La emodiversidad es más importante que la felicidad para tu bienestar

La felicidad se ha convertido en un reclamo publicitario. Pretenden vendernos prácticamente cualquier cosa con la promesa de ser más felices, desde una aspiradora hasta un refresco. De hecho, uno de los mayores peligros que nos acecha ahora mismo es el cliché de la felicidad, que puede generar la triste obligación de ser felices a todas horas.

Obsesionarse con la felicidad nos hace más infelices

La felicidad puede ser un estado muy escurridizo, por lo que perseguirla y obsesionarse con alcanzarla puede tener el efecto contrario y hacer que nos sintamos profundamente infelices. Lo comprobaron investigadores de la Universidad de Queensland, quienes realizaron una serie de estudios sobre el nivel de felicidad de personas de diferentes culturas.

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Obsesionarse con alcanzar la felicidad puede tener el efecto contrario y hacernos más infelices

La investigación, publicada en la revista Emotion, indica que cuando las personas creen que la sociedad espera que sean felices, suelen evaluar de manera más negativa sus emociones. Es decir, cuando estamos sometidos a una expectativa cultural que nos obliga a ser felices, las emociones negativas se sobredimensionan. De hecho, los investigadores constataron que, mientras más fuerte era esa expectativa, más emociones negativas reportaban los participantes.

La diversidad emocional es clave para el bienestar

Investigadores de las universidades de Cornell, Pensilvania y Arizona publicaron otro estudio muy interesante en el que desmitifican la felicidad. Sus resultados señalan que la capacidad para sentir una amplia gama de emociones positivas, lo que denominaron diversidad emocional o emodiversidad, puede reportarnos una mejor salud que la propia felicidad.

En la investigación se centraron en la inflamación sistémica, una respuesta inmune que se ha relacionado con enfermedades crónicas como la diabetes y la osteoporosis, así como un mayor riesgo de muerte prematura. Reclutaron a 175 personas con edades comprendidas entre los 40 y 65 años y les pidieron que llevaran un registro de sus emociones durante 30 días.

Cada noche, los participantes puntuaban el grado en que habían experimentado 16 emociones positivas ese día, la felicidad era una de ellas, pero la lista también incluía entusiasmo, determinación, orgullo, inspiración y fortaleza, entre otras. Registraron además las emociones negativas que experimentaban, como la tristeza, la ira, la vergüenza y la culpa.

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La emodiversidad es la capacidad para sentir una amplia gama de emociones positivas

Evaluaron la emodiversidad teniendo en cuenta la variedad de emociones que experimentaba una persona, así como su distribución general a lo largo del día y el número de veces que se presentaba cada emoción.

A los participantes también les hicieron análisis de sangre al comienzo del estudio y al cabo de 6 meses. Cuando los investigadores analizaron las muestras de sangre para detectar los marcadores de inflamación descubrieron que las personas con las tasas más bajas de inflamación reportaban una gama más amplia de emociones positivas. Así descubrieron que la emodiversidad es más beneficiosa para la salud que la propia felicidad.

El diapasón emocional beneficioso también incluye las emociones “negativas”

Siempre hemos pensado que las emociones “negativas” son dañinas. Sin embargo, podríamos estar equivocados. Un estudio publicado en la revista Journal of Experimental Psychology en el que se analizaron más de 37.000 personas nos brinda una perspectiva diferente. Estos investigadores constataron que la emodiversidad, que incluye tanto las emociones positivas como las negativas, está relacionada con una mejor salud mental y física. Las personas con un alto nivel de emodiversidad incluso tenían menos probabilidades de sufrir depresión que quienes reportaban más emociones positivas. ¿Cómo es posible?

Jordi Quoidbach, uno de los autores principales del estudio de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, explica: “De la misma manera en que la biodiversidad aumenta la resistencia a los eventos negativos ya que un depredador único no puede destruir todo un ecosistema, la emodiversidad puede evitar que emociones específicas se instauren, sobre todo las que son más perjudiciales, como el estrés agudo, la ira o la tristeza, y dominen el ecosistema emocional”.

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Las emociones positivas no son las únicas que cuentan; las emociones “negativas” también son beneficiosas para nuestra salud emocional.

No hay dudas de que las emociones, incluso las que catalogamos como negativas, cumplen diferentes roles funcionales y nos ayudan a priorizar y regular nuestro comportamiento para adaptarnos a la situación en la que nos encontramos. No podemos olvidar que una pequeña dosis de estrés, por ejemplo, nos da la energía extra que necesitamos para terminar un proyecto en plazo y que la tristeza también nos ayuda a conectar con los demás.

De hecho, ser capaces de experimentar un amplio rango de emociones específicas diferentes, incluyendo la ira, la vergüenza y la tristeza, tiene un mayor valor adaptativo que experimentar menos estados más generales, como la sensación de sentirse mal. Esto se debe a que las emociones específicas nos brindan información más detallada que nos permite tomar mejores decisiones e incluso poder superar esos estados más rápido asumiendo estrategias más concretas.

¿El secreto? Aceptar los estados emocionales y dejarlos ir

La clave radica en no quedarse atrapados en esas emociones negativas, sino en usarlas de manera eficaz. Cuando aceptamos las emociones, estas siguen su curso natural ya que, por definición, son estados de corta duración.

Psicólogos de la Universidad de Toronto analizaron el vínculo entre el bienestar psicológico y la aceptación de la negatividad, trabajando con más de mil personas. Descubrieron que quienes aceptaban las emociones negativas tenían una mejor salud psicológica. De hecho, el factor que mejor predecía el bienestar psicológico no era una vida libre de estrés, sino la capacidad para aceptar las dificultades y las emociones negativas sin quedarse atrapados en ellas.

Por tanto, ahora ya lo sabes: no hay que obsesionarse con la felicidad. Si quieres tener una buena salud psicológica, intenta ampliar tu diapasón emocional y acepta todas las emociones sin aferrarte a ellas.

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