La depresión es uno de los trastornos mentales más comunes que existen. En sus casos más graves, o crónicos, hay una anulación casi total del individuo; un repliegue de todo su universo.

La depresión es vivir con un equipaje tan pesado que apenas te puedes mover. Es una sensación que va más allá de la simple tristeza, más allá de estar todo el día llorando por nada. Es una sensación de completa nulidad. De no querer, de no sentir, nada. De ser algo así como un ladrillo inútil.

La depresión es una sensación que va más allá de la simple tristeza, más allá de estar todo el día llorando por nada

Pero ahora bien, ¿por qué? ¿Qué pasa para que se dé una depresión? ¿Hay algún motivo que explique su origen? Atentos, porque quizás desvelemos la receta de la depresión.

Desde principios del siglo XX se han formulado diferentes hipótesis sobre el origen de los trastornos de los estados del ánimo. Casi toda la investigación se ha centrado en la llamada “depresión unipolar”, es decir, aquella que implica los síntomas clásicos de la depresión como:

  • Estado de ánimo depresivo.
  • Falta de interés y de motivación por las cosas.
  • Pérdida importante de peso o de apetito o, incluso, incremento de este.
  • Insomnio o hipersomnia.
  • Fatiga o pérdida de energía.
  • Problemas de concentración o para pensar.
  • Pensamientos recurrentes de muerte y suicidio.

Principales teorías sobre la depresión

Desde el psicoanálisis hasta las teorías sociales, todas han aportado algo para explicar la depresión. Y no, no vamos a repasarlas todas. En su lugar, os indicaré cuáles son las causas que mejor engloban la etiología del trastorno depresivo.

1. El estresor

Es la primera y la más global. Es un elemento que proviene de la psicología social. Si el individuo experimenta un suceso vital que interprete como muy estresante, como puede ser un peligro de muerte, una amenaza muy duradera o una pérdida, ese estrés ocasionado puede vulnerar al individuo, provocando un desajuste en su estado de ánimo.

Un sucedo muy estresante puede derivar primero en ansiedad para, luego, convertirse en depresión. ¡Vigila los síntomas!

En principio, la persona sufrirá de problemas o trastornos relacionados con la ansiedad para, después, derivar en una depresión. Es una teoría muy general y, de hecho, cuanto más avancemos, mejor podremos explicar esta perspectiva.

2. La pérdida (Bowlby, 1990)

También es una teoría muy generalizada. La tristeza es la emoción que surge cuando sentimos una pérdida. Y, siguiendo esta línea, se ha definido que la depresión también depende de esa sensación de pérdida. En muchos casos es así, aunque no siempre.

Este principio es especialmente defendido por el psicoanálisis cuando habla de la pérdida de un objeto amado con el que nos identificamos profundamente. Pero la pérdida de ese objeto no tiene por qué ser siempre visible. No tiene por qué ser un familiar, una mascota, un objeto concreto… Puede ser una oportunidad, un trabajo o la pérdida de una relación, por ejemplo. Sin embargo, la mera pérdida no explica la depresión. Necesitamos algo más. De ahí el siguiente apartado.

3. Pérdida del repertorio conductual (Skinner, 1970)

Esta causa proviene de las teorías conductuales: el individuo no solo vive la pérdida de un objeto, al cual lo llamaremos a partir de ahora estímulo, sino que, además, pierde todo un conjunto de comportamientos que realizaba con ese estímulo. 

Un niño pierde a su mascota, pero, además, pierde también la posibilidad de continuar esos ratos de juegos, los paseos, las costumbres cotidianas, los hábitos…

Todo acaba en un proceso de “extinción”, es decir, en un proceso en el que, eliminado el estímulo que desencadena este tipo de comportamientos, empiezan a desaparecer las conductas asociadas a ello. Eso provoca frustración y angustia prolongada.

La pérdida que desemboca en depresión no siempre tiene por qué ser visible

Por ahora no encontramos nada que no podamos ver, por ejemplo, en un proceso de duelo. De hecho, estos puntos son fáciles de comprender desde el sentido común. Necesitamos dar un paso más. Ver cómo interpreta el mundo una persona depresiva.

4. La indefensión (Seligman, 1975)

Seligman definió la indefensión como una situación donde hicieras lo que hicieras no puedes evitar los castigos o asumir las recompensas. Estás expuesto al ambiente, lo que provoca un efecto muy destructivo en la forma de percibir el mundo por parte del individuo.

