¿Alguna vez has empezado tu día pensando “¡Hoy me siento genial, estoy súper motivado!”? ¿Alguna vez has pensado que te sientes bien porque estás motivado o, en el otro sentido, que estás motivado porque te sientes bien?

¿Y cuando no te sientes tan bien? ¿Has notado alguna vez que cuando tu motivación está en niveles mínimos, tu estado emocional también tiende a bajar? O quizás sientas que tus emociones negativas provocan el derrumbe de tu motivación. Por consiguiente, ¿cómo funciona realmente? ¿Cuál es la relación entre las emociones y la motivación? ¿De qué manera se influyen ambas?

Algunos fundamentos teóricos

Existen distintas teorías que explican el principio de la motivación. No obstante, todas coinciden en un aspecto: definen la motivación como una fuerza que conduce nuestras acciones en una dirección concreta.

En otras palabras, la motivación tiene un impacto en nuestro comportamiento. Este proceso funciona como un ciclo: nuestros pensamientos influyen en nuestro comportamiento que, a su vez, influye nuestro rendimiento. El resultado de este rendimiento hace que nuestros pensamientos varíen.

El papel de las emociones está, sin lugar a dudas, presente en los 3 elementos que componen este ciclo. Nuestras emociones tienen un gran impacto en nuestros pensamientos y en nuestro rendimiento. Del mismo modo, el resultado de nuestro rendimiento tiene un impacto en nuestras emociones. De acuerdo con esta teoría, podemos concluir que las emociones impulsan nuestra motivación.

La motivación puede ser extrínseca o intrínseca. Por un lado, la motivación extrínseca se refiere a la impulsada por elementos que nos son externos como individuos. Puede ser el dinero, el tiempo, la apariencia física, las notas académicas, la fama… Por otro lado, la motivación intrínseca corresponde a la impulsada por elementos que nos son inherentes: el conocimiento, la satisfacción personal, el desarrollo personal, la autonomía, la diversión, el disfrute, la libertad, etc… Nos centraremos en la motivación intrínseca puesto que este tipo es más propicio a ser influenciado por nuestras emociones, mientras que la extrínseca depende más de factores externos.

Centrémonos ahora en otras teorías. Seguramente estáis familiarizados con la pirámide de Maslow sobre las necesidades humanas. Cuanto más cerca se encuentre uno de la cima de la pirámide, más emociones están involucradas. Cuando estas necesidades no se satisfacen, esto acarrea todo tipo de emociones negativas. Pero, por el contrario, cuando estas necesidades se satisfacen, las emociones positivas fluyen.

¿Significa esto que la motivación conduce las emociones?

No necesariamente. Ambos aspectos están interconectados. Se influencian entre ellos la mayor parte del tiempo.

Las necesidades humanas, las emociones y la motivación

Según la teoría de la autodeterminación, existen tres necesidades primordiales que logran motivar los seres humanos: la competencia (la necesidad de sentirse competente y efectivo), el sentimiento de relación (la necesidad de sentirse aceptado por los demás) y la autonomía (la necesidad de iniciar nuestro propio comportamiento). La satisfacción de estas necesidades da pie a emociones positivas, así como a una mejora en el bienestar y en el crecimiento personal que, a su vez, provocan una estabilidad en la motivación, la productividad y la felicidad.

Esto explica la razón por la cual nuestra felicidad y nuestro estado emocional dependen del nivel de motivación que tengamos.

Hasta aquí parece claro que las emociones y motivaciones están unidas de cierto modo. Ahora la pregunta es: ¿las emociones negativas provocan el descenso de nuestro nivel de motivación? ¿Las emociones positivas provocan un incremento de la motivación?

¿Cuál es la relación entre las emociones y la motivación?

Aparentemente, depende de la emoción en sí. Existe un estudio muy interesante realizado por Vandercammen, Hofmans y Theuns que subraya el papel de las emociones en nuestra motivación.

Las emociones tienen una característica que determina nuestras acciones

Según el enfoque componencial de las emociones, uno de los componentes clave de las emociones es el mecanismo de preparación a la acción, que se refiere al hecho de estar listo para comprometerse con el entorno. Cada emoción tiene un perfil de preparación a la acción diferente. Esto podría explicar la razón por la cual las emociones y la motivación están vinculadas y porqué distintas emociones podrían tener un efecto diferente en nuestra motivación.

Por ejemplo, la alegría nos motiva a jugar y a participar en actividades creativas, mientras que el enfado nos motiva a atacar. Algunas emociones están asociadas a una baja preparación a la acción, como la tristeza, por ejemplo. Esto explica por qué cuando nos sentimos tristes, no tenemos ganas ni fuerzas de hacer nada. Otras emociones, como la felicidad, están asociadas a una alta preparación a la acción, lo que explica por qué somos más productivos y estamos más motivados cuando nos sentimos felices.

