Apapachar: la palabra más bella del castellano

Apapachar: Significado

Apapachar es una hermosa palabra que describe el relevante impulso de cuidar, tocar, curar y abrazar con la energía del corazón. Tantos significados en una sola palabra, que no tiene traducción a otros idiomas y que, además, ha sido declarada la más bella del castellano: apapachar.

Es «apapacho», una voz de origen náhuatl que la RAE define como «palmadita cariñosa o abrazo». Los mexicanos, sin embargo, tienen una definición mucho más poética del acto de apapachar: «abrazar o acariciar con el alma».

Esta es la palabra más bella del castellano, pero la acción lo es aún más 3

¿De dónde procede la palabra apapachar?

La palabra apapachar, proviene del náhuatl «patzoa«, que posteriormente duplica la primera sílaba en «papachoa» de la que se origina apapachar o papachar y se refiere a las caricias que se hace a los niños, pero también a nuestros seres queridos en general.

Algunos autores también vinculan con la palabra apachurrar (que la RAE incluye en su diccionario como sinónimo de despachurrar). Palabra que fue usada para indicar cómo el aguacate se transformaba en guacamole con sabor a náhuatl.

¿Qué significa realmente apapachar?

Acariciar con el alma es un gesto hermoso que podemos tener con nuestras parejas, nuestra familia (incluidos nuestros animales domésticos) y nuestros amigos. Lo mejor es que veas este vídeo, que lo define a la perfección:

Fuente original del vídeo: Cultura colectiva

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, un apapacho es una «palmadita cariñosa o abrazo».

Un fuerte apapacho para todos los que estáis leyéndonos. Y tú, ¿a quién vas a apapachar hoy?

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Instrucciones para dar un apapacho

Cualquiera puede estrecharte entre sus brazos. No hay que ser muy listo, ni muy fuerte, ni muy sabio, ni muy nada. Alguien va, abre sus brazos de par en par y te envuelve de carne y huesos. Y qué. El pavo relleno hace lo mismo y conozco a poca gente ansiosa por meterse dentro.

Desde que encima hay desconocidos que los dan gratis por la calle, el valor del abrazo ha caído en picado. Y la verdad es que no me extraña. Puede que algunos abrazos no cuesten dinero, pero lo que sí tienen en común todos los abrazos mal dados es que siempre, a la no tan larga, salen muy caros.

Quizá por eso ninguno de los intentos que he podido leer por ahí, tratando de descifrar la aparentemente sencilla liturgia del acto de abrazarse, me ha ayudado demasiado. Quizás por ello vaya a ser yo el próximo en naufragar.

El abrazo viene a ser a las relaciones humanas lo que el cargador al teléfono móvil. Mejor que nunca te lo dejes en casa, no sea que lo acabes suplicando a las tres de la mañana ante cualquier recepción de hotel.

Para dar un abrazo en condiciones, en primer lugar, hay que haberlo extrañado mucho, hay que haberlo extrañado bien. Los que no tuvieron tiempo de despedirse saben perfectamente de lo que estoy hablando. Los que nunca se atrevieron a pedirlo, también.

Su significado es siempre el mismo, bajo cualquier circunstancia, en cualquier país, de cualquier lengua, credo o tradición, y parte de la segunda condición fundamental para dar uno como dios manda. Necesitas lo que significa. Y significa, en esencia, que no estás solo.

A partir de aquí los requisitos se van complicando. Y es que todo depende de tener algo muy fuerte en común. Algo que, de pronto y sin haberlo previsto, sintáis los dos con la misma intensidad. Se trata de un momento, de un solo instante. El tiempo justo para que ese algo tan real y tan verídico no pueda dibujarse con palabras.

No se si me explico. Pero si eso ocurre, todo cambia. Desde ese momento, abrazarse ya es otra cosa. Estáis atrapando verdades. Una cacería de instantes. Un compresor de realidad. Enzarzarse en las ganas del otro y apretar hasta que se extingan.

Me fascinan los abrazos bien dados. Creo que resultan aún más memorables que cualquier palabra, gesto o relación. La única forma física conocida que tiene el ser humano de parar el tiempo. El único punto y seguido entre todo lo que se puede llegar a sentir.

No se muy bien por qué hoy me ha dado por hablar de esto. Supongo que porque creo que andamos muy faltos de abrazos reales. O quizás porque a más de uno, hoy le vendría muy bien.

El caso es que, lamentablemente, a los abrazos les pasa como a los besos, las caricias, los matrimonios, o las patadas en los huevos. Si no los consumas a tiempo, acaban todos caducando.

apapachar

Voz: @MateoSanchezTV
Texto: @RistoMejide
Música: «The Scientist» (Versión instrumental) – Coldplay
Vídeo: Imágenes de abrazos en Argentina, España e Irlanda

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