Un niño de 4 años de edad puede sorprendernos y no precisamente por lo simpático y adorable que pueda ser. Algunos estudios han revelado que a esta edad muchos niños podrían batir a los adultos en desafíos cognitivos aparentemente muy sencillos relacionados con la memoria.

Una increíble memoria para las rimas

Investigadores de la Universidad Centroeuropea, la Universidad de Massachusetts y la Universidad Eötvös Loránd realizaron un experimento para el cual reclutaron a 13 familias. Les pidieron a los padres que les leyeran todas las noches a sus hijos de 4 años de edad un libro que contenía versos rimados, a lo largo de una semana y media. Tanto los padres como un grupo de estudiantes universitarios sabían que evaluarían su conocimiento sobre el libro, aunque a los niños no les dijeron nada.

“Los recuerdos de la infancia son sueños que sobreviven después de que te despiertas”. —Julian Barnes

Al día siguiente de la última lectura del libro, los investigadores pidieron a padres, niños y jóvenes que recordaran tantas partes del poema como pudieran, literalmente. Como media, los niños recordaron casi el doble de palabras correctas que los adultos y cometieron menos errores.

Los niños también tienen mejor memoria para las imágenes

Durante décadas se ha pensado que la memoria de los niños no es muy buena, pero otro estudio realizado en la Universidad de Ohio indica que podría ser mucho mejor que la de los adultos, al menos para reconocer imágenes. Estos investigadores trabajaron con 77 niños de cinco años y 71 estudiantes universitarios, quienes vieron 30 imágenes de diferentes animales sin saber que debían memorizarlas. De hecho, los investigadores introdujeron un truco: les mostraron la imagen de un gato y les dijeron que ese animal tenía células beta dentro de su cuerpo, de manera que, después, los niños y los jóvenes debían reconocer si los otros animales de las imágenes también tenían este tipo de células.

“El auténtico arte de la memoria es el arte de la atención”. —Samuel Johnson

Luego, a cada participante les mostraban 28 imágenes de animales y debían indicar si ya las habían visto o eran nuevas. Al identificar los animales, los niños lograron un 31% de aciertos mientras que los jóvenes solo acertaron un 7%.

¿Por qué los niños pueden recordar mejor algunas cosas?

Los investigadores creen que los adultos no recuerdan menos porque tienen su mente ocupada con otros asuntos, sino porque saben más que los pequeños y siempre aplican ese conocimiento cuando se exponen a una información nueva. Básicamente, los conocimientos pasados disminuyen la precisión de nuestra memoria.

El problema es que los adultos ponemos en marcha el razonamiento inductivo,  es decir, partimos de hechos particulares para obtener conclusiones generales. Los niños también lo hacen, pero mientras que los adultos realizamos la inducción por categorías, los pequeños sacan sus conclusiones por similitud.

El problema es que cuando sacamos conclusiones por categorías, filtramos toda la información que consideramos irrelevante y así pasamos por alto muchísimos detalles. Al contrario, como los niños sacan conclusiones por similitudes deben fijarse más en los detalles. De hecho, cuando a los pequeños les enseñaron a sacar conclusiones por categorías, su memoria cayó al nivel de la de los adultos.

“Cada uno tiene el máximo de memoria para lo que le interesa y el mínimo para lo que no le interesa”. —Arthur Schopenhauer

Sin embargo, no podemos olvidar que la memoria también está condicionada por el significado que le atribuimos a los estímulos. Un estudio realizado en la Universidad de Otago demostró que los niños de tan solo 27 meses que habían visto una “máquina mágica” especialmente diseñada para captar su atención y asombrarlos recordaban la experiencia unos seis años después. Esto significa que el impacto emocional de las situaciones hace que estas se fijen mejor en nuestra memoria.

Por tanto, también es probable que esas pruebas hayan tenido un significado más especial para los niños, por lo que estimularon su capacidad para memorizar.

En cualquier caso, es importante recordar que el cerebro de los niños está en pleno proceso de maduración y que la misión de los adultos no es limitarlo sino encargarse de abatir todas las barreras.


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