A veces, la "buena" educación puede ser muy dañina: ¡cuidado con los padres tóxicos!

Cuando hablamos de madres tóxicas, hablamos de madres tóxicas de verdad. No de “malas madres” (movimiento reflexivo sobre la maternidad que nos encanta). Las madres y padres tóxicos proyectan sobre sus hijos sus inseguridades para reafirmarse personalmente, y así, tener mayor control sobre sus vidas y sobre la de sus hijos hasta llegar a hacerles completamente infelices.

Las señales pueden ayudar: un niño feliz sonríe, juega, exhibe curiosidad, muestra interés en otros niños y no necesita estimulación constante. Al contrario, las señales de un niño desdichado son igualmente claras: no disfruta con la comida, no interactúa espontáneamente con otros niños, no juega, no hace preguntas y habla muy poco.

Pero cuidado, la timidez no es lo mismo que la tristeza, tendrás que esforzarte más para descifrar sus señales. Hay que estar alerta para ver si se dan cambios significativos en su conducta (por ejemplo, si en poco tiempo se vuelve más aislado o temeroso) que pudieran sugerir algún problema.

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Para evaluar correctamente los actos de los niños, los padres y madres deben distinguir entre la realidad (hecho objetivo) y la interpretación:

  • No les dejemos caer en pensamiento estancos: “es que mi hijo es así…”. El niño puede evolucionar a lo largo de los años y es importante observar esa evolución y ayudarle a ser protagonista consciente de ella.
  • Dar importancia a las cosas que la tienen.
  • No dar importancia a las cosas que no la tienen.
  • No anticipar, sin evidencia objetiva, que las cosas van a ir mal (profecía autocumplida).

¿De dónde surge la personalidad tóxica de una madre/padre?

Puede que nos llame la atención, pero detrás del comportamiento de una madre tóxica, está el amor. Ahora bien, todos sabemos que a la hora de hablar del amor, existen dos versiones: está esa dimensión capaz de propiciar el crecimiento personal de la persona, ya sea a nivel de pareja o a nivel familiar, y a su vez, está también ese lado más tóxico donde se ejerce un amor egoísta e interesado, a veces hasta asfixiante, que puede ser completamente destructivo.

Lo preocupante, es que los familiares que despliegan las artimañas de la toxicidad, lo hacen hacia jóvenes que están en pleno proceso de maduración personal, ahí donde debe asentarse su personalidad, su autoestima… Todo ello, irá esculpiendo en ellos grandes vacíos, grandes inseguridades en ocasiones insalvables.

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Veamos ahora qué dimensiones psicológicas perfilan a las madres y los padres tóxicos:

1. Personalidad insegura

En ocasiones, suele esconderse una clara falta de autoestima y autosuficiencia que les obliga a ver en sus hijos “esa tabla de salvación” a la cual modelar y controlar para tener siempre a su lado, para que cubran sus carencias.

El ver por ejemplo que sus hijos empiezan a ser autónomos, que ya no las necesitan tanto y que poco a poco son capaces de hacer su vida, supone para ellas una gran ansiedad, puesto que temen ante todo quedarse solas. De ahí que sean capaces de desplegar “hábiles artimañas”, para seguir teniéndoles cerca e incluso justificarles que debe ser así, y un modo de hacerlo es proyectando en los niños desde el inicio su misma falta de autoestima, y su misma inseguridad.

2. Obsesión por el control

La necesidad por tener controlado cada aspecto de sus vidas, hace que acaben haciendo lo mismo en la vida de sus hijos. No son capaces de ver los límites. Para ellas, control es sinónimo de seguridad, de algo inmanente que no cambia, y lo que no cambia es bueno porque les hace sentir bien.

