergencia”, “mochila de supervivencia” y “mochila de 72 horas”.
Pero deberían diferenciarse dos conceptos.
Kit doméstico de emergencia
Está diseñado para permanecer en casa.
Puede contener productos relativamente pesados o voluminosos:
agua,
alimentos,
mantas,
productos de higiene,
baterías,
herramientas.
Su objetivo es permitirnos permanecer temporalmente en nuestra vivienda cuando hacerlo sea seguro.
Mochila de evacuación
Su finalidad es exactamente la contraria.
Debe poder transportarse.
Aquí importan muchísimo el peso y el volumen.
No tendría sentido meter en una mochila toda el agua necesaria para tres días si después una persona no puede caminar con ella.
Por eso una familia bien preparada puede disponer de un pequeño sistema doméstico de emergencia y, además, una mochila de evacuación mucho más ligera.
Son complementarios.
No son lo mismo.

La lista esencial de un kit de emergencia de 72 horas
Como referencia inicial, un hogar debería plantearse cubrir estas grandes categorías:
- agua potable;
- alimentos que no dependan necesariamente de electricidad o cocina;
- medicamentos habituales y material sanitario;
- botiquín;
- linternas;
- pilas o baterías;
- radio independiente de Internet;
- batería externa para teléfonos;
- cargadores y cables;
- documentación importante;
- contactos familiares;
- algo de dinero en efectivo;
- productos básicos de higiene;
- ropa y protección térmica adecuada a la época;
- necesidades de bebés, mayores, personas dependientes y mascotas;
- herramientas básicas;
- un plan familiar de emergencia.
Pero la lista solo resulta útil cuando entendemos para qué sirve cada elemento y cuánto necesitamos realmente.
1. Agua: probablemente la prioridad número uno
Podemos permanecer bastante tiempo sin determinados alimentos.
El agua es diferente.
Además de beberla, podemos necesitarla para preparar alimentos, tomar medicación o mantener una higiene mínima.
Ready.gov, el portal de preparación ante emergencias del Gobierno estadounidense, utiliza como referencia aproximadamente un galón de agua por persona y día, unos 3,8 litros, incluyendo bebida y saneamiento básico. Recomienda disponer de esa cantidad durante al menos tres días.
La Cruz Roja estadounidense utiliza una referencia similar para sus reservas de emergencia.
Esto nos permite realizar un cálculo sencillo.
Una persona:
aproximadamente 11–12 litros para tres días.
Dos personas:
aproximadamente 23 litros.
Cuatro personas:
aproximadamente 45 litros.
Aquí se entiende inmediatamente por qué el agua debería estar fundamentalmente almacenada en casa y no cargada dentro de una mochila.
¿Son obligatorios exactamente 3,8 litros?
No.
Las necesidades dependen del clima, actividad física, edad, alimentación y circunstancias individuales.
Además, diferentes organismos utilizan cantidades mínimas diferentes según estén calculando únicamente agua potable o incluyendo también higiene y otras necesidades.
Por eso resulta más sensato pensar en un rango práctico.
Para una reserva doméstica, intentar disponer aproximadamente de 3–4 litros por persona y día proporciona un margen razonable cuando es posible.
En climas muy calurosos, durante actividad física intensa o ante determinadas situaciones médicas pueden necesitarse cantidades superiores.
¿Hay que comprar agua “prepper”?
No.
Agua potable comercial correctamente almacenada puede cumplir perfectamente esta función.
El objetivo no es comprar el producto más sofisticado.
Es disponer de agua segura cuando el grifo no funciona o las autoridades indican que temporalmente no debe consumirse.
2. Comida para tres días: menos complicada de lo que parece
Otro error frecuente consiste en imaginar que necesitamos alimentos especiales de supervivencia.
Para una emergencia doméstica de tres días, la mayoría de las personas probablemente no necesita comida liofilizada con veinte años de caducidad.
Resulta mucho más práctico almacenar productos que:
se conserven a temperatura ambiente,
sean familiares,
resulten fáciles de abrir,
requieran poca o ninguna preparación
y puedan rotarse dentro de nuestra alimentación habitual.
Ready.gov recomienda al menos tres días de alimentos no perecederos. La Cruz Roja utiliza igualmente alimentos duraderos y fáciles de preparar como base de un kit.
