Cada día somos más conscientes del alto número de tóxicos que están presentes en alimentos que tradicionalmente se han considerado como saludables. Pero a veces, esa cantidad de tóxicos es más alarmante de lo que imaginamos y como consumidores, debemos saber que quizás estemos poniendo en riesgo nuestra salud y la de nuestros seres queridos.

Estamos en las fechas donde el consumo de marisco se dispara muy por encima de cualquier otra época del año. Es la racha más fuerte de los mariscadores españoles, pero a pesar de la gran costa que tenemos, la demanda es tan alta que no podemos abastecerla toda.

Por ello, las grandes superficies se encuentran obligadas a importar carabineros, gambas, langostinos y todas aquellas variedades que mantienen cada año la demanda.La base de casi toda la importación la tiene el gigante chino. Es el país con mayor producción anual y a eso tenemos que sumarle lo barato de su producción y su mano de obra. Su precio es tentador para los supermercados y para el consumidor al que no le preocupa la procedencia.

Pero, ¿dónde está el problema? Si lo venden es porque no es tóxico, ¿o no?

Desde hace años, en Europa se controlan las procedencias y son sonados los casos, por ejemplo, de las detenciones por vender marisco de rias como la de Ferrol (contaminada por la industria asentada en la zona). El problema reside en que la clave de su producción no está en los mares, sino en piscifactorías masificadas. Estos bancos de mariscos se encuentran en zonas fuertemente industrializadas, por lo tanto altamente contaminadas.

En la zona industrial, como por ejemplo la región del Delta del río de las Perlas, hay muchas granjas acuáticas pero también granjas terrestres muy numerosas. En estas granjas, a los cerdos y las vacas les inyectan grandes dosis de antibióticos que acaban en el agua en la que se encuentran las gambas y los langostinos chinos. Estos antibióticos los ingiere el marisco y terminan en la mesa de los consumidores desprevenidos.

Nos hemos hecho eco de esta noticia gracias al reportaje extraído de la web Bloomberg. Su titular advierte que el 90% de los antibióticos suministrados a los cerdos termina siendo eliminado a través de sus heces y de su orina. Hasta aquí todo bien, el problema está en los granjeros chinos no tratan estos residuos y los vierten directamente a los ríos donde se encuentran estas granjas acuáticas.

En este proceso, los medicamentos diluidos son absorbidos por los diminutos cuerpos del marisco y automáticamente empieza a formar parte de su carne ya que no es capaz de eliminarlo tan bien como lo puede hacer un mamífero.

El caso es que ni siquiera esta es la parte realmente importante, lo preocupante son las bacterias ultraresistentes a los medicamentos que también portan. Entre ellas está la bacteria resistente a la colestina, un tipo de microrganismo que no puede ser combatido con antibióticos y que ya ha infectado a pacientes de todo el planeta.La gran propagación de esta bacteria se debe, según los organismos oficiales, a alimentos procedentes de China, y sobre todo, el marisco. Esta conclusión forma parte del estudio de Michael Mulvey, médico del National Microbiology Laboratory de Winnipeg (Canadá). Quién se basó en 2015 muestras de pescado y marisco analizado procedente de China e importando a Canadá. Los resultados concluyeron que el 0,6% de la muestra daba positivo en este tipo de superbacteria.

¿Ingerir marisco contaminado es malo para la salud? En principio no. Y por eso su producción para el consumo es legal. Sin embargo, la ingesta de este tipo de sustancias provoca que nuestro cuerpo se acostumbre a ellas y perdamos efectividad ante infecciones reales.

Como siempre, nuestro consejo es siempre mantenernos informados y ser consumidores críticos con los alimentos que nos venden.

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¿Sabes de dónde proceden los alimentos que consumirás en tu mesa?


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