Las apuestas deportivas pueden convertirse en una conducta altamente adictiva porque combinan recompensas impredecibles, gratificación inmediata, ilusión de control y la tentación de recuperar rápidamente el dinero perdido. Un patrón parecido puede aparecer en ciertas formas de trading extremadamente especulativo —especialmente cuando hay operaciones compulsivas, apalancamiento elevado, decisiones impulsivas o persecución de pérdidas— hasta el punto de que la actividad deja de parecerse a una estrategia de inversión y empieza a funcionar psicológicamente como una apuesta. Invertir y apostar no son equivalentes, pero cuando predominan la emoción, la urgencia, el riesgo excesivo y la necesidad de “recuperar” lo perdido, la frontera entre ambas conductas puede volverse peligrosamente difusa.

Presentar las apuestas deportivas como una forma de generar ingresos resulta engañoso desde el punto de vista matemático y económico. Una persona puede ganar una apuesta, encadenar varias victorias e incluso terminar un determinado mes con beneficios. Pero eso es muy diferente de disponer de un mecanismo fiable para ganar dinero.
La diferencia fundamental está en el valor esperado.
Las casas de apuestas no ofrecen cuotas neutrales. Incorporan un margen diseñado para que, considerando un gran número de apuestas, el rendimiento esperado del conjunto de clientes sea negativo y el del operador sea positivo.
Un ejemplo matemático muy sencillo
Imaginemos un acontecimiento con dos resultados que realmente tienen una probabilidad del 50 % cada uno.
Si las apuestas fueran completamente justas, las cuotas decimales deberían ser:
Resultado A: 2,00
Resultado B: 2,00
Apostando 10 euros a cuota 2,00, una victoria produciría 10 euros de beneficio y una derrota supondría perder 10 euros.
El valor esperado sería:
0,50 × 10 € + 0,50 × (−10 €) = 0 €
A largo plazo, antes de costes adicionales, sería un juego matemáticamente neutral.
Pero una casa de apuestas podría ofrecer:
Resultado A: 1,90
Resultado B: 1,90
Ahora, si apostamos 10 euros:
- si ganamos, obtenemos 9 euros de beneficio;
- si perdemos, perdemos 10 euros.
El valor esperado pasa a ser:
0,50 × 9 € + 0,50 × (−10 €) = −0,50 €
Es decir, por cada 10 euros apostados, la pérdida esperada es de 0,50 euros, equivalente al 5 % de lo apostado.
Una apuesta concreta puede salir ganadora. El problema aparece cuando repetimos el proceso.
Si realizáramos 100 apuestas de 10 euros bajo las mismas condiciones:
1.000 € apostados × 5 % = 50 € de pérdida esperada
Con 1.000 apuestas:
10.000 € apostados × 5 % = 500 € de pérdida esperada
Esto no significa que cada persona vaya a perder exactamente esa cantidad. Existe varianza: unas personas perderán más, otras menos y algunas incluso podrán acabar temporalmente con beneficios.
Pero el promedio matemático está inclinado contra el apostante.
El margen de la casa está integrado en las cuotas
Podemos comprobarlo también observando las probabilidades implícitas.
Una cuota de 1,90 implica aproximadamente:
1 ÷ 1,90 = 52,63 %
Si existen dos resultados y ambos cotizan a 1,90:
52,63 % + 52,63 % = 105,26 %
Pero las probabilidades reales de todos los resultados posibles solo pueden sumar el 100 %.
Ese 5,26 % adicional representa el denominado overround, relacionado con el margen introducido por la casa.
La cifra exacta de pérdida esperada depende de cómo esté distribuido ese margen entre las distintas opciones. Lo importante es comprender que las cuotas no están diseñadas para ofrecer una expectativa neutral al conjunto de jugadores.
Cuanto más se apuesta, más relevante se vuelve la desventaja matemática
Existe una intuición equivocada según la cual jugar muchas veces permite que la experiencia, la estadística o una determinada estrategia acaben compensando las pérdidas.
Cuando una actividad tiene valor esperado negativo, ocurre precisamente lo contrario.
A medida que aumenta el número de operaciones, la variabilidad aleatoria tiende a tener menos importancia frente al valor esperado.
En condiciones aproximadamente repetibles, la ley de los grandes números hace que el resultado medio tienda hacia la expectativa matemática.
Si esa expectativa es negativa, jugar más no elimina la desventaja: hace que esta tenga más oportunidades de manifestarse.
Por eso hay una enorme diferencia entre decir:
“He ganado 300 euros esta semana”
y afirmar:
“Las apuestas me permiten generar 300 euros semanales”.
El primer fenómeno puede deberse perfectamente al azar.
El segundo exigiría demostrar que existe una ventaja estadística persistente después del margen de la casa, de los errores de predicción y de una muestra suficientemente grande.
