¿Cuál sería tu reacción si te reencontraras por sorpresa con el amor de tu vida?

En el año 2010, la artista Marina Abramović hizo la performance más larga de su carrera: durante más de 700 horas, permaneció sentada en una sala del MOMA de Nueva York e invitó a los visitantes a sentarse ante ella el tiempo que desearan. Sin cruzar palabra, se miraban fijamente a los ojos y establecían un diálogo energético, en el que más de uno acabó llorando. Un día, Abramović recibió una visita inesperada.

Ante ella se sentó Ulay, un artista de origen alemán con el que había compartido doce años de amor y producción artística. Abramović sonríe al reconocerlo. No hablan, pero sus miradas y gestos lo dicen todo. Al ser los dos artistas, uno se pregunta si el encuentro fue espontáneo o si formaba parte de la performance de Abramović. No importa. Lo que conmueve son los sentimientos que transmite el diálogo no verbal que se establece entre los dos.

La performance de Abramović se tituló The artist is present y se celebró dentro de una retrospectiva de la artista en el museo neoyorkino. El trabajo de la artista de origen serbio explora la relación entre el performer y el público, los límites del cuerpo y las posibilidades de la mente. Se la considera la abuela del arte de la performance.

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