A través de compartir impactantes historias de su proyecto anti-obesidad, Jamie Oliver (famoso por su lucha contra McDonalds y otras franquicias de comida rápida enfocadas a los niños) hace una propuesta para acabar con nuestra ignorancia sobre la comida:

Las alergias y la sensibilidad a ciertos alimentos también pueden jugar un papel importante en la conducta y el estado de ánimo de tu hijo. Durante los últimos años, hemos descuidado en exceso la alimentación de nuestros hijos por falta de información o autoengaño debido a que el ritmo frenético de la vida no nos permitía cuidar este aspecto de su desarrollo. Pero cada día, hay más información alertando de la importancia de comer sano desde pequeños.

El afamado chef inglés sigue la senda de la buena alimentación, ahora en una charla en TED donde enfatizó sobre la obesidad de miles de estadounidenses. El 10% del presupuesto anual de Estados Unidos se gasta en la obesidad y las enfermedades causadas por esta; familias completas que sufren de obesidad y ven cómo sus seres queridos pierden la vida por la mala alimentación.

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Jamie nos invita a ver cómo se pueden cambiar las costumbres alimenticias americanas (que curiosamente hemos copiado en todos los países dejando de lado nuestras costumbres más sanas), en las cocinas de los hogares, en las escuelas o en los lugares de trabajo. Él quiere contribuir a crear ciudades más sanas provocando un cambio en la mentalidad de sus habitantes.

Oliver, chef activista radical, quién ha asumido una Guerra contra la industria de alimentos, nos advierte: estamos hablando de carnes que hubieran sido vendidas como alimento para perros y después de este proceso se les sirve a seres humanos. Aparte de la calidad de la carne, el hidróxido de amonio es dañino para la salud. Oliver lo denomina así: “El Proceso de la Porquería Rosa”.

¿Qué ser humano en su sano juicio pondría un trozo de carne empapada en hidróxido de amonio en la boca de un niño?

En otra de sus iniciativas Oliver demostró como se hacen los nuggets de pollo: Después de seleccionar las ‘mejores partes’, el resto: grasa, pellejos, cartílagos, vísceras, huesos, cabeza, patas, son sometidos a un licuado –separación mecánica- es el eufemismo que usan los ingenieros en alimentos, y después esa pasta rosada por la sangre, es desodorada, decolorada, reodorizada y repintada, capeadas en melcocha farinácea y frita, esto es re-hervido en aceites generalmente parcialmente hidrogenados, esto es, tóxicos.

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En USA, Burger King y Taco Bell ya abandonaron el uso de amonio en sus productos. La industria de alimentos usa el hidróxido amonio como un agente anti-microbiano, lo que le ha permitido a McDonald’s usar en sus hamburguesas carne, de entrada no apta para consumo humano.

La industria ha creado una narrativa que, gracias a buenas campañas de marketing y a la ayuda de distintas fundaciones y organizaciones públicas y privadas, se ha ido repitiendo hasta que la sociedad la ha interiorizado. Los mensajes más utilizados han ido orientados a culpabilizar al individuo por tratarse de un problema de malos hábitos, de dieta desequilibrada y de falta de ejercicio.

Otro de los mensajes ha sido que “no hay alimentos buenos ni malos, todo depende del conjunto de la dieta”, y si esto no lo afirma Nutrexpa o Bimbo, sino una universidad de prestigio, tiene mucha más fuerza. De manera alineada, estas empresas logran lo que con seguridad no podrían alcanzar por separado. De hecho, la mayoría de las grandes empresas alimentarias que contribuyen con sus productos a la mala alimentación han conseguido ligar su imagen a la salud.

Para ello, la colaboración de la administración pública y las organizaciones médicas ha sido clave. Las empresas agroalimentarias saben que, en la batalla de la opinión pública, es esencial que sus argumentos estén respaldados por organismos, entidades o personas que suenen a científicos.

PERO NO ES EL ÚNICO ESPECIALISTA QUE HA LANZADO LA ALARMA

La doctora Stephanie Seneff ha denunciado que los alimentos genéticamente modificados (OGM) han disparado el número de enfermedades crónicas, así como las alergias alimentarias y otras dolencias como la diabetes, el alzhéimer, el párkinson, la esclerosis múltiple o el síndrome de colon irritable, entre muchos otros. Los últimos trabajos de esta científica del MIT ponen su foco en el autismo, una enfermedad cada vez más frecuente.

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Según su estudio, el glifosato, componente principal del herbicida Roundup, es el principal causante de que estas enfermedades se hayan disparado de forma tan rápida, así como la intolerancia al gluten. El problema es que dicho herbicida es producido por Monsanto, el mayor fabricante mundial de semillas transgénicas y una de las multinacionales más poderosas del mundo.

 

Mens sana in corpore sano, también en los más pequeños.
Muchas empresas nos quieren vender como “comida infantil”
alimentos que hacen daño a nuestros hijos.

Luchemos contra la ignorancia colectiva compartiendo este post.


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