Pueden utilizarse, dependiendo de las preferencias personales:
conservas de pescado,
legumbres cocidas,
frutos secos,
panes duraderos,
galletas,
tortitas,
fruta conservada,
leche UHT,
bebidas vegetales,
cremas de frutos secos,
alimentos infantiles,
barritas
u otros productos que puedan consumirse directamente.
Lo importante es no construir una despensa de emergencia alrededor de alimentos que nunca comeríamos normalmente.
Comprar alimentos habituales y rotarlos periódicamente suele ser más económico y sostenible que crear una despensa apocalíptica separada.

¿Cuántas calorías hay que almacenar?
No existe una cifra universal que deba aplicarse indistintamente a todos los adultos.
Las necesidades energéticas varían según edad, sexo, masa corporal, actividad física, embarazo, lactancia y estado de salud.
Y durante una emergencia de corta duración la prioridad no es diseñar una dieta nutricionalmente perfecta.
La prioridad es disponer de alimentos suficientes y seguros.
Un sistema práctico consiste en imaginar literalmente:
¿qué podría desayunar, comer y cenar durante tres días si no tuviera electricidad ni pudiera ir al supermercado?
Y preparar esas nueve comidas.
Esta pregunta suele resultar mucho más útil que comprar una caja genérica etiquetada como “supervivencia”.
3. No almacenes alimentos que dependan completamente de cocinar
Este punto se olvida con facilidad.
Pasta.
Arroz.
Legumbres secas.
Harina.
Son excelentes alimentos de despensa.
Pero si la emergencia implica un apagón y nuestra cocina es eléctrica, pueden convertirse en alimentos difíciles de utilizar.
Por eso parte de las reservas debería poder consumirse sin cocinar.
Otra opción consiste en disponer de un sistema de cocinado alternativo seguro.
Pero aquí aparece una advertencia fundamental.
Nunca conviertas un apagón en una intoxicación por monóxido de carbono
Durante cortes eléctricos, algunas personas utilizan generadores, barbacoas o cocinas portátiles de combustible dentro de viviendas o garajes.
Puede ser mortal.
El monóxido de carbono es un gas incoloro e inodoro capaz de acumularse en espacios cerrados.
Los CDC recomiendan no utilizar nunca generadores dentro de viviendas o garajes, incluso con puertas o ventanas abiertas, y tampoco emplear dentro de casa barbacoas de carbón o cocinas portátiles de camping destinadas al exterior.
Un generador debe utilizarse en exterior y suficientemente alejado de puertas, ventanas y sistemas de ventilación.
Por eso, en un kit de 72 horas resulta razonable priorizar alimentos que puedan consumirse sin recurrir a soluciones improvisadas de combustión.
4. Medicamentos: mucho más importantes que muchos gadgets prepper
Una persona que toma diariamente determinada medicación puede encontrarse en problemas mucho antes por quedarse sin ella que por no disponer de una multiherramienta táctica.
La Cruz Roja incluye los medicamentos y suministros médicos entre los componentes prioritarios del kit y recomienda considerar una reserva suficiente para varios días.
Pero existe una diferencia importante respecto a agua o comida:
no debe acumularse medicación de prescripción de forma indiscriminada.
Las cantidades adicionales deben ajustarse a la prescripción médica, condiciones de almacenamiento, legislación y necesidades reales.
Además, determinados medicamentos necesitan refrigeración.
Una persona que dependa de ellos necesita un plan específico para cortes eléctricos.
También conviene disponer de una lista actualizada que incluya:
nombre del medicamento,
dosis,
horario,
alergias relevantes
y contactos sanitarios importantes.
5. Un botiquín, pero también saber utilizarlo
Un botiquín básico debería estar accesible y revisarse periódicamente.
Puede incluir material para pequeñas heridas, curas y problemas habituales.
Sin embargo, almacenar un enorme botiquín que nadie sabe utilizar ofrece una falsa sensación de seguridad.
Un curso básico de primeros auxilios puede tener más valor que comprar veinte productos adicionales.
En preparación ante emergencias aparece constantemente la misma regla:
conocimiento antes que equipamiento.
