En el tema de la panga llevamos años primando el precio a los peligros para la salud. Empezó a crecer su consumo en 2004 y, a pesar del miedo que se desató en 2006 por un documental francés que mostraba las condiciones de su procedencia, se sigue consumiendo a día de hoy. Sin embargo, en los Estados Unidos y en otros países prohibieron su importación debido a la presencia de sustancias contaminantes y la sospecha de que podría contener antibióticos, aunque entre esos países no está España.

En 2012 desde Greenpeace ya nos advertían sobre los problemas de la panga. Su cría intensiva ha ido desplazando otras maneras de vida y otros cultivos como el arroz. La creciente demanda hace que también se esté destruyendo el manglar para construir más jaulas y a todo esto se le suma la contaminación que producen estas jaulas de acuicultura por el uso de químicos y medicamentos.

¿Hasta dónde influyen las empresas en establecer unos niveles altos de estos antibióticos si la panga pasa todos los controles sanitarios y de aduanas y no vulnera la ley?

Pongamos la polémica en contexto: la panga es un pescado de acuicultura que se cría en el río Mekong, uno de los ríos más contaminados de Vietnam. Y, además, esta contaminación aumenta debido a la acuicultura intensiva gracias a la gran demanda de la panga.

La contaminación de las aguas donde se produce con productos agroquímicos determinó la aparición de multitud de noticias sobre su posible nocividad para la salud por contener trazas de agentes de este tipo. La supuesta peligrosidad de su ingesta reside, principalmente, en la creencia de que la panga es una de las especies que más metales tóxicos acumula.

España es uno de los países europeos que más panga importa, lo que hizo crecer el malestar entre los pescadores, ya que apenas podían competir con los precios de este producto. Además de  despreciar el consumo local, el precio parece importarnos más que la salud.

Somos el país de Europa que más panga consume e importa. La panga es fácil de comer, no tiene espinas, ya que viene procesado, y es rápido de cocinar. Es un pescado que no está exento de polémica pero parece que al consumidor español su salud le da igual. ¿Le da igual o no está bien informado? ¿Nos han dado esa información? ¿Hemos prestado atención a la etiqueta?

En varias comunidades autónomas españolas se está pidiendo que se deje de servir en los colegios e, incluso, algunos supermercados ya ha dicho que dejarán de vender esta especie por las dudas que existen sobre el impacto de las granjas de panga en el medio ambiente. La polémica está servida porque no es el único:

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El consumo de pescado mundial se ha disparado y proliferan las granjas piscícolas con grandes concentraciones de pescado en aguas contaminadas con pesticidas y antibióticos para evitar las epidemias. Especialmente grave es el caso del salmón noruego alimentado con pienso a base de pescado radioactivo del Báltico no apto para el consumo humano, al que además se añade un antioxidante usado como pesticida, la Etoxiquina, cuyo uso está regulado en su empleo con la fruta pero totalmente descontrolado en el pescado donde alcanza concentraciones alarmantes. A esto hay que añadir una oscura trama de intereses casi mafiosa en el gobierno noruego. En resumen, que se me ha caído el mito de lo saludable del omega 3 del salmón y mañana cuando vaya al supermercado miraré muy bien el origen del pescado que compro —sobre todo si se trata de pescado de piscifactoría—.

La historia de la panga implica mucho más

Como temas de derechos humanos e igualdad, por ejemplo, su reducido precio supone que no se paguen sueldos dignos y que su producción se realice en unas pésimas condiciones de trabajo. Al mismo tiempo, el elevado consumo de esta especie afecta al sector pesquero español, que ve como sus precios, su trabajo y sus condiciones son cuestionadas o abaratadas.

Quizás sea buena idea no comer tanto pescado y elegirlo de mejor calidad, cercano,  fresco, de temporada; del de toda la vida y solo cuando toque. ¿Qué opinas tú?