La extraordinaria psicoterapeuta familiar Virginia Satir decía que: “necesitamos 4 abrazos al día para sobrevivir, 8 abrazos para mantenernos y 12 abrazos para crecer”. Si bien no es necesario cuantificar los abrazos, no hay dudas de que el contacto piel con piel es muy importante para nuestro bienestar físico y emocional desde el mismo momento en que nacemos y a lo largo de nuestra vida.

Las caricias y los abrazos nutren el desarrollo infantil

En muchos centros de maternidad, apenas el bebé nace se lo colocan en el pecho a la madre. Ese primer contacto piel con la piel es esencial y tiene efectos positivos inmediatos en los pequeños: calma su llanto y disminuye el nivel de estrés, además de promover un desarrollo más saludable a largo plazo. De hecho, todo parece indicar que los efectos de ese contacto íntimo son duraderos, sobre todo en los bebés prematuros, que generalmente necesitan pasar varios días en las incubadoras después del nacimiento y no pueden estar en contacto directo con sus madres.

En un estudio publicado en la revista Pediatrics se constató que los bebés prematuros que reciben masajes mientras están en sus incubadoras ganan un 47% más peso y tienen estancias hospitalarias más cortas en comparación que los bebés prematuros que no reciben terapia táctil.

En otro estudio más reciente publicado en la revista Biological Psychiatry se comprobó que los bebés que mantuvieron contacto piel con piel de sus madres mostraban menos respuestas vegetativas de estrés y ansiedad, así como patrones más estables de sueño. Sin embargo, lo más sorprendente fue que esos efectos beneficiosos se mantenían 10 años después y que esos niños mostraban, además, un mayor control cognitivo.

El contacto piel con piel entre madre e hijo durante las primeras horas de vida es esencial para reducir el estrés y tiene diversos efectos positivos inmediatos

La ciencia ya no tiene dudas: el contacto piel con piel, ya sea a través de los abrazos o las caricias, reduce la producción de hormonas del estrés, como el cortisol, disminuye la frecuencia cardiaca y genera una agradable sensación de tranquilidad. Ese contacto íntimo se convierte en el terreno donde los bebés pueden crecer sintiéndose amados, protegidos y seguros. Sin embargo, las caricias y los abrazos no solo son necesarias para el correcto desarrollo infantil, también impactan en el cerebro adulto.

Un abrazo es un apretón de manos desde el corazón

En un estudio publicado en la revista Psychological Science, los investigadores hicieron que parejas casadas se sometieran a un escáner de resonancia magnética funcional. La persona que se encontraba dentro podía ver un círculo verde o una X roja. El círculo verde significaba que la prueba terminaría, la X roja indicaba que había un 25% de probabilidades de sufrir una descarga eléctrica leve en el tobillo. En algunos casos, la persona se sometía al escáner sola; en otros, le acompañaba un desconocido que le sostenía la mano; y en un tercer grupo era su pareja quien estaba a su lado sosteniéndole la mano.

Los resultados mostraron que la activación cerebral en respuesta a la anticipación de la descarga eléctrica se atenuaba cuando una persona querida les tomaba la mano. Sin embargo, lo más curioso fue que mientras mayor era la felicidad y satisfacción que reportaba la persona con su relación de pareja, más intenso era ese efecto.

“Hay más poder en un abrazo fuerte que en mil palabras llenas de significado”. —Ann Hood

Lo mejor de todo es que los efectos de un abrazo son inmediatos. En otro estudio publicado en la revista Scientific Report, los investigadores pidieron a un grupo de personas que conversaran durante 15 minutos con sus parejas. Luego, algunas recibían un abrazo y otras no. Al evaluar los parámetros fisiológicos, se constató que quienes habían recibido el abrazo mostraban una reducción significativa de cortisol, la hormona del estrés.

Los efectos positivos de un abrazo son inmediatos

El secreto radica, según una investigación publicada en la revista Frontiers in Psychology, en que este tipo de contacto corporal proporciona sensaciones táctiles muy agradables que generan una serie de señales propioceptivas que nos ayudan a sentirnos mejor y validan la sensación de que somos dignos de ser amados. De hecho, las caricias y los abrazos también aumentan la producción de oxitocina, conocida como la hormona del amor, que nos hace sentir más seguros y nos permite confiar en los demás.

Los abrazos son una manera de conectar sin palabras, una vía para comunicar nuestras emociones más profundas y espantar los miedos. Un abrazo puede hacer que todo vuelva a su lugar, sin que se haya movido nada, porque nos da la fuerza emocional que necesitamos para seguir adelante. Ahí radica su inconmensurable poder.

No lo olvides: ¡abraza a tus seres queridos!

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