Deberías tener cuidado cuando hablas porque las palabras que usas pueden determinar cómo será tu jornada, para bien o para mal. De hecho, la elección de las palabras que empleas a diario tiene un mayor impacto en tu vida de lo que podrías pensar. Frases como “no puedo”, “es muy difícil” o “no soy capaz” pueden llegar a ser muy dañinas cuando las usas con frecuencia e incluso pueden tener un impacto negativo en el funcionamiento de tu cerebro.

Foto: Kristin Vogt

Las palabras que usas pueden determinar cómo será tu jornada, para bien o para mal. Foto: Kristin Vogt

En este sentido, un estudio llevado a cabo en la Universidad de Florida reveló que, efectivamente, procesamos las palabras con contenido emocional en áreas específicas del cerebro, diferentes de las que usamos cuando procesamos palabras de valencia neutra. Y ya sabemos que mientras más usamos determinadas áreas del cerebro, más se consolidan las redes neuronales que se encuentran en su base.

Las palabras positivas nos hacen más felices

“Para contrarrestar el efecto de las palabras y las ideas negativas, necesitamos generar al menos tres emociones positivas” – Barbara Fredrickson

Las palabras con una connotación positiva, como “paz” y “amor”, se procesan en ciertas áreas de los lóbulos frontales. De hecho, un experimento llevado a cabo en la Friedrich Schiller University desveló que las palabras con una impronta emocional positiva provocaban una activación de la corteza prefrontal dorsomedial, una zona involucrada en la toma de decisiones emocionales y la imagen que tenemos de nosotros mismos.

Palabras positivas tienen beneficios para nuestro cerebro. Foto: Immaro Photography

Palabras positivas tienen beneficios para nuestro cerebro. Foto: Immaro Photography

Por tanto, las palabras que usamos pueden consolidar unas redes neuronales en detrimento de otras, influyendo en cómo nos vemos, en las decisiones que tomamos e incluso en nuestro estado de ánimo. Así lo demuestra otro estudio, esta vez desarrollado en la Universidad de Pensilvania con 577 personas.

Estos psicólogos les pidieron a un grupo de participantes que llevaran un pequeño diario. Al cabo de seis meses, se apreció que los únicos que reportaban sentirse menos deprimidos y más felices eran aquellos que habían escrito al menos una vez a la semana tres cosas que habían hecho bien y/o tres características propias positivas.

Las palabras negativas nos estresan

“Una sola palabra tiene el poder de influenciar la expresión de los genes que regulan el estrés, tanto a nivel físico como emocional” – Andrew Newberg

Las palabras que tienen una acepción negativa pueden llegar a ser muy dañinas. De hecho, se ha apreciado que leer una lista de palabras negativas durante apenas unos segundos es suficiente para generar una respuesta de ansiedad, empeorar el estado de ánimo o desatar pensamientos negativos recurrentes. Las palabras que pueden generar miedo, como “enfermedad” y “muerte”, también tienen ese efecto.

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Los vocablos con una impronta emocional positiva afectan la toma de decisiones emocionales y la imagen que tenemos de nosotros mismos.

El problema es que, aunque esas palabras no representen una situación real, ciertas partes del cerebro, como el tálamo y la amígdala, reaccionan ante ellas como si en realidad estuvieran ocurriendo. Envían un mensaje de alarma que provoca un aumento de la producción de hormonas vinculadas al estrés, como el cortisol, las cuales inundan, literalmente, nuestro organismo y afectan nuestra capacidad para procesar la información y tomar decisiones ya que terminan “apagando” los lóbulos frontales.

A largo plazo, esa cantidad de cortisol también llega a ser muy dañina para nuestra salud e incluso puede causar la muerte de las neuronas, sobre todo en el hipocampo, una zona relacionada con la memoria.

Foto: unsplash.com

Ciertas partes del cerebro, como el tálamo y la amígdala, reaccionan ante las palabras como si en realidad estuvieran ocurriendo. Foto: unsplash.com

Como colofón, un estudio muy interesante realizado por neurocientíficos japoneses publicado en la revista Brain and Cognition desveló que el impacto de las palabras negativas en el cerebro es aún mayor cuando se refieren a características propias. En esos casos, se apreció una actividad cerebral más intensa en algunas de las zonas relacionadas con las emociones.

Esto significa que, si bien un discurso negativo puede afectar nuestro estado emocional, ese diálogo interior negativo que a veces dirigimos contra nosotros mismos es aún más nefasto. Obviamente, no se trata de abrazar un positivismo ingenuo, pero deberíamos vigilar nuestro discurso y, siempre que sea posible, hacer que este sea más positivo y motivador.