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Así se vive en las cárceles de El Salvador, las peores de toda América

Actualizado el miércoles, 5 enero, 2022

El Salvador cerró el año 2015 como el país más violento del mundo. Y las cifras con las que ha comenzado 2016 no son precisamente esperanzadoras: entre el 1 de enero y el 28 de febrero, 1.380 personas fueron asesinadas en este pequeño país centroamericano. Uno de los reflejos más visibles de esta trágica realidad es el sistema penitenciario. Según un informe de la Organización de los Estados Americanos, El Salvador posee las cárceles con mayor superpoblación del mundo, seguido de Bolivia y Haití.

Pese a que entre 1980 y 1992 el país sufrió una cruenta guerra civil que se cobró 75.000 vidas, desde entonces no ha habido en El Salvador ningún conflicto armado como tal. Sin embargo, sus habitantes viven un grado de violencia diario tan alto como el de zonas del planeta en guerra. Entre 2004 y 2009, murieron proporcionalmente más personas de forma violenta en El Salvador que en Iraq.

Según la revista Insigth Crime, especializada en crimen organizado en el continente americano, el incremento de las muertes violentas en los últimos años se debe sobre todo al fracaso de la tregua entre las dos pandillas mayoritarias que operan en el país, Mara Salvatrucha y Barrio 18. Las maras (nombre con el que se conoce a las pandillas delictivas en El Salvador, Honduras y Guatemala) tienen su origen en bandas callejeras formadas por jóvenes latinoamericanos en diversas ciudades de los Estados Unidos a mediados del siglo XX. Cuando muchos de estos jóvenes son deportados por el gobierno estadounidense a sus países de origen, surgen las actuales maras.

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Una de las consecuencias directas de tanta delincuencia es el hacinamiento que se produce en las cárceles. Hasta agosto de 2015, las prisiones del país albergaban a 31.148 personas condenadas por algún delito, de las cuales 9.493 cumplían condenas superiores a 30 años. Se estima que cerca del 40% son miembros de pandillas.

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Aunque existen diferentes cifras oficiales, la sobrepoblación estimada de las cárceles ronda el 300%. No obstante, en algunos centros, como La Esperanza, asciende hasta el 600% de su capacidad. El aumento de deportaciones desde Estados Unidos está agravando enormemente este problema, según las autoridades del país.

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Según datos del Reporte de cárceles en El Salvador, la mayoría de la población que se encuentra en los centros penitenciarios es muy joven: entre 18 y 29 años. Tres cuartas partes de los reclusos son padres o madres de familia. Casi el 40% de los internos se fue de su casa antes de cumplir los 15 años y de estos el 31% lo hizo por motivos de violencia intrafamiliar. Un dato significativo es que casi el 70% de la población reclusa asegura no haber tenido una comprensión aceptable de lo que estaba sucediendo durante su proceso acusatorio.

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Como suele ser habitual, las mujeres sufren en las cárceles unas condiciones incluso más deficientes que la de los hombres. Se cree que la sobrepoblación de las cárceles de mujeres puede llegar a alcanzar el 900%.

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Además de por los problemas comunes en el entorno carcelario (violencia, drogas, suicidio…), el caso de El Salvador es especialmente dramático porque el hacinamiento conlleva graves problemas de higiene y salud física y mental. Así, se está detectando un incremento importante de casos por infección de virus VIH. Los enfermos psiquiátricos o en fase terminal tampoco reciben la atención adecuada.

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Bajo estas condiciones infrahumanas, los presos salvadoreños cumplen condena en un estado de violación absoluta de sus derechos humanos fundamentales. La expresión más cruel, por afectar a los más indefensos, de los brutales déficits que experimenta el país en ámbitos como la justicia, la seguridad o los derechos sociales más básicos.

Todas las imágenes son de Pau Coll – Ruido Photo y fueron publicadas originalmente en El Diario.es/Desalambre.


♀️ En 1971, una feminista negra, filósofa, abolicionista penal y comunista, se declaraba inocente ante un Tribunal de California del secuestro y asesinato de un juez. En su escrito «Racismo Enmascarado» dejó la siguiente reflexión:

✍️»Las prisiones no hacen desaparecer los problemas, sino a los seres humanos. Y la práctica de hacer desaparecer grandes cantidades de personas provenientes de comunidades pobres, inmigrantes y racialmente marginadas se ha convertido literalmente en un gran negocio»

51 años después, las palabras de la camarada Angela Davis siguen estando de actualidad.


📕 P. D.: Josep Fontana reflejó muy bien el negocio del sistema carcelario en EE.UU. en su más que recomendable libro «El futuro es un país extraño».

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