“Me siento ansioso” o “tengo ansiedad” son frases que escuchamos a menudo e, incluso, es probable que en algún momento tú también las hayas utilizado. No es extraño que la ansiedad esté en boca de todos, puesto que se trata de la epidemia de nuestro siglo.

El concepto de modernidad líquida de Zygmunt Bauman nos brinda algunas pistas: si vivimos en una sociedad donde las relaciones y las cosas aparecen y desaparecen con extraordinaria rapidez, donde no hay una realidad sólida y duradera sino que todo es provisional y a veces hasta precario, la ansiedad es nuestra respuesta a esos cambios constantes y la incertidumbre del futuro.

Por eso, se estima que el 25% de las personas experimentará en algún momento de su vida un trastorno de ansiedad. Sin embargo, la ansiedad no es una buena compañera de viaje, puesto que deja huellas tanto en el plano físico como mental. Por ello, es importante conocerla a fondo y asegurarse de que su nivel no aumente demasiado.

“El peso de la ansiedad es mayor que el del mal que la provoca”. —Daniel Defoe

El 25% de las personas experimentará en algún momento de su vida un trastorno de ansiedad

7 datos sobre la ansiedad que necesitas conocer

1. Tu cuerpo sabe que estás ansioso antes que tu cerebro

A veces no somos conscientes de que sufrimos un trastorno de ansiedad, no nos damos cuenta hasta que esta adquiere proporciones preocupantes. Sin embargo, aunque nuestra mente consciente no la reconozca, nuestro cuerpo sí lo hace, por lo que solo es necesario que nos mantengamos atentos a las señales que nos envía. Algunos síntomas físicos que delatan la presencia de ansiedad son: tensión y dolor muscular, problemas gastrointestinales que no desaparecen, mareos, dolor de cabeza frecuente, tics, aceleración del ritmo cardíaco, sensación de ahogo y fatiga.

2. La ansiedad puede ser una tapadera para la ira

Nuestra sociedad acepta mejor la ansiedad que la ira, somos más comprensivos con una persona que se disculpa diciendo que se sentía ansiosa que con una que reconoce que estaba enfadada. Por eso, no es extraño que en muchos casos confundamos la ansiedad con el enojo. La irritabilidad es clave para descubrir si estamos ansiosos o enfadados. La ansiedad suele manifestarse como una sensación de preocupación de carácter difuso, pero si hay algo específico que te irrita es probable que esa “ansiedad” solo esté escondiendo la ira.

3. Las personas jóvenes son más propensas a padecer ansiedad

Los menores de 35 años son más propensos a padecer ansiedad

Una investigación desarrollada en la Universidad de Queensland desveló que las personas jóvenes, de menos de 35 años, son más propensas a padecer ansiedad. De hecho, los trastornos de ansiedad son poco comunes en las personas mayores, probablemente porque a lo largo de la vida han aprendido a lidiar con la incertidumbre y han desarrollado estrategias de resolución de conflictos más asertivas.

4. La ansiedad hará que seas menos empático con los demás

Un estudio realizado en las universidades de Harvard y Columbia puso de manifiesto que la ansiedad genera más respuestas egoístas que la sensación de ira o incluso que el orgullo. El problema es que la ansiedad genera una gran incertidumbre y, cuando nuestras bases se tambalean y nos sentimos inseguros, tenemos la tendencia a cerrarnos en nosotros mismos como respuesta de autodefensa, por lo que seremos mucho menos empáticos.

5. La ansiedad afecta tu equilibrio

Si experimentamos una ansiedad intensa es probable que tengamos problemas de equilibrio y nos mareemos sin razón aparente. Así lo confirmaron neurocientíficos de la Universidad de Pittsburgh, quienes explican que este problema puede deberse a que la ansiedad y el equilibrio comparten algunos circuitos neuronales. El sitio de convergencia es el núcleo parabraquial, donde llega tanto la información proveniente del sistema vestibular como la relacionada con la ansiedad.

6. La ansiedad mejora la atención

Una pequeña dosis de ansiedad no es negativa.

La ansiedad y el equilibrio comparten algunos circuitos neuronales, por eso nos mareamos sin motivo aparente cuando tenemos un trastorno de ansiedad

De hecho, un estudio realizado en el National Institute of Mental Health de Bethesda descubrió que cuando experimentamos un nivel de ansiedad moderado no solo logramos concentrarnos mejor sino que se aguzan nuestros sentidos y mejora la atención. La clave radica en que la ansiedad, al ser un estado de tensión debido a estímulos considerados potencialmente peligrosos o amenazantes, nos ayuda a concentrarnos mejor en lo que sucede a nuestro alrededor, un nivel de alerta que podemos aprovechar para mejorar nuestro desempeño.

“El secreto en el manejo de la ansiedad consiste en reducirla a niveles normales y luego utilizarla como estímulo para aumentar la propia percepción, la vigilancia y las ganas de vivir”. —Rollo May

7. La ansiedad te dificulta “leer” las emociones de los demás

Un estudio realizado en la Universidad de Bristol descubrió que la ansiedad nos impide “leer” con exactitud las expresiones emocionales de quienes nos rodean. Cuando estamos ansiosos somos un 8% más imprecisos reconociendo las expresiones faciales. Además, cuando las expresiones faciales son ambiguas o neutras tenemos la tendencia a ver más ira. Esto se debe a que al sentirnos ansiosos también tenemos miedo, lo cual nos hace ver rostros amenazantes incluso donde no los hay.

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