6. Linternas: mejor que depender del móvil
El teléfono incorpora una linterna excelente.
Pero utilizarlo continuamente como fuente de iluminación consume precisamente la batería del dispositivo que probablemente necesitamos para:
comunicarnos,
consultar alertas,
localizar información,
utilizar mapas
o contactar con emergencias.
Una linterna independiente resulta barata, ligera y extremadamente útil.
Idealmente habría varias distribuidas en lugares conocidos de la vivienda.
El peor momento para buscar una linterna es después de que se haya ido la luz.
7. Pilas y baterías
No sirve de demasiado disponer de una linterna si las baterías están descargadas.
Por eso conviene conocer qué dispositivos del hogar utilizan pilas y almacenar una pequeña cantidad compatible.
Las baterías recargables pueden resultar perfectamente válidas si existe un sistema para mantenerlas cargadas.
La clave vuelve a ser organización, no acumulación.
8. Una batería externa para el móvil
Una power bank resulta posiblemente uno de los elementos modernos más útiles dentro de un kit doméstico.
En circunstancias normales también puede utilizarse durante:
viajes,
excursiones,
trayectos,
trabajo
o cortes eléctricos menores.
Eso la convierte en un ejemplo excelente de preparación racional:
comprar algo útil durante todo el año que además aumenta nuestra resiliencia en una emergencia.
Conviene comprobarla periódicamente porque una batería almacenada durante años puede encontrarse descargada cuando realmente se necesita.
9. Los cables importan tanto como la batería
Parece trivial hasta que ocurre.
Una batería externa completamente cargada resulta inútil si no tenemos el cable adecuado para conectar el teléfono.
El kit debería reunir:
cables,
adaptadores necesarios
y cargadores compatibles.
Especialmente si dentro del hogar existen dispositivos con conectores diferentes.
10. Una radio puede seguir teniendo sentido en 2026
Puede parecer un objeto del pasado.
Precisamente por eso resulta interesante.
Dependemos cada vez más de Internet para recibir información.
Pero determinados fallos eléctricos o de telecomunicaciones pueden afectar temporalmente a las redes de datos.
Una radio portátil alimentada por pilas o mediante dinamo permite disponer de una vía adicional para recibir información pública.
Ready.gov y la Cruz Roja continúan incluyendo una radio independiente entre sus recomendaciones básicas.
No significa que vayamos a sustituir nuestros teléfonos.
Significa disponer de redundancia.
Y la redundancia es uno de los principios fundamentales de la preparación.
11. El teléfono móvil sigue siendo una herramienta esencial
Aunque no conviene depender exclusivamente del smartphone, continúa siendo probablemente nuestra herramienta de emergencia más versátil.
En España existe además ES-Alert, el sistema público de alertas mediante telefonía móvil integrado en la Red de Alerta Nacional.
Permite a las autoridades enviar avisos directamente a los teléfonos que se encuentren dentro de una zona afectada por una emergencia.
El sistema funciona mediante Cell Broadcast y los mensajes pueden aparecer acompañados de sonido y vibración incluso si el dispositivo está silenciado o en modo “No molestar”.
Por eso mantener el teléfono operativo y con batería es una parte importante del kit contemporáneo de emergencia.
12. Documentación importante
No resulta necesario guardar todos nuestros documentos originales dentro de una mochila.
Pero sí conviene pensar qué información necesitaríamos si tuviéramos que abandonar nuestra vivienda inesperadamente.
Por ejemplo:
documentación personal,
información sanitaria relevante,
pólizas,
contactos,
datos de familiares,
documentación de menores
o información relativa a mascotas.
La Cruz Roja recomienda incluir copias de documentación personal importante dentro de los sistemas de preparación doméstica.
Una combinación razonable puede ser disponer de copias físicas de los documentos esenciales y una copia digital protegida.
13. Una lista de teléfonos escrita en papel
¿Cuántos números de teléfono conocemos de memoria?
Probablemente muy pocos.
Dependemos completamente de la agenda del móvil.
Una pequeña hoja con:
familiares,
contactos de emergencia,
centro sanitario,
seguros,
veterinario
u otras referencias importantes
apenas ocupa espacio.
Pero puede resultar extraordinariamente útil si nuestro teléfono se rompe, se pierde o se queda sin batería.