Lo complicado de esta dimensión es que suelen ejercer el control pensando que con ello, hacen el bien y que así demuestran amor por los demás. “Yo te hago la vida fácil controlando tus cosas para que seas feliz”, “Yo solo quiero lo mejor para ti, y por ello evito que puedas equivocarte”…

El control llevado a cabo desde la justificación del cariño, es el peor acto de la sobreprotección. Impedimos con ello que los niños sean autónomos, capaces y valientes. Y aún más, que aprendan de sus errores.

Los padres, madres o tutores legales, tratan de solucionar siempre las cosas para sus hijos y evitar que se enfrenten a cualquier conflicto. Tratan de hacer que siempre se sientan cómodos y felices, pero los niños necesitan aprender a tolerar algo de angustia, algo de tristeza. Deja que luchen, que resuelvan las cosas por sí mismos, porque eso les permite aprender a enfrentarse a los problemas, sabiendo siempre, que cuentan con el apoyo de sus progenitores.

3. La proyección de los deseos incumplidos

“Quiero que consigas lo que yo no tuve“, “No quiero que caigas en mis mismos errores”, “Quiero que llegues a ser aquello que yo no puede conseguir”.

En ocasiones, los padres o las madres tóxicas proyectan en sus hijos los deseos incumplidos de su propio pasado, sin preguntar si quiera qué es lo que ellos desean, sin darles opción a elegir, pensando que con ello, les demuestran un amor incondicional, cuando en realidad, es un falso amor. Un amor interesado.

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¿Cómo enfrentarnos a una madre o a cualquier familiar “tóxico”?

–Sé consciente de que debes romper el ciclo de la toxicidad.
Has vivido durante mucho tiempo dentro de él, sabes las heridas que te ha dejado, sin embargo, ahora ya comprendes que necesitas abrir tus alas para ser tú mismo. Para ser feliz. Te va a costar, pero debes empezar a decir “No”, a poner en voz alta tus necesidades y a alzar tus propios muros, esos por los que nadie debe pasar.

-Es tu madre, o es tu familia, los quieres y sabes que romper ese ciclo de toxicidad puede causar algún daño.
En ocasiones, decir la verdad de lo que uno siente hace daño a los demás, pero es una necesidad vital. Se trata solo de marcar límites y dejar claro lo que permites o lo que no. No deseas causar daño alguno, debes dejarlo claro, al igual que debe quedar constancia de que tampoco tú quieres ser herido/a nunca más.

-Reconoce la manipulación.
Hay veces que es tan sutil, que no nos damos cuenta, así que atiende cualquier palabra, cualquier comportamiento. Y sobre todo, no caigas en las redes de la “victimización”, puesto que es un recurso fácil al cual suelen recurrir las personas tóxicas y los progenitores tóxicos. Alzarse como las más dolidas, las más heridas, cuando en realidad, al que han hecho daño es a ti. Tenlo siempre en cuenta.

–  Debes permitir que los niños pasen por diversas experiencias difíciles.
Les ayuda a llenar la reserva de fuerza interior que conduce a la felicidad. Aprenderán a arreglárselas ante una adversidad adecuada para su edad, experimentando y enfrentándose a ella una y otra vez hasta superarla con éxito (conducta pro-activa). Esto no significa que los niños se sientan solos ante la adversidad o no aprendan a pedir ayuda. Estos dos aspectos también son importantes pero tu papel es guiarles para que encuentren una solución ellos mismos, no proporcionársela. Aprender a enfrentarse a los problemas y elecciones de la vida es crítico para la educación y felicidad futura de tu hijo. Esto le ayudará a desarrollar un sentido de la independencia y la confianza.

Más información [Madres tóxicas]

Tus hijos no son tus hijos …

Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida,
deseosa de sí misma.

No vienen de ti,
sino a través de ti,
y aunque estén contigo,
no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos,
pues ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas,
porque ellos
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar,
ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerles semejantes a ti,
porque la vida no retrocede ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual tus hijos,
como flechas vivas,
son lanzados.
Deja que la inclinación,
en tu mano de arquero,
sea para la felicidad.

Khalil Gibran, poeta, filósofo y artista libanés

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