Empecemos por el principio: ¿qué es una profecía autocumplida? Pues es una suposición que hacemos sobre nosotros mismos, ya sea centradas en nuestra persona en general o sobre un evento próximo en concreto que vayamos a realizar. Lo mágico del asunto es que, siendo solamente suposiciones, al final siempre notamos que se cumplen. Es como una profecía que nosotros mismos creamos sobre lo que pasará. Muy premonitorio todo, pero fácilmente explicable desde la psicología.

Para hablar de las profecías autocumplidas, siempre es recurrente el ejemplo del estudiante universitario que en épocas de exámenes empieza a repetirse una y otra vez:

“No lo conseguiré. Las asignaturas son muy difíciles. No soy capaz de hacerlo…”. Y vaya, resulta que al final suspende la mayoría de exámenes: “¡Sabía que esto iba a pasar! ¡Siempre pasa igual! ¡No cambia nunca!”.

Claro que no cambia. La fórmula siempre es la misma: Situación difícil – diálogo interno limitador – ajuste de conducta – resultado negativo – sesgo cognitivo de confirmación.

Si antes de intentar hacer algo te autoconvences y piensas que será imposible, entonces la profecía se cumplirá y no lo lograrás

La importancia del lenguaje y cómo ajustamos la conducta

El lenguaje sigue siendo una herramienta poderosísima a la hora de construir la realidad. Podemos moldear nuestra percepción de las cosas según los significados de nuestras propias palabras. Y, aunque a veces no le damos importancia a ciertas expresiones positivas o negativas, lo cierto es que la influencia de estos significados sigue haciendo mella en nosotros.

Por eso, si utilizamos un lenguaje negativo y limitante al hablar de una situación futura, la empezaremos a ver incluso peor de cómo empezamos a verla en principio.

O, aplicándolo a nosotros mismos, si nos reprochamos nuestros propios defectos, pronto serán peor de lo que realmente son.

El lenguaje sobre las situaciones es importante. Ajusta poco a poco nuestra conducta, de tal manera que nos ajustamos también a esa “realidad” que estamos creando. Por lo cual, a la hora de la verdad, es normal que se cumplan nuestras profecías. Nosotros mismos nos hemos dirigido a ese resultado.

Nuestra mente no construye el mundo a nuestro alrededor como un escenario inerte. Lo hace siempre de forma activa. Nuestra visión de la realidad es resultado de la interacción que tenemos con ella, por lo que el significado que le demos puede alterarla.

Cómo hacer frente a las profecías

Las profecías autocumplidas no son más que impresiones que nosotros mismos creamos. Así que tendremos que trabajar sobre nuestros propios pensamientos para ir cambiando también nuestra percepción. Puede sonar difícil, pero todo consiste en ir entrenando poco a poco nuestra mente. Estos son los pasos a seguir:

1. Detecta tus pensamientos

Si te encuentras en situaciones cuyo final puedes predecir como negativo para ti, párate por un instante y piensa un poco. Detecta cuáles son esos pensamientos. Ponlos en orden, si puede ser escribiendo, mejor. Haz una lista con ese tipo de ideas.

2. Fíjate en el lenguaje que usas

Antes hablábamos de la influencia del lenguaje en nuestra conducta. Fíjate qué tipo de palabras usas, qué significado tienen y cómo te influyen. Siempre existirán otras expresiones que puedan describir la misma situación, pero de forma más neutra o, incluso, más positiva. Prueba a hacerlo.

Pon por escrito los pensamientos negativos que te asaltan al pensar sobre una situación futura y analiza el lenguaje que has utilizado

3. Analiza qué motivación o creencia hay detrás de esos pensamientos

Pregúntate por qué piensas de ese modo. Y a cada respuesta, sigue buscándole un por qué hasta que no puedas más. Esa última respuesta será tu creencia inicial y será la que está influenciando negativamente sobre tus pensamientos.

4. Busca experiencias que contradigan tu suposición inicial

Muchas veces el hecho de suponer que ciertas situaciones se nos darán mal, nos hace recordar solo aquellos momentos malos, obviando o justificando como no válidos los buenos. Pero ante cualquier problema, siempre hemos tenido una experiencia previa. Y seguro que en alguna ocasión las cosas no salieron tan mal como solemos predecir. Encuentra esos recuerdos y tenlos presentes. Te recordarán que aunque te digas que todo va a salir mal, hay ocasiones en las que la profecía no se cumplió.

si utilizamos un lenguaje negativo y limitante sobre una situación futura, la empezaremos a ver incluso peor de cómo empezamos a verla en principio

Con esto, no solamente estamos identificando una profecía autocumplida, sino que además la estamos contrarrestando. Este tipo de pensamientos son malas pasadas que nos juega nuestra mente para intentar evitarnos problemas con situaciones que considera “amenazantes” para nosotros. Sin embargo, a veces tenemos que “enseñar” a nuestra mente que lo que ella misma considera amenazante, no lo es realmente.


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