La inmensa mayoría de las personas pueden reconocer una intoxicación por alcohol. La percepción se altera, se reduce el tiempo de reacción, se desinhibe el comportamiento, perdemos el equilibrio, empeora el control motor y nos cuesta mucho más coordinar las ideas. Sin embargo, muy pocas personas saben reconocer los signos de una intoxicación emocional. De hecho, es probable que pienses que nunca te ha pasado.

Te animo a echar la vista atrás y responder sinceramente estas preguntas:

  • ¿Alguna vez te has sentido enfadado durante horas o incluso días?
  • ¿Has tomado decisiones dejándote llevar por las pasiones del momento y luego te has arrepentido?
  • ¿Alguna vez te has sentido tan agobiado que has estado a punto de abandonarlo todo?
  • ¿A veces no logras sacarte algunos pensamientos negativos de tu mente?
  • ¿A menudo sientes que las emociones te sobrepasan?

Si has respondido afirmativamente a alguna o todas, entonces no hay dudas de que en algún momento has sido víctima de una intoxicación emocional.

¿Qué es exactamente la intoxicación emocional?

La diferencia entre la intoxicación emocional y las emociones que experimentamos cada día radica en su intensidad. En la intoxicación emocional, las emociones toman el mando y la mente racional prácticamente se desconecta, se produce lo que Daniel Goleman denomina “secuestro emocional”.

Con la intoxicación emocional, las emociones toman el mando y la mente racional desaparece

El secuestro emocional se genera en la amígdala, una estructura del sistema límbico especializada en el procesamiento de los aspectos emocionales de los estímulos a los que nos exponemos. Básicamente, la amígdala actúa como un centinela emocional que avisa a la corteza prefrontal de que algo podría ir mal.

“El cerebro emocional responde a un evento más rápidamente que el cerebro racional”. —Daniel Goleman

La corteza prefrontal es una especie de termostato que interviene para contener esas primeras reacciones emocionales, ayudándonos a desarrollar una actitud más racional y objetiva. Sin embargo, cuando la situación que estamos viviendo genera respuestas emocionales muy intensas, se produce una especie de desconexión, el sistema límbico asume el mando y la corteza prefrontal no se activa. Como resultado, las emociones fluyen sin contención.

Obviamente, en estas condiciones no podemos tomar buenas decisiones. Cuando estamos intoxicados emocionalmente la percepción se altera, pues lo vemos todo a través de un prisma distorsionado. En ese estado también disminuyen nuestras habilidades sociales, somos menos empáticos y más reactivos y es probable que nuestras inseguridades afloren. De hecho, si has discutido con alguien que estaba intoxicado emocionalmente, habrás notado que en ciertos momentos ni siquiera escuchaba tus palabras o, al menos, no era capaz de procesarlas.

Las señales premonitorias de una intoxicación emocional

En algunos casos, el secuestro emocional se produce de manera repentina, en medio de una discusión acalorada o cuando nos dan una mala noticia que no somos capaces de asimilar. Esos “raptos emocionales” son más fáciles de detectar y, generalmente, duran muy poco tiempo.

La intoxicación emocional puede suceder poco a poco, como un frasco que se llena gota a gota, hasta que de pronto “estallas”

Sin embargo, también se puede producir una intoxicación emocional por acumulación, un estado más difícil de detectar ya que las emociones se van depositando gota a gota. Cuando no somos capaces de dejar ir, termina acumulándose cada fuente de tensión, cada palabra hiriente que nos dirigen, cada frustración y cada pequeño fracaso cotidiano, hasta que llega el punto en el que “estallamos”.

“Sé consciente de que en este momento estás creando. Estás creando tu próximo momento, basado en lo que sientes y piensas”. —Lew Childre

Por eso, es fundamental aprender a detectar los primeros signos de intoxicación emocional antes de llegar al punto de no retorno.

Los 5 signos de intoxicación emocional que no puedes ignorar

1. Te pones a la defensiva

Si reaccionas poniéndote a la defensiva prácticamente por todo es probable que estés dejándote llevar demasiado por las emociones y que hayas entrado en “modo autoprotección”. Cuando las emociones toman el mando nos volvemos hipersensibles, nuestras inseguridades afloran y nos sentimos más vulnerables. La incertidumbre hace que cataloguemos incluso los estímulos neutros como amenazantes, como demostró un estudio publicado en el Journal of Experimental Psychology, haciendo que asumamos una perspectiva más egocéntrica y que intentemos protegernos de los supuestos ataques.

2. Te cierras

El bloqueo es un mecanismo de autodefensa que ponemos en práctica cuando estamos desbordados y no podemos lidiar con lo que está sucediendo. Es probable que te desconectes de lo que dicen los demás e, incluso, de tu propia voz interior que normalmente te anima a ser más razonable. El problema es que las emociones te impiden asumir la distancia psicológica necesaria para poder lidiar con las dificultades. Cuando atraviesas una situación de bloqueo, solo escucharás a tus emociones, lo cual puede conducirte a sacar conclusiones sesgadas.

Cuando las emociones toman el control, te bloqueas y encierras en ti mismo, impidiendo que nadie más entre

3. Sientes que estás perdiendo el control

Cuando las emociones se vuelven demasiado intensas, puedes tener la sensación de que estás perdiendo el control. Es probable que sientas que estás muy enfadado, extremadamente triste o muy ansioso, pero aunque eres plenamente consciente de esas emociones, no logras gestionarlas. A menudo esas emociones se alimentan de pensamientos automáticos negativos, ideas que vuelven una y otra vez a tu mente, aunque intentes deshacerte de ellas. Esa sensación de pérdida del control genera a su vez frustración, la cual alimenta aún más el malestar interior.

4. Tienes miedo a soltar

A menudo el vértigo emocional te impide dejar ir lo que te está dañando. Puede parecer un contrasentido, pero el miedo a la pérdida de lo que nos resulta conocido hace que nos aferremos a situaciones que nos lastiman. Cuando estamos atravesando períodos particularmente difíciles, solemos desarrollar una gran resistencia al cambio porque no queremos añadir más incertidumbre a nuestras vidas.

El miedo a la pérdida de lo que nos resulta conocido hace que nos aferremos a situaciones que nos hacen daño

Puedes sentir que estás caminando sobre una cuerda floja y que si te desvías apenas un poco de tu hoja de ruta y pruebas algo nuevo, tu vida se desequilibrará por completo. Esa perspectiva te asusta, por lo que prefieres aferrarte a situaciones que te lastiman, aunque ello signifique perpetuar el sufrimiento o malestar psicológico.

5. Te sientes sobrepasado

En muchos casos, la intoxicación emocional es el resultado de una situación, o conjunto de estas, que han sobrepasado nuestras capacidades. Si comienzas a sentirte saturado o agobiado, es mejor que hagas un alto. Seguir por ese camino puede ser muy peligroso ya que la acumulación del estrés y otras emociones negativas pueden pasarte una factura muy elevada en términos de salud mental y física.

Si comienzas a sentir que todo está pasando tan rápido que no puedes gestionarlo, pon en pausa tu mundo para que puedas reflexionar.


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