Hoy sabemos que la violencia psicológica puede dejar heridas tan profundas, o incluso mayores, que la violencia física. Sin embargo, detectar el abuso emocional no es tan sencillo, no solo porque no existen marcas visibles en el cuerpo, sino porque nuestros estereotipos pueden impedirnos ver las evidencias más sutiles.

Solemos asociar el maltrato psicológico con los gritos, las humillaciones verbales, las amenazas y las burlas denigrantes. No obstante, existe un tipo de violencia psicológica que puede hacer mucho daño y normalmente pasa desapercibida: la frialdad emocional o indiferencia.

El aislamiento emocional como herramienta de castigo

En la Antigua Grecia se aplicaba un castigo ejemplar a las personas que se consideraban peligrosas o sospechosas para la soberanía popular. El nombre que se le daba a este castigo era ostrakismos, que significa literalmente “destierro por ostracismo”. Cuando la Asamblea votaba, la persona tenía 10 días para abandonar la ciudad y si intentaba regresar antes del plazo establecido, le condenaban a muerte. En algunos casos, la propia exclusión se convertía en una condena a muerte, ya que las personas no sobrevivían sin la protección de la sociedad.

“No hay nada más duro que la suavidad de la indiferencia”. —Juan Montalvo

La frialdad emocional es un tipo de violencia psicológica que suele pasar desapercibido

En la actualidad hay personas que siguen aplicando una especie de ostracismo emocional (condenan al otro a un tratamiento frío) que implica ignorar sistemáticamente sus necesidades. Esa persona adopta un comportamiento pasivo-agresivo ya que recurre al silencio, la indiferencia y al desprecio para castigar o manipular al otro.

Los comportamientos que delatan esa frialdad emocional son:

  • Negarse a mantener una conversación y dirigirle la palabra a la persona que se está “castigando”.
  • No responder a sus preguntas o hacerlo con monosílabos.
  • No mostrar afecto, ignorando conscientemente las necesidades emocionales del otro, que quedan insatisfechas en el marco de la relación.
  • Evitar el contacto físico y visual, haciendo como si la persona no existiera, de manera que se sienta invisible e insignificante.
  • Mostrar un marcado desinterés por todo lo relacionado con la otra persona.
  • Negarse a colaborar en diferentes tareas para generar frustración y malestar en el otro.
  • No acudir a eventos sociales juntos, con el objetivo de que el otro se avergüence de sí mismo.

¿Qué sucede cuando no se satisface la necesidad de conectar emocionalmente?

Sentimos una profunda necesidad de conectar emocionalmente con los demás. Cuando somos pequeños, no solo necesitamos que nuestros padres nos alimenten y protejan, también necesitamos ser amados y mimados. Los abrazos y las caricias nutren el desarrollo infantil.

De niños, necesitamos ser (y sentirnos) amados, pero es algo que no desaparece, tan solo se incrementa con la edad

Esas necesidades no desaparecen cuando nos convertimos en adultos independientes, sino que se multiplican. Necesitamos cierto grado de aceptación social y que validen nuestras emociones y sentimientos. También necesitamos amar y ser amados y, en determinados momentos, cuando las cosas se tuercen, necesitamos sentirnos arropados.

Ese apoyo emocional es la base sobre la cual seguimos construyendo nuestra identidad. Cuando ese apoyo falla, cuando nuestras necesidades emocionales no son satisfechas, no solo experimentamos un gran vacío, sino que, a la larga, comenzaremos a pensar que no somos dignos de ser amados, lo cual terminará dañando nuestra autoestima y la imagen que tenemos de nosotros mismos.

Cuando la frialdad emocional proviene de las personas más cercanas, como puede ser la pareja, un padre o un hijo, podemos llegar a sufrir graves daños en nuestro autoconcepto: perdemos el control, se debilita la sensación de pertenencia e, incluso, se afecta nuestro sentido de la vida, según indica un estudio publicado en la revista Group Processes & Intergroup Relations.

“Las heridas morales tienen esta peculiaridad: se ocultan, pero no se cierran; siempre dolorosas, siempre prontas a sangrar cuando se les toca, quedan vivas y abiertas en el corazón”. —Alejandro Dumas

Otro metaanálisis publicado en la revista Communication Monographs en el que participaron más de 14.000 personas llegó a la conclusión de que el silencio es sumamente destructivo en las relaciones de pareja, ya que se interpreta como una falta de implicación y un intento de sometimiento emocional. Estos psicólogos descubrieron que el uso del silencio como herramienta de castigo es común en las parejas y es uno de los factores que más distancia a sus miembros, llevando a la ruptura.

El problema es que la frialdad emocional genera frustración debido a la falta de respuesta e implicación del otro. También puede hacer que nos sintamos confundidos y hasta culpables, además de que nos sentiremos cada vez más solos e incomprendidos. La persona que es ignorada sistemáticamente y cuyas necesidades emocionales son menospreciadas se sumirá en el profundo pozo de la depresión. Sentirá que no es digna de ser amada ni respetada, por lo que perderá la confianza en sí misma y será cada vez más vulnerable ante su maltratador.

El silencio es un método de castigo común en las parejas, una forma de frialdad emocional que hace mella en las relaciones

“A veces, la indiferencia y la frialdad hacen más daño que la aversión declarada”. —J. K. Rowling

Ese tipo de relaciones dejan profundas huellas que incluso determinan las relaciones posteriores que establece esa persona, destruyendo su capacidad para confiar en los demás y establecer relaciones plenas. La frialdad emocional y la indiferencia pueden terminar discapacitando emocionalmente a una persona.

Por eso, es importante que tengamos presente que el distanciamiento emocional es una de las formas más crueles de violencia y manipulación psicológica. Ignorar las necesidades del otro no es la mejor manera para resolver los conflictos y acortar las distancias. Toda relación debe estar basada en el diálogo y el respeto mutuo.


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