Las causas de todo lo que ocurre se interpretan como internas, es decir, “todo es por mi culpa”; estables o “siempre va a ser mi culpa”; y globales o “pase lo que pase, siempre tendré yo la culpa”. Si alguna vez tuvo un acierto es por pura casualidad. Su estado natural es el error, el fracaso, o la desgracia.

Para comprender mejor esto, imaginaos un niño que suspende en matemáticas. Hay muchas maneras de interpretar el hecho: el examen ha sido muy difícil, no estudió lo suficiente, estaba enfermo ese día… Pero una persona afectada por la indefensión pensará que suspendió porque no es lo bastante inteligente y que, por mucho que estudie, nunca conseguirá pasar ese examen.

Nos encontramos ante un sesgo cognitivo, es decir, llega un momento que vemos solo la realidad que queremos ver. Nos hemos puesto unas gafas con cristales de cierto color, y de ese color no saldremos.

5. La desesperanza (Abramson, Mtalsky y Alloy, 1989)

Hablamos de la pérdida de control sobre las perspectivas futuras. Para comprenderlo mejor, sería la pérdida del sentido; un discurso muy común en las personas depresivas.

Las personas depresivas sienten que nada tiene sentido, ni su vida, ni lo que hacen, ni lo que podrían llegar a hacer…

¿Para qué hacer esto si después estaré igual? ¿Por qué tendría que hacer aquello si no tiene sentido hacerlo?

La desesperanza, o pérdida del sentido, no es solo dejar de esperar un reforzador al final del esfuerzo, sino que es el comienzo de la pérdida del significado de muchas cosas, como, por ejemplo, de tu propia utilidad o del lugar que ocupas en tu círculo de personas queridas. Y no está mal que mencionemos esto.

6. Pérdida de las interacciones sociales próximas (Coyne, 1983)

Este punto no es tanto una causa como un potenciador o una consecuencia.

Las personas depresivas tienen un dilema complicado: ¿cómo expresar esa indefensión que sienten? ¿Qué es para ellos expresar que no tienen esperanzas de futuro? ¿Cómo asumir que hay cosas que ahora no les apasionan? Es difícil explicar todo eso con palabras y que la gente más cercana, que sigue viviendo a su ritmo, lo comprenda. Por eso, recaen en la forma de comunicación que más sencilla les resulta: las quejas, los lamentos o los comentarios autocompasivos.

Esto tiene un efecto bumerán en la atención de los que les rodean. En principio, favorecen la atención. La tristeza expresada tiene una función que es demandar un apoyo afectivo adicional, pero ese apoyo desaparece poco después. La persona depresiva no evoluciona y la gente se cansa, y se va. Con ello, se refuerza esa sensación de soledad y aislamiento del individuo.

Dicho así, parece que el enfermo solo es un quejica que quiere ser siempre el centro de atención. Este es un prejuicio muy extendido, pero no se trata de eso. Hay una barrera muy grande entre lo que la persona depresiva siente y lo que se ve capaz de expresar.

La realidad de la depresión

Y hasta aquí esta descripción de las posibles causas de la depresión. ¿Están todas aquí? ¿Está todo descubierto entonces en cuanto a las causas predecibles de la depresión? En absoluto. No he hablado de su heredabilidad, por ejemplo. Aunque espero que esta información básica nos permita derribar muchos de los prejuicios que tienen que ver con la depresión.

La depresión no es un estado cualitativo que se coge en una mañana para aliviarse en un par de días, como un resfriado. La depresión viene a paso lento, se aloja y empieza a crecer como un virus. Sientes que algo está cambiando en ti, que todo te pesa más. Sin embargo, todo puede seguir bien a tu alrededor. No hay razones objetivas para sentirse así de apagado y, sin embargo, te sientes así.

¿Habéis visto en youtube el vídeo del perro negro? Es altamente recomendable porque describe con una metáfora muy cercana lo que es la evolución de la depresión dentro de cada uno. 


Y sobretodo sabed que cualquiera puede sufrir de depresión.

No es un signo de debilidad. Solo de que, entre las decenas de funciones de nuestra mente que pueden verse afectadas, a ti te ha tocado ese desajuste del estado del ánimo. Es un fastidio. Más que un fastidio. Pero no es un destino fatal. Tenemos la suerte de conocer a muchas personas que han podido superarla o, incluso, convivir con ella de forma sana.

Comparte el artículo si conoces a alguien con depresión y su entorno necesita saber algo más sobre esta enfermedad. Así, sabrán valorar mejor su propia felicidad.


¿Quieres recibir más historias como esta por email?

Suscríbete a nuestra Newsletter: