Síndrome del emperador: 5 características del niño tirano y 6 formas de evitar que tu hijo lo sea

El Síndrome del emperador se da en aquellos niños que tienen la sartén cogida por el mango en casa, son niños demasiado empoderados, agresivos, poco empáticos y que pueden llegar a las manos para conseguir lo que quieren. En el momento en que se le cede el mando a un pequeño, en el momento en el que los roles de padres e hijos se invierten, un niño se puede convertir con suma facilidad en un niño tirano.

En muchas ocasiones, estas conductas que, de primeras, pueden parecer inofensivas acaban convirtiéndose en casos graves de violencia física y psicológica de los menores hacia los padres.

¿Cómo se fabrica un niño con Síndrome del emperador?

1. No decir nunca la palabra no

El no escasea en el vocabulario de sus padres, por lo que los niños con el Síndrome del emperador se vuelven poco tolerantes a los noes. La dinámica es sencilla: los adultos consienten tan solo para no tener que vivir la tensión en casa que supone una pataleta por no conseguir lo que el niño quiere.

El Síndrome del emperador es común de los hijos únicos a los que no se les imponen límites

Esta etapa suele aparece alrededor de los 5 años, cuando los pequeños empiezan a socializar en contextos menos “caseros”, como el colegio. Un niño tirano no sabe ponerse en la piel de otra persona, ni expresar y gestionar sus emociones, por lo que el conflicto está servido con sus compañeros de clase y profesores.

2. Darles todo lo que quieren para compensar la falta de tiempo que se les dedica

Dos conceptos que suelen ir de la mano: los padres pasan poco tiempo con sus hijos por lo que, cuando están con ellos, quieren que todo vaya como la seda y los consiente en demasía. El sentimiento de culpa de los progenitores se compensa con los caprichos de los hijos.

3. No ponerles límites

“Sin límites, los niños se asilvestran“, decía mi abuela y tenía toda la razón: la ausencia de límites y normas hace que el niño se enfrente con sus padres, con sus abuelos, con sus profesores e, incluso, con otros niños.

4. Si las normas son incoherentes, es como si no las hubiera

Las normas que se les pongan a los pequeños tienen que ser coherentes y consistentes. Los dos progenitores deben tenerlas claras, al igual que cualquier otro adulto que se encarguen de mantenerlas en el hogar (abuelos, hermanos, au-pairs, niñeras…).

5. Consumo de alcohol o drogas

Parece que no viene a cuento, pero el consumo habitual de alcohol o drogas en el entorno de los pequeños genera una enorme inestabilidad emocional.

Las normas en casa siempre deben ser coherentes, porque si no no sirven de nada

Normalmente, los hijos únicos tienen más tendencia a sufrir el Síndrome del emperador, en especial los varones que hayan sufrido experiencias traumáticas (maltrato) o cuyos padres tiendan a sobrecompensar su ausencia o la falta de atención con aspectos materiales, como caprichos o juguetes.

Cómo evitar que tu hijo se convierta en un tirano

1. Pon normas desde el principio

Desde bien pequeños los niños tienen que comprender que existen normas que hay que cumplir y reglas que seguir. Algunas de ellas tienen que ser inmovibles (no insultar, no pegar…) y otras se pueden negociar, y su incumplimiento tendrá consecuencias. Lo mejor es darles tareas acordes con su edad para que aprendan lo que es la autonomía y la responsabilidad.

2. La violencia es intolerable

Esto tiene que estar claro: tolerancia cero ante cualquier tipo de violencia.

3. Fomenta la empatía

Es imprescindible que el pequeño entienda cómo se sienten otras personas. Desde pequeño debe aprender a ponerse en el lugar de otros.

4. Enseña, promueve y premia el esfuerzo

Aunque el resultado no sea el esperado, siempre debemos valorar el esfuerzo de haberlo intentado.

Fomenta la empatía y predica con el ejemplo

5. Predica con el ejemplo

No le puedes decir a un niño que no insulte, por ejemplo, y luego insultar como progenitor. Eres el modelo de conducta de tu pequeño, así que actúa como te gustaría que actuase.

6. La comunicación es la clave

Favorece una comunicación sin gritos, ni insultos, ni amenazas. Respetad siempre los turnos de palabra y comunicaros, explícale al pequeño cómo te sientes y anímale a que te cuente cómo se siente.

Si la cosa se te va de las manos, pide ayuda a los orientadores escolares o a psicólogos infantiles.

Y, recuerda, intenta mantener la autoestima del pequeño alta.

El Síndrome del emperador se puede “desandar”, nada es definitivo y el menor, con la ayuda adecuada, podrá volver al camino correcto.

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