La culpa es un sentimiento que surge cuando rompemos algún significado personal o social, o dañamos a alguien o algo que consideremos propio o cercano.

Este sentimiento, al tener una naturaleza emocional, depende siempre de un acto o estímulo que lo active, es decir, la culpa nunca viene sola. Siempre se da por una causa que provoca su efecto. Y cuando ello ocurre sentimos tristeza, vergüenza, autocompasión, mala conciencia, remordimiento, etc.

¿Un sentimiento negativo o positivo?

No lo creeréis, pero la culpa tiene algo positivo. Es un elemento socializador: desde pequeñitos nos han manipulado con este sentimiento. Nos han reñido cuando hemos hecho algo malo, nos sentimos mal por ello y eso provocará que no volvamos a repetir dicho acto en el futuro. Por lo cual, la culpa es útil para adaptarnos a un grupo y para empezar a desarrollar nuestra conciencia moral.

Eso sí, la culpa no es un “sentimiento homologado”, es decir, todos la sentimos, pero no la sentimos igual, ni por las mismas cosas. Todo depende mucho de la educación y de la cultura.

Pero claro, pocos la asociarán con algo positivo. Más bien con todo lo contrario. La culpa no es algo agradable de vivir. Su parte más negativa viene cuando sentimos culpa sin que haya hechos reprochables. ¿Recordáis lo de la causa-efecto? Pues cuando esa relación no existe, la culpa carece de utilidad.

La culpa genera una amalgama de emociones que se mezclan entre ellas y se retroalimentan, haciéndonos sentir muy mal. A parte de que sirven como una especie de pantalla de humo que nos dificulta identificar realmente las causas de esas emociones.

La culpa genera una amalgama de emociones que se mezclan entre ellas y se retroalimentan

¿Cómo deshacernos de este sentimiento?

Al igual que todo entrenamiento para dejar cualquier hábito, deshacernos de la culpa no es fácil, pero estos pasos nos ayudarán a encontrar una solución. Siempre y cuando nos ajustemos a nuestras circunstancias, claro.

1. Acéptala

Ya sabes lo que es; ya sabes de dónde procede; ya sabes que todos la sienten. Acepta que estará ahí y que surgirá cada vez que tenga que surgir. Buscar destruirla o desplazarla no sirve porque, aunque miremos para otro lado, se manifestará de otra forma. No podemos eliminarla, pero sí reconducirla.

2. Analiza ese sentimiento

Como dijimos antes, ninguna emoción surge sola. Todas son provocadas. Busca qué provoca esa culpabilidad. Porque si localizas la razón, sabrás qué hacer con ella. Sí, se dice fácil, pero habrá ocasiones en que sintamos culpa y no sepamos por qué. A veces, esa revisión de nosotros mismos no será sencilla, pero no es imposible.

3. Redefine tus roles

Otra forma de plantear este paso es saber “redireccionar” nuestros pensamientos para no cargar con tanto peso y saber qué está dentro de nuestra responsabilidad y qué no.

Es un proceso confuso y difícil, pero no por ello imposible. Básicamente consiste en revisar las situaciones que nos provocan culpa desde otros prismas y ver si realmente somos tan culpables como nos pensamos. Quizás haya otras personas responsables por lo sucedido, como puede pasar con una ruptura de pareja. No todo sería nuestra culpa. O que aquello que nos atormenta tenga que ver con unas normas demasiado restrictivas que seguimos manteniendo desde la infancia como, por ejemplo, la culpabilidad que sienten muchos jóvenes por su condición homosexual.

culpa

Es importante revisar las situaciones que despiertan culpabilidad en nosotros desde otros puntos de vista

O puede que tengamos que eliminar nuestras fuentes de culpa y aceptar ciertos comportamientos como, por ejemplo, cuando rompemos constantemente con nuestros hábitos de dieta, puede que se deba a que nos estamos forzando demasiado en unas conductas que no van con nosotros, y debemos encontrar otras formas de seguirla añadiendo nuevos hábitos, o retirando otros.

4. Sé constructivo

Sentir culpa es inevitable, es algo que no podemos controlar, pero lo que sí podemos controlar es lo que haremos al respecto. Si buscamos una forma de enmendar el daño hecho, podremos incluso aprender de la experiencia.

5. Aprende para el futuro

La culpa nos obceca tanto que no sacamos nada en claro de lo que nos pasa la mayoría de las veces. Esto nos puede llevar a seguir cometiendo los mismos errores en el futuro. Recordad que la culpa es un elemento socializador. La sentimos para no volver a repetir ciertas cosas. Pues sigamos aplicando el cuento.

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Sentirnos culpables nos señala qué hemos hecho mal

Conclusión: la culpa es por la situación, la responsabilidad es por tu acción

No sé si lo habréis notado, pero en realidad todo lo anterior se puede resumir en una cosa: actuar con responsabilidad. La responsabilidad no es una emoción, es una cualidad o una forma de actuar. Consiste en ser consciente de los hechos, asumir lo que hicimos, y actuar en consecuencia.

La culpa nos señala qué hemos hecho mal. Está en nosotros actuar con responsabilidad ante lo ocurrido.

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