Si no puedes recordar los nombres, no se debe a la falta de atención 1

Si no puedes recordar los nombres, no se debe a la falta de atención

Llegas a un grupo de personas donde conoces a alguien que inmediatamente te presenta a los demás. Les das un apretón de manos o dos besos (dependiendo del país) y les sonríes, pero al cabo de unos minutos, cuando quieres dirigirte a uno de ellos, te das cuenta de que has olvidado por completo su nombre.

Es probable que en ese momento te recrimines por no haber prestado más atención. Sin embargo, ese olvido no se debe a la falta de atención, el problema está en el «cableado» de tu cerebro.

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Un mecanismo protector de la memoria

La memoria es un mecanismo muy complejo que aún estamos intentando desentrañar. De hecho, se ha apreciado que al cabo de varias horas podemos recordar cosas que creíamos olvidadas. Esa es la razón por la que puedes recordar el nombre de una persona justo cuando se ha ido o incluso al día siguiente.

Un estudio realizado en la Universidad de Sussex y publicado en la revista Nature Communications descubrió que esos lapsus temporales son fundamentales para que el recuerdo se consolide en la memoria a largo plazo. En la práctica, durante ese «periodo de asentamiento” la información deja de ser accesible, pero ocurren cambios a nivel molecular que facilitan su consolidación en la memoria a largo plazo. Sin embargo, si el proceso es interrumpido, el recuerdo se afecta y es probable que termine en el olvido.

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Estos neurocientíficos explican que la formación de recuerdos es un proceso que necesita energía, por lo que el cerebro se ve obligado a priorizar algunas tareas para evitar que se produzca una sobrecarga cognitiva. Esto significa que si cuando conocemos a alguien, inmediatamente después nos presentan a otras personas y debemos preocuparnos por lo que vamos a decir, es bastante probable que no podamos retener sus nombres.

Este fenómeno está estrechamente vinculado con lo que se conoce como “efecto del siguiente en la fila”, descrito en un estudio clásico de psicología publicado en la revista Personality and Social Psychology Bulletin. En aquella ocasión, los psicólogos reclutaron a un grupo de personas y les pidieron que hablaran por turnos. Descubrieron que los participantes podían recordar numerosos detalles de los discursos de los demás, excepto de quienes hablaron antes que ellos, ya que su mente estaba tan ocupada pensando en lo que iban a decir que no pudo memorizar la nueva información.

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Estamos programados para reconocer las caras, pero no los nombres

Nuestro cerebro está mejor programado para captar y procesar los estímulos visuales, un rezago ancestral de antes de que domináramos el lenguaje. Las zonas dedicadas a procesar la información visual son más extensas que las del resto de los sentidos. Por eso, podemos recordar con facilidad un rostro pero olvidamos el nombre.

Por otra parte, un rostro nos proporciona muchísima información y nos permite formarnos una primera impresión en cuestión de milisegundos, lo cual es fundamental para nuestra sobrevivencia, por lo que es perfectamente comprensible que nuestro cerebro priorice ese tipo de información. Además, cada rostro es único, pero los nombres se repiten, además de ser completamente arbitrarios. Por eso, nos resulta más fácil recordar la profesión de una persona que su nombre.

A esto se le suma que vincular un rostro con un nombre es un proceso complicado que ocurre en diferentes áreas del cerebro. Un rostro se guarda en una zona completamente diferente de aquella donde colocamos los nombres, y solo después integramos la información. Eso también explica por qué podemos confundir el nombre de dos personas que nos presentaron en el mismo lugar.

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¿Cómo compensar nuestra “escasa habilidad” para recordar nombres?

Repítelo en voz alta

Cuando repites el nombre de una persona en voz alta, contribuyes a que se consolide en tu memoria. Por tanto, si no quieres olvidar como se llama, repite su nombre cada vez que puedas.

Pregunta su origen

Si se trata de un nombre poco común puedes preguntarle por qué decidieron llamarle así. Tu cerebro recuerda mejor una historia que un nombre, así que si conoces su origen tendrás menos probabilidades de olvidarlo.

Asócialo con alguna característica distintiva 

La clave para fortalecer la memoria es realizar asociaciones significativas. Puedes asociar ese nuevo nombre a un personaje famoso, por ejemplo, o a alguna característica física peculiar de la persona.

Y a ti, ¿qué tal se te da recordar nombres?

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Otra técnica útil: Convierta sus nombres en imágenes vívidas

Imagina estar en un cóctel donde no conoces a nadie. ¿Ya estás sudando ante la idea de intentar aprender nuevos nombres? Si este es el caso, es posible que solo necesite hacer que los nombres abstractos sean más memorables para su cerebro.

¿Por qué funciona? Veamos la paradoja del panadero / panadero para ver cómo nuestro cerebro favorece la memorización de hechos más impresionantes.

Los investigadores dieron a dos personas una imagen idéntica de un hombre. A una persona le dijeron que el apellido del hombre es Baker y a la otra le dijeron que el hombre trabaja como panadero. Una semana más tarde, se les mostró la imagen nuevamente y se les pidió que recordaran la información proporcionada.

La persona a la que se le dijo que el hombre era panadero recordó su trabajo, mientras que la persona a la que se le dijo que el apellido del hombre era Baker probablemente no recordaría esta información.

¿La razón? Recordamos cosas en contexto. En el ejemplo anterior, cuando nos dicen que la ocupación de alguien es panadero, se desencadena toda una red de asociaciones: usa un gran sombrero blanco, amasa masa, probablemente huele bien; incluso puede sentir el calor que sale del horno donde trabaja.

Toda esta información vívida hace que el nombre sea más fácil de recordar.

Entonces, la próxima vez que necesite aprender un nuevo nombre, haga una asociación entre el sonido del nombre de la persona y una imagen vívida. Por ejemplo, Ronald Reagan podría convertirse en el pato Donald (Donald suena como Ronald) sosteniendo una pistola de rayos (Reagan). Estas imágenes activan redes más grandes de asociaciones en su memoria, lo que las hace más fáciles de recordar que los nombres simples.

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