Una gran investigación reciente encontró pérdidas mayores de lo que sugiere el margen convencional
Un trabajo especialmente relevante es el publicado por Tadgh Hegarty y Karl Whelan en Applied Economics, titulado Estimating expected loss rates in betting markets: theory and evidence.
Los investigadores analizaron datos de 151.683 partidos de fútbol profesional europeo entre las temporadas 2005/06 y 2024/25, además de 130.243 partidos profesionales de tenis entre 2010 y 2024.
Sus resultados muestran algo especialmente importante: estimar las pérdidas del jugador únicamente mediante el overround convencional puede incluso infravalorar las pérdidas esperadas reales.
Una de las razones es el conocido sesgo favorito–no favorito (favorite-longshot bias): determinadas apuestas de baja probabilidad pueden incorporar márgenes particularmente desfavorables.
Hegarty y Whelan concluyen que las tasas medias de pérdida observadas en los mercados estudiados fueron sistemáticamente superiores a las que predecía el cálculo convencional del margen.
Es decir: incluso comprender el margen básico de la casa puede no ser suficiente para apreciar completamente la desventaja económica existente en algunas apuestas.
Saber mucho de deporte no equivale a saber ganar dinero apostando
Esta distinción es fundamental.
Predecir acontecimientos deportivos mejor que una persona escogiendo resultados al azar no significa necesariamente poder superar las cuotas.
Un experimento publicado en Psychology of Addictive Behaviors por Michael Cantinotti, Robert Ladouceur y Christian Jacques estudió precisamente esta cuestión.
Participaron 30 apostantes con conocimientos de hockey.
Los participantes consiguieron acertar aproximadamente el 47,3 % de sus predicciones, frente al 33,3 % correspondiente a una selección aleatoria en el contexto estudiado.
Podría parecer una prueba de habilidad.
Sin embargo, cuando los investigadores analizaron el dinero ganado, los expertos no obtuvieron mejores resultados económicos que la selección aleatoria. En promedio, ambos grupos perdieron dinero.
Este resultado ilustra una cuestión esencial:
acertar más no es lo mismo que ganar más.
El mercado ya incorpora información sobre la fortaleza de los equipos.
Todo el mundo sabe, por ejemplo, que el mejor equipo de una liga tiene más probabilidades de vencer al último clasificado. Precisamente por eso la cuota que ofrece la casa para el favorito será mucho menor.
Para ganar de manera sistemática no basta con predecir quién tiene más probabilidades de ganar.
Hay que detectar probabilidades mejor que el mercado y con suficiente precisión para superar además el margen de la casa.
Es una dificultad radicalmente mayor.
Las casas de apuestas cuentan además con una ventaja informativa
El economista Steven Levitt, de la Universidad de Chicago, analizó los mercados de apuestas deportivas en un conocido artículo publicado en The Economic Journal.
Su investigación encontró que los bookmakers no se limitan necesariamente a equilibrar perfectamente las apuestas de ambos lados.
También pueden aprovechar determinados patrones de comportamiento de los apostantes.
Levitt concluyó que, en los datos estudiados, los bookmakers eran mejores prediciendo resultados que los apostantes y podían explotar sistemáticamente algunos de sus sesgos al establecer los precios.
Esto ayuda a explicar por qué comparar una casa de apuestas con un intermediario financiero neutral resulta incorrecto.
El operador participa activamente en la fijación del precio.
El problema de las apuestas con premios aparentemente enormes
Las apuestas de baja probabilidad pueden resultar psicológicamente especialmente atractivas.
Una cuota 30, 50 o 100 permite imaginar grandes beneficios partiendo de una cantidad relativamente pequeña.
Pero una cuota elevada no significa necesariamente una buena oportunidad.
De hecho, la evidencia muestra que precisamente estas apuestas pueden ser particularmente desfavorables.
Snowberg y Wolfers analizaron el llamado favorite-longshot bias en un artículo publicado en Journal of Political Economy.
Este fenómeno describe una regularidad documentada durante décadas: los apostantes tienden a apostar excesivamente por resultados muy improbables y a infravalorar relativamente los favoritos.
Los autores encontraron evidencia compatible con que este comportamiento está relacionado con errores en la percepción de las probabilidades.
En términos sencillos, los seres humanos no somos particularmente buenos interpretando probabilidades pequeñas.
Podemos sobrevalorar psicológicamente una posibilidad remota cuando el premio potencial es llamativo.
Las apuestas combinadas pueden ser todavía más desfavorables
Las apuestas modernas incorporan productos especialmente complejos: combinadas, múltiples, creadores de apuestas o mercados personalizados.
Aquí las probabilidades pueden resultar mucho menos intuitivas.