14. Algo de dinero en efectivo
Vivimos en una economía cada vez más digital.
Esto resulta extremadamente cómodo mientras funcionan:
electricidad,
telecomunicaciones,
terminales de pago,
bancos
y redes informáticas.
Durante determinadas interrupciones, algunos sistemas electrónicos pueden quedar temporalmente fuera de servicio.
Por eso organismos como la Cruz Roja incluyen una pequeña cantidad de efectivo dentro de sus recomendaciones de emergencia.
No significa guardar grandes sumas en casa.
Simplemente disponer de una cantidad razonable para pequeñas necesidades durante una interrupción temporal de los medios electrónicos de pago.
15. Higiene y saneamiento
Tres días sin determinados productos cotidianos pueden resultar bastante incómodos.
Además, algunas emergencias pueden afectar al suministro de agua.
Conviene considerar:
papel higiénico,
gel hidroalcohólico,
productos menstruales,
pañales,
toallitas,
bolsas resistentes
y otros productos de higiene específicos del hogar.
Ready.gov incluye productos de saneamiento como parte de su kit básico.
16. Ropa, abrigo y manta
La preparación debe adaptarse al clima.
Una emergencia en agosto en Andalucía no presenta las mismas necesidades que una nevada invernal en una zona de montaña.
Mantener una manta, ropa de abrigo o protección frente a lluvia puede ser especialmente relevante en determinados territorios y estaciones.
No existe una lista universal.
Existe una pregunta universal:
¿qué necesitaría para mantenerme razonablemente protegido del entorno durante tres días?
17. Un silbato
Pesa pocos gramos.
No necesita batería.
Y puede utilizarse para pedir ayuda cuando gritar repetidamente resulta agotador.
Por esa razón aparece también en listas oficiales de preparación como la de Ready.gov.
No es imprescindible en todas las situaciones, pero tiene una excelente relación entre peso, coste y posible utilidad.
18. Abrelatas manual
Es uno de los clásicos ejemplos de preparación inteligente.
Si buena parte de nuestros alimentos de emergencia están en latas que requieren abrelatas, conviene que este no dependa de electricidad.
Parece obvio.
Precisamente por eso se olvida.
19. Mapas y direcciones sin depender de Internet
Google Maps ha hecho que prácticamente dejemos de utilizar mapas físicos.
Pero durante una evacuación o fallo de comunicaciones puede ser útil conocer:
rutas alternativas,
puntos de reunión,
carreteras
y ubicaciones relevantes.
Ready.gov continúa incluyendo mapas locales dentro de sus recomendaciones de emergencia.
También es posible descargar mapas para utilizarlos sin conexión.
20. Una pequeña herramienta multiusos
Puede resultar práctica.
Pero ocupa un lugar muy diferente en la jerarquía de prioridades respecto a agua, medicamentos o iluminación.
El mundo prepper tiende a convertir herramientas llamativas en protagonistas.
Un kit racional hace exactamente lo contrario.
Primero cubre las necesidades básicas.
Después añade accesorios.

El kit cambia completamente cuando hay niños
Una familia con un bebé necesita adaptar sus reservas.
Podría necesitar:
alimentación específica,
pañales,
toallitas,
medicación,
agua segura,
ropa,
productos de higiene
y elementos de confort.
Los niños también deben conocer, en función de su edad, las reglas básicas del plan familiar:
qué hacer,
dónde reunirse,
a quién llamar
y cuándo seguir instrucciones de los adultos o servicios de emergencia.
La preparación no debería utilizarse para transmitirles miedo.
Debería plantearse como una rutina de seguridad similar a saber qué hacer ante un incendio.
Personas mayores y personas dependientes
Un kit estándar puede ser insuficiente.
Es importante considerar:
medicación,
audífonos,
baterías,
equipos médicos,
productos de movilidad,
dietas específicas
y posibles necesidades de transporte.
La Comisión Europea ha insistido recientemente en que las políticas de preparación deben ser inclusivas y evitar que mayores y personas con discapacidad queden fuera de los sistemas de información y asistencia.
La planificación debe empezar antes de la emergencia.
No olvidemos a las mascotas
Agua.
Comida.