Por ejemplo, la ansiedad, que es una emoción negativa, está asociada a una alta preparación a la acción, así como la felicidad, que es una emoción positiva. Sin embargo, ambas tienen un impacto completamente distinto en nuestra motivación. En otras palabras, cuando nos sentimos felices, estamos más motivados para hacer cosas que queremos hacer, pero cuando nos sentimos angustiados, perdemos la motivación para hacer las cosas que queremos hacer.

La habilidad para diferenciar las emociones tiene un impacto en nuestra motivación

Tomemos el ejemplo de la relajación. La relajación es una emoción positiva con una preparación a la acción baja, lo que significa que esta emoción hace que nos sintamos menos motivados a la hora de comprometernos con nuestro entorno. Dependiendo de cómo diferenciemos nuestras emociones, sentirse relajado podrá aumentar nuestros niveles de motivación o no afectarlos en absoluto.

Si no eres un buen diferenciador, esto significa que cuando vives una emoción positiva la experimentarás como una mezcla de emociones en lugar de experimentar emociones bien diferenciadas. También reaccionarás más fuertemente de cara a la expresión de tus emociones. Lo mismo ocurre con respecto a las emociones negativas. Por ejemplo, cuando algo malo ocurre, las personas que no son buenas diferenciando las emociones tienden a sentirse en un estado emocional negativo. No son capaces de específicamente señalar si lo que sienten es ansiedad, tristeza, frustración, miedo, etc… Solo saben que no se sienten bien. De este modo, vivirán esta experiencia como algo negativo, sin lograr distinguir las distintas emociones negativas que padecen.

Puesto que las personas que nos son buenas diferenciando las emociones reaccionan más pronunciadamente a sus emociones, es más probable que dejen que sus emocionen influyan sus acciones. Esto explica el hecho de que las personas que no saben diferenciar emociones necesitan sentir emociones positivas para sentirse motivadas, y cuando experimentan emociones negativas su motivación decae.

Si eres una persona a la que le cuesta diferenciar las emociones, es más probable que sentirte relajado aumente tu motivación puesto que experimentarás la situación como un estado de ánimo positivo. Por el contrario, si eres un buen diferenciador, podrás distinguir la emoción exacta que experimentas, sea positiva o negativa. Serás más consciente de tus emociones y podrás manejarlas mejor, lo que significa que podrás disminuir la influencia de tus emociones en tu comportamiento.

Para las personas que saben diferenciar emociones como el entusiasmo, la alegría, el optimismo o la satisfacción, estas tendrán un efecto positivo en su motivación. Sin embargo, sentirse relajado, que es una emoción positiva, no aumentará necesariamente los niveles de motivación. Por otro lado, cuando un buen diferenciador sienta emociones negativas, esto no afectará necesariamente a su motivación puesto que sabrá cómo regularlas e impedir que influyan su comportamiento.

Diferencias individuales en la manera en la que diferenciamos las emociones pueden explicar por qué no somos todos iguales a la hora de decidir si nuestra motivación depende de nuestras emociones. La motivación de las personas a las que les cuesta diferenciar las emociones depende principalmente de sus emociones.

Es cierto que, en general, nuestras emociones tienen un impacto en nuestra motivación. Sin embargo, puesto que cada emoción tiene su propio perfil de preparación a la acción, la relación entre emoción y motivación varía de una emoción a otra.

Con respecto a las emociones negativas, ser un buen diferenciador es beneficioso ya que estas emociones negativas no afectarán negativamente nuestra motivación. Pero, respecto a las emociones positivas, ser un mal diferenciador será más beneficioso porque sea cual sea la emoción que sientas, tu motivación se verá afectada positivamente, mientras que para los buenos diferenciadores no todas las emociones positivas conducirán a un aumento de la motivación.

Pero, ¿porqué es tan importante saber cómo funciona esta relación?

Simplemente porque entender la relación entre emociones y motivación nos puede ayudar a mejorar nuestro bienestar emocional. Si comprendemos de qué manera nuestras emociones y nuestra motivación se influencian mutuamente, entonces aprenderemos a regular nuestro comportamiento y nuestras emociones. Como consecuencia, permaneceremos motivados y mantendremos un estado emocional positivo.

Como conclusión, la habilidad de diferenciar tus emociones negativas te ayudará a impedir que tu motivación disminuya.

La buena noticia es que, aunque seas o te consideres un mal diferenciador, podrás aprender a distinguir y a administrar mejor tus emociones a través de herramientas específicas, recursos, así como de la mano de profesionales que te ayudarán a mejorar tus habilidades emocionales. Una plataforma muy útil para comenzar este proceso es Viivas, una startup cuyo objetivo es ayudarte a mejorar tu bienestar emocional, centrándose en las emociones positivas.

Viivas promueve el desarrollo personal y proporciona una selección de herramientas y expertos con el fin de ayudarte a aprender a manejar tus emociones y a alcanzar el crecimiento en todas las áreas de tu vida.


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