Mientras estudiaba en París, la joven polaca Marie Sklodowska le preguntó a un amigo profesor de Física si conocía algún laboratorio donde pudiese llevar a cabo sus experimentos. Aquel amigo pensó en su colega Pierre Curie y organizó un encuentro. Corría 1894 y, apenas un año después de conocerse, se casaron.

Marie Curie escribió: “Nuestro trabajo nos acercó más y más, hasta que los dos estábamos convencidos de que ninguno de nosotros podría encontrar un mejor compañero de vida”.

Una historia de amor entre personas inteligentes

Cuando en 1903 nominaron a Pierre Curie para el Nobel de Física junto al científico francés Henri Becquerel, no habían incluido a Marie en la nominación. Al enterarse, Pierre se quejó y la fundación añadió su nombre, de manera que Marie se convirtió en la primera mujer en ganar un Nobel.

“Todo ha llegado a su fin, Pierre está durmiendo su último sueño bajo la tierra; es el fin de todo, todo, todo”

Por desgracia, un día lluvioso de abril de 1906, Pierre murió. Marie escribió en su diario: “Todo ha llegado a su fin, Pierre está durmiendo su último sueño bajo la tierra; es el fin de todo, todo, todo”.

Pierre y Marie Curie se convirtieron en una de las parejas más legendarias de la historia de la ciencia, pero no fueron los únicos que se sintieron atraídos por la inteligencia. Se afirma que el influjo de Mileva Maric, la primera esposa de Albert Einstein y la primera mujer que se licenció en Física, fue crucial para que desarrollara la teoría de la relatividad. Sobre ella el físico escribió: “estoy solo con todo el mundo, salvo contigo. Qué feliz soy por haberte encontrado a ti, a alguien igual a mí en todos los aspectos, tan fuerte y autónomo como yo”.

Cuando la relación se construye en base a la inteligencia

Un estudio publicado en la revista Marriage & Family Review ha revelado cuál es la característica que priorizan las personas inteligentes al buscar pareja. Estos psicólogos les pidieron a los participantes que rellenaron cuestionarios en los que se evaluaba su C.I., estilo de apego y el estilo de resolución de conflictos, así como la calidad y satisfacción de su relación de pareja.

Las personas inteligentes valoran, por encima de toda, la inteligencia de sus parejas

Descubrieron que las personas inteligentes suelen buscar parejas inteligentes pues valoran más los atributos intelectuales que otras características de la personalidad o incluso que el deseo de formar una familia.

La clave radica en que estas personas sienten una intensa necesidad de relacionarse con otras que representen un desafío intelectual, les animen a aprender e ir más allá de sus límites. Debido a que estas personas suelen valorar la vida intelectual, es comprensible que busquen una pareja que comparta su mismo punto de vista.

También influye el hecho de que las personas inteligentes suelen ser más sensibles a la crítica y pueden sentirse muy incomprendidas si quien comparte su vida no ve el mundo a través de la misma lente “refinada” que ellas. Estos psicólogos explican que las personas más inteligentes suelen construir el vínculo emocional a partir de esas coincidencias intelectuales.

Los investigadores también constataron que las personas inteligentes suelen mostrarse más abiertas a las nuevas experiencias, tienen una autoestima alta y muestran actitudes más favorables hacia las carreras de sus parejas, factores que juegan a favor de la satisfacción en la relación.

El miedo al abandono siempre está presente

Esta imagen idílica de la relación de pareja se enturbia con algunos nubarrones en el horizonte. Los psicólogos notaron que a medida que aumentaba el C.I. de las personas, también se incrementaba su propensión a desarrollar un estilo de apego inseguro, es decir, tenían miedo de que sus parejas les abandonaran.

Las personas inteligentes tienden a desarrollar un estilo de apego inseguro. El miedo al abandono siempre está presente

Podría deberse a que estas personas se sienten amenazadas con más facilidad y experimentan miedo en situaciones que implican intimidad emocional. Sin embargo, los investigadores también notaron que ese aspecto no afectaba la calidad de sus relaciones ya que, con el tiempo, esas personas aprenden a gestionar esa hipersensibilidad y no permiten que su ansiedad o temor al rechazo interfiera con su capacidad para disfrutar de la relación.

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