Medicación.
Correa.
Transportín.
Documentación.
Identificación.
Una emergencia afecta a todo el hogar.
La Cruz Roja incluye explícitamente las necesidades de animales domésticos entre los elementos que deben considerarse al personalizar un kit.

¿Dónde debería guardarse el kit?
No existe una ubicación universal.
Debe cumplir tres características:
ser accesible,
ser conocida por los miembros del hogar
y no encontrarse en una zona especialmente vulnerable al riesgo principal.
Por ejemplo, almacenar todas las reservas en un sótano puede ser mala idea en una vivienda cuyo principal riesgo sea una inundación.
Guardar las linternas en un lugar imposible de localizar a oscuras tampoco tiene demasiado sentido.
La preparación debe analizar el entorno.
No copiar mecánicamente una lista de Internet.
No compres un kit preparado sin revisarlo
Internet está lleno de kits de “72 horas” ya montados.
Pueden resultar cómodos.
Pero la etiqueta no garantiza que respondan a nuestras necesidades.
Antes de comprar uno conviene comprobar:
cantidad real de agua,
tipo y cantidad de comida,
calidad de la linterna,
capacidad de las baterías,
material sanitario,
tallas,
fechas de caducidad
y número real de personas para las que ha sido diseñado.
En muchos casos resulta más económico construir el kit progresivamente utilizando productos que ya usamos.
¿Cuánto cuesta preparar un kit de 72 horas?
Puede costar muchísimo.
O relativamente poco.
Depende principalmente de cuánto equipamiento especializado decidamos comprar.
Pero un kit básico puede comenzar utilizando elementos que probablemente ya existen en casa:
agua,
conservas,
linterna,
medicación,
mantas,
radio,
batería externa,
productos de higiene,
documentación.
Aquí aparece uno de los mayores problemas comerciales alrededor del prepping.
La percepción de riesgo puede utilizarse para convencernos de que necesitamos equipos cada vez más sofisticados.
Pero preparación no debería significar consumo compulsivo.
El error prepper: comprar antes de pensar
Imaginemos dos personas.
Una compra por Internet 1.000 euros en equipamiento de supervivencia.
La otra:
almacena agua,
organiza su comida,
mantiene sus medicamentos accesibles,
dispone de linternas,
carga una batería,
fotocopia sus documentos,
aprende primeros auxilios
y diseña un punto de reunión familiar.
La segunda probablemente está mejor preparada para muchas emergencias cotidianas.
Comprar produce una sensación inmediata de control.
Planificar exige pensar.
Y pensar suele ser más importante.

El kit de emergencia debería incluir también un plan
Supongamos que una inundación obliga a abandonar la vivienda.
¿Dónde se reúne la familia?
¿Quién recoge a los niños?
¿Quién ayuda a una persona dependiente?
¿Quién lleva la medicación?
¿Quién transporta la mochila?
¿Dónde están las mascotas?
¿A qué familiar se informa?
¿Qué ruta alternativa existe?
Ningún objeto puede sustituir estas decisiones.
Por eso Ready.gov resume la preparación ciudadana alrededor de tres grandes ideas:
disponer de suministros,
crear un plan
y mantenerse informado.
Prepárate también para recibir información fiable
Durante una emergencia puede producirse una enorme cantidad de rumores.
Redes sociales.
Mensajes reenviados.
Audios.
Capturas de pantalla.
Vídeos antiguos reutilizados.
Consejos supuestamente urgentes.
Una preparación racional incluye definir previamente cuáles serán nuestras fuentes fiables:
Protección Civil,
112,
administraciones públicas,
servicios meteorológicos,
autoridades sanitarias,
ES-Alert
y medios fiables.
Una emergencia no es el momento adecuado para descubrir si un mensaje viral procede realmente de una autoridad.
¿Cada cuánto debemos revisar el kit?
Un kit de emergencia no es una cápsula del tiempo.
Debe revisarse periódicamente.
Especialmente:
alimentos,
agua,
pilas,
baterías,
medicamentos,
documentación,
ropa
y necesidades personales.
Una revisión cada seis meses puede resultar una rutina práctica.
Por ejemplo, coincidiendo con cambios de estación.
Los productos próximos a caducar pueden consumirse y reemplazarse.