Un estudio de Philip Newall y colaboradores publicado en Journal of Behavioral Addictions analizó apuestas personalizadas solicitadas por usuarios.
Los investigadores estudiaron 2.468 apuestas de este tipo.
Solo el 9,7 % resultaron ganadoras y, al simular una apuesta de una libra sobre todas ellas, calcularon un margen para el bookmaker del 43,7 %.
En las apuestas con retornos potenciales de 30 libras o más por cada libra apostada, el margen estimado ascendía al 74,6 %.
Esto no significa que todas las apuestas combinadas tengan esos márgenes. Era un producto y una muestra determinados.
Pero demuestra por qué un premio potencial espectacular no debe confundirse con una oportunidad económicamente favorable.
Entonces, ¿es imposible ganar apostando?
No.
Y esta precisión es importante para mantener el rigor científico.
Matemáticamente es perfectamente posible ganar durante una apuesta, una semana, un año o incluso durante períodos más prolongados.
También existen operadores profesionales, especialistas en arbitraje y personas capaces de encontrar temporalmente errores en determinados mercados.
Pero su existencia no transforma las apuestas deportivas en una vía general para obtener ingresos.
De la misma manera que alguien puede ganar una lotería, ello no convierte la compra de lotería en una estrategia financiera.
Para que una actividad pueda considerarse razonablemente una fuente de ingresos debería ofrecer, entre otras características:
una expectativa positiva demostrable, resultados suficientemente reproducibles y una relación entre riesgo y rentabilidad que pueda estimarse de manera fiable.
Las apuestas convencionales ofrecidas al público parten justamente de la situación contraria: existe un intermediario que incorpora su margen en el precio.
Ganar algunas apuestas puede ser precisamente lo que dificulta percibir las pérdidas
Uno de los aspectos psicológicos más relevantes es que los resultados se producen de manera irregular.
Una persona puede experimentar:
−20 € → −20 € → +90 € → −30 € → +60 € → −40 €
Las victorias destacan psicológicamente.
Sin embargo, lo económicamente relevante no es recordar cuántas apuestas importantes se acertaron, sino calcular:
dinero total retirado − dinero total depositado.
También deben contabilizarse todas las apuestas realizadas y no únicamente las grandes victorias.
Las ganancias ocasionales forman parte perfectamente compatible con un sistema de esperanza matemática negativa.
De hecho, sin victorias intermitentes el producto perdería gran parte de su atractivo.
La pregunta correcta no es «¿puedo ganar?»
Prácticamente cualquier apuesta permite ganar.
La pregunta económicamente relevante es:
«¿Tengo una expectativa matemática positiva y demostrable después del margen de la casa?»
Para la enorme mayoría de apostantes, la respuesta es no.
Y cuanto mayor sea el número de apuestas realizadas manteniendo una expectativa negativa, mayor será la cantidad de dinero que matemáticamente cabe esperar perder.
Por ello, las apuestas deportivas deberían entenderse como una forma de entretenimiento que implica riesgo económico, nunca como una inversión, un método de ahorro, un complemento salarial o una estrategia para solucionar dificultades financieras.
Puede existir una victoria.
Puede existir una racha.
Puede incluso existir un pequeño número de profesionales extraordinariamente especializados.
Pero ninguna de esas excepciones altera la estructura matemática fundamental del producto:
la casa incorpora una ventaja en las cuotas y el conjunto de los apostantes financia esa ventaja mediante sus pérdidas.

Referencias científicas
Hegarty, T. & Whelan, K. (2026). Estimating expected loss rates in betting markets: theory and evidence. Applied Economics, 58(28), 5509–5523. DOI: 10.1080/00036846.2025.2507979. El trabajo fue publicado online en mayo de 2025 y apareció posteriormente en el volumen de 2026.
Levitt, S. D. (2004). Why are Gambling Markets Organised so Differently from Financial Markets? The Economic Journal, 114(495), 223–246. DOI: 10.1111/j.1468-0297.2004.00207.x.
Snowberg, E. & Wolfers, J. (2010). Explaining the Favorite–Long Shot Bias: Is it Risk-Love or Misperceptions? Journal of Political Economy, 118(4), 723–746. DOI: 10.1086/655844.
Cantinotti, M., Ladouceur, R. & Jacques, C. (2004). Sports Betting: Can Gamblers Beat Randomness? Psychology of Addictive Behaviors, 18(2), 143–147. DOI: 10.1037/0893-164X.18.2.143.
Newall, P. W. S., Walasek, L., Vázquez Kiesel, R., Ludvig, E. A. & Meyer, C. (2021). Request-a-bet sports betting products indicate patterns of bettor preference and bookmaker profits. Journal of Behavioral Addictions, 10(3), 381–387. DOI: 10.1556/2006.2020.00054.
