Dos trabajadoras de Silicon Valley que combaten el sexismo y el racismo han explicado de qué manera podemos pillar a los abusadores y cómo puede ayudar esto a las empresas.

Estas dos mujeres son Valerie Aurora y Leigh Honeywell y nos proponen la teoría de Al Capone, en referencia al popular gángster.

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Al Capone dejó un gran rastro de cadáveres, pero las autoridades fueron incapaces, durante años, de conseguir las pruebas necesarias para encarcelarlo

Veamos en detalle la explicación:

Si bien Scarface dejó muchísimos cadáveres intentando consolidar su reinado del mal centrado en el juego, el alcohol y la prostitución, las autoridades con las leyes y todos los medios de los que disponían no conseguían atraparle con pruebas suficientes para acusarle y meterle entre rejas. Pero, y aquí está el quid de la cuestión, Al Capone y, en general, los criminales no suelen limitarse a cometer un único delito, sino que lo que hacen implica otros delitos de menor gravedad pero más fáciles de identificar.

Fue lo que descubrió el gobierno de EE.UU. cuando logró atrapar a Al Capone por la evasión de impuestos:  “El contrabando era un crimen asociado a menudo con la evasión de impuestos”.

Aurora y Honeywell extienden esta lógica al acoso sexual y recuerdan que “a menudo, las personas que llevan a cabo un comportamiento sexualmente violento también suelen falsificar informes de gastos, plagian documentos o se apropian de los logros de los demás”.

Si bien no todos los corruptos son acosadores sexuales, muchos de ellos sí traspasan los límites en otros ámbitos.

¿Por qué ocurre esto?

Una mezcla entre la impunidad y la sensación de privilegio es la razón, según estas dos autoras: “Nos dimos cuenta de cuál era la conexión”.

“Todos estos comportamientos eran las acciones propias de alguien que siente que tiene derecho a la propiedad de los demás, ya sean sus ideas, su trabajo, su dinero o su cuerpo”.

Las autoras animan a fijarse en cualquier detalle por insignificante o no que pueda parecer, por ejemplo, en los compañeros que “tienen las manos largas con las recepcionistas o cuentan chistes sexuales cuando se emborrachan”, ya que “a menudo te darás cuenta de que son los mismos que han violado la política de gastos de la compañía, exagerado su currículum o se han llevado el reconocimiento por el proyecto de un compañero”.

Mark Hurd dimitió de HP después de ser denunciado por acoso sexual: aunque no fue culpado por ello, la investigación concluyó que había mentido en sus gastos. Imagen: Reuters/Stephen Lam

Y, por eso, es tan importante investigar otro tipo de delitos cuando hay sospechas o rumores de conducta sexual inapropiada. La teoría Al Capone es una útil guía de comportamiento para las compañías que deban enfrentarse a una denuncia por abusos sexuales.

“Si encuentras cualquier signo de conducta sexual inapropiada, toma en serio las alegaciones y lleva tu investigación a otros tipos de negligencia (plagio, mentira en los informes, desfalco)”, animan las autoras.

Fuente original: El Confidencial

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