Así evitamos desperdicios.
El método FIFO también sirve para la despensa prepper
FIFO significa First In, First Out:
lo primero que entra es lo primero que sale.
En la práctica:
colocamos delante los alimentos con fecha de consumo más próxima,
los utilizamos normalmente
y reponemos detrás productos nuevos.
Esto transforma la despensa de emergencia en una extensión de la despensa habitual.
Es probablemente una estrategia mucho más racional que almacenar durante años productos que nunca utilizamos.
Una familia de cuatro personas: ejemplo práctico
Pensemos en dos adultos y dos niños.
Su preparación doméstica para tres días podría comenzar por:
aproximadamente 35–45 litros de agua, ajustándolo a edad, clima y necesidades;
comidas suficientes para tres días;
productos infantiles necesarios;
medicación habitual;
linternas;
baterías;
una o dos baterías externas;
radio;
botiquín;
higiene;
documentación;
dinero en efectivo;
mantas;
comida y agua para mascotas, si las hay.
Nada extraordinario.
Pero probablemente suficiente para transformar radicalmente la experiencia de un corte temporal de suministros.
¿Y si quiero prepararme para más de 72 horas?
Tiene sentido.
Las 72 horas deberían interpretarse como el primer peldaño, no necesariamente el máximo.
La propia Cruz Roja estadounidense distingue entre una reserva portátil de tres días para evacuación y reservas domésticas que pueden llegar a dos semanas.
Una estrategia progresiva podría ser:
primero 24 horas,
después 72 horas,
posteriormente una semana
y, si las circunstancias personales lo justifican, reservas mayores.
Esto resulta mucho más razonable que empezar intentando prepararse para seis meses.
Qué NO necesitas necesariamente en un kit de 72 horas
Aquí probablemente encontramos tanta información útil como en la lista de cosas que sí necesitamos.
Para la mayoría de los hogares no resulta imprescindible comenzar comprando:
comida para varios años,
máscaras antigás,
equipamiento militar,
herramientas tácticas costosas,
enormes sistemas de generación,
búnkeres,
trajes especiales
o dispositivos de supervivencia de dudosa utilidad.
Puede haber situaciones particulares donde algunos equipos tengan sentido.
Pero no deberían formar parte de una recomendación doméstica universal.
La regla debería ser:
primero lo probable y básico; después lo excepcional.
¿Qué debería comprar primero si empiezo desde cero?
No hay que comprar todo de una vez.
Primero revisa lo que ya tienes.
Después cubre las carencias de mayor impacto:
agua,
comida,
medicación,
luz,
energía,
información.
Y finalmente personaliza.
Un buen kit puede construirse durante varias semanas incorporando pequeñas mejoras.
No existe ninguna necesidad de realizar una “compra prepper” masiva.
Preguntas frecuentes sobre el kit de emergencia de 72 horas
¿Qué es un kit de emergencia de 72 horas?
Es un conjunto de suministros básicos destinado a permitir que una persona o familia cubra determinadas necesidades esenciales durante unos tres días cuando servicios como electricidad, agua, comunicaciones o abastecimiento se encuentran temporalmente interrumpidos.
¿Por qué la Unión Europea habla de 72 horas?
La Estrategia de Preparación de la Unión contempla desarrollar directrices para que la población pueda alcanzar una autosuficiencia mínima de 72 horas. La Comisión considera ese periodo relevante para cubrir la fase inicial de una emergencia mientras las autoridades restauran servicios y alcanzan a las zonas afectadas.
¿Cuánta agua necesito para 72 horas?
Como referencia conservadora para una reserva doméstica, Ready.gov utiliza aproximadamente 3,8 litros por persona y día incluyendo bebida y saneamiento. Eso supone aproximadamente 11–12 litros por persona para tres días.
Las necesidades reales pueden aumentar por calor, actividad física o circunstancias médicas.
¿Qué alimentos debería guardar?
Alimentos duraderos, familiares, fáciles de abrir y que puedan consumirse sin electricidad o con muy poca preparación. No es necesario comprar alimentos especiales de supervivencia para una reserva doméstica básica.
¿Necesito una radio si tengo teléfono?
