Hace unos días, una mujer se convertía en heroína mediática gracias a su gesto en el metro de Londres. Un “cabeza rapada” golpeaba a un ciudadano de Bangladesh en el Metro y su mujer, sevillana, le perseguía por el andén hasta que consiguió que fuera detenido por la policía.

La xenofobia ligada al ‘Brexit’ parece estar aumentando en Reino Unido. Los medios británicos hacen pública otra agresión, en este caso, a un turista español identificado como Tomás Gil.

El turista español  estaba charlando con una mujer en Bournemouth, Inglaterra, cuando otro hombre, Daniel Way, arrancó de la pared una tabla de madera (sí, has leído bien) y golpeó al español con ella en la cabeza hasta que la víctima se cayó al suelo (sí, lamentablemente has leído bien).

Mientras le golpeaba el británico gritaba: “¡Fucking Spanish! ¡Speak English!”, es decir: “¡Malditos españoles! ¡Hablen inglés!”.

El abogado del agresor declaró que se encontraba en una mala situación personal tras haber sufrido una ruptura sentimental y  que se había refugiado en el alcohol.  ¿Es xenofobía o simplemente fobia? Detrás de todos estos, casos, incluso el de aquella mujer que gritaba en el metro “vuelve a tu país”  vemos como aún quedan muchos derechos sociales por conquistar y mucho trabajo en la sensibilización hacia ese sesgo cognitivo que nos hace culpar al “diferente” de nuestros problemas. Parece que se suceden gestos de violencia que utilizan el patriarcado machista para justificar ataques y violaciones a mujeres, el clasismo xenófobo para realizar ataques a personas de culturas diferentes, el radicalismo religioso para atacar a personas que no profesan una religión o profesan religiones diferentes. Y así casi con todo.

Gente desesperada culpando a otros por su situación. De hecho, seguramente ambos seguro que comparten muchas problemas similares y sin embargo, en lugar de generar sentimientos de empatía se generan sentimientos de “odio racista“.


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