No es imprescindible en todas las circunstancias, pero proporciona una vía de comunicación adicional si Internet o las redes móviles fallan. Ready.gov y la Cruz Roja siguen incluyéndola entre los elementos básicos de preparación.
¿Debo tener dinero en efectivo?
Puede resultar razonable disponer de una pequeña cantidad para compras esenciales si temporalmente no funcionan tarjetas, cajeros o sistemas de pago electrónico.
¿Debo comprar un generador?
No necesariamente. Para una emergencia de 72 horas muchos hogares pueden organizarse sin uno. Si se utiliza un generador de combustible, nunca debe funcionar dentro de una vivienda, garaje o espacio cerrado debido al riesgo de intoxicación por monóxido de carbono.
¿Kit de 72 horas y mochila de emergencia son lo mismo?
No. El kit doméstico puede ser más pesado y voluminoso. La mochila está diseñada para evacuar y debe poder transportarse cómodamente.
¿Dónde guardo el kit?
En un lugar accesible, conocido por todos los miembros de la familia y adaptado a los riesgos de la vivienda. Conviene evitar ubicaciones vulnerables a inundación, fuego u otros peligros previsibles.
¿Cada cuánto debería revisarlo?
Una revisión aproximadamente cada seis meses es una buena rutina práctica, aunque determinados elementos pueden necesitar controles más frecuentes.
Las 72 horas no consisten en prepararnos para el fin del mundo
Quizá esta sea la conclusión más importante.
Un kit de emergencia no debería construirse desde el miedo.
Debería construirse desde el análisis de nuestras dependencias.
Abrimos un grifo y esperamos agua.
Pulsamos un interruptor y esperamos electricidad.
Acercamos una tarjeta y esperamos que el pago funcione.
Miramos el teléfono y esperamos encontrar información.
Vamos al supermercado y esperamos encontrar alimentos.
La mayoría de las veces todo funciona.
Y precisamente porque funciona tan bien hemos perdido parte de nuestra capacidad para desenvolvernos cuando algo se interrumpe.
Prepararse durante 72 horas no significa desconfiar de las instituciones.
Tampoco pensar que Europa está a punto de colapsar.
Significa reconocer que ningún sistema complejo puede garantizar disponibilidad absoluta durante todas las circunstancias imaginables.
Una pequeña reserva de agua.
Tres días de alimentos.
Una linterna.
Una radio.
Una batería cargada.
Los medicamentos necesarios.
Un poco de efectivo.
Documentación organizada.
Y un plan familiar.
Eso es suficiente para empezar.
Y probablemente sea una forma mucho más sensata de entender el movimiento prepper:
no como una carrera por acumular objetos antes del apocalipsis,
sino como una manera de reducir pequeñas vulnerabilidades antes de que se conviertan en grandes problemas.
La preparación no elimina el riesgo.
Pero puede conseguir algo muy valioso:
que una emergencia sea un problema que gestionar y no una situación de pánico que improvisar.

Fuentes y referencias
Comisión Europea — EU Preparedness Union Strategy. La estrategia europea contempla desarrollar directrices para alcanzar una autosuficiencia mínima de 72 horas entre la población.
Parlamento Europeo — explicación de la Comisión sobre las 72 horas. La Comisión explica que el periodo se basa en prácticas internacionales de preparación y busca cubrir la fase inicial de interrupción de servicios.
Comisión Europea — Panel Europeo de Ciudadanos sobre Preparación, 2026. Las recomendaciones ciudadanas incluyen reforzar la comunicación sobre autosuficiencia durante 72 horas y mejorar la preparación de la población.
Ready.gov / FEMA — Basic Emergency Supply Kit. Referencia oficial estadounidense sobre agua, alimentos, radio, iluminación, primeros auxilios, higiene y otros suministros básicos.
American Red Cross — Survival Kit Supplies. Orientaciones sobre agua, alimentos, medicamentos, documentación y adaptación del kit a cada familia.
Dirección General de Protección Civil y Emergencias — ES-Alert. Información oficial sobre el sistema español de alertas de emergencia mediante telefonía móvil.
CDC — Prevención de intoxicaciones por monóxido de carbono. Recomendaciones de seguridad para generadores, barbacoas y sistemas de combustión durante apagones.
