¿Qué pasa cuando las cosas no salen como queremos? Nos enfadamos.

La ira es una emoción básica. Forma parte de nosotros desde que éramos unos cavernícolas, aunque otras especies también la experimentan. Podría decir que, en el fondo, la ira nos ha servido para mantenernos vivos hasta el día de hoy. Aunque sé lo que estás pensando: no es agradable pensar en coger por el cuello a la gente que nos cabrea o explotar como un volcán o convertirnos en el increíble Hulk cada vez que nos frustramos, por muy “adaptativo” que haya sido hasta ahora.

Sin embargo, es normal enfadarse cuando percibimos una situación de injusticia. Eso sí, otra cosa es estar cabreado siempre. Hay personas que se han convertido en enfadados crónicos que se molestan por cualquier cosa y no consiguen superar esa emoción. Se la llevan allí a donde vayan. El enfado crónico es una característica infantil: nos comportamos como niños que cogen una rabieta por cualquier cosa porque no somos capaces de tolerar la frustración y queremos tener siempre la razón.

¿Te sientes identificado con esto? Seguro que no, pero si conoces a alguien así, no estaría de más que le planteases algunas preguntas:

  • ¿Por qué elijo enfadarme ante cada situación?
  • ¿Qué hago para crear situaciones que generen ira continuamente?
  • ¿Solo puedo reaccionar de esta manera?
  • ¿A quién estoy castigando con este comportamiento?, o ¿a quién pretendo castigar?
  • ¿Por qué quiero estar constantemente enfadado?
  • ¿Qué pensamientos causan o alimentan mi ira?
  • ¿Cómo influye en los demás mi comportamiento?
  • ¿Esta es la vida que quiero?

Las personas que sufren de este enfado constante creen que la ira es la única forma de expresarse y de tener lo que desean. Posiblemente sea así: es una forma de someter a todo el mundo a base de berrinches. Pero existen otras formas de comunicarse mucho más eficaces y menos dañinas para los demás o para uno mismo.

Recuerda: la ira es una emoción básica. Vamos a tenerla queramos o no. Y comúnmente siempre nos han inculcado que lo mejor es controlar la ira anulándola, pero no es así. La ira se controla sabiendo expresarla de forma sana.

¿Cómo controlo mi ira?

Muchas veces, casi por necesidad, os habéis hecho la pregunta del millón: ¿cómo controlo mi ira? Pues presuponiendo que sois personas normales, que simplemente estáis pasando por una mala racha y os sentís más encendidos que de costumbre. Veamos algunas maneras de controlar la ira.

En primer lugar, aprendamos tres verdades universales de la vida. ¿Eres capaz de asumirlo? ¿Estás preparado? Vamos a ello:

  1. No eres perfecto.
  2. Los demás tampoco lo son.
  3. El mundo no funciona como tú quieres.

Y teniendo lo anterior como base, comencemos con algunos consejos rápidos:

1. Aprende a relajarte

Es fácil de decir, pero se necesita algo de práctica. Lo primero siempre a tener en cuenta es la respiración. Respirar profunda y rítmicamente reduce la ansiedad y nos ayuda a relajarnos.

2. Tiempo fuera

Cuando sientas ira, tómate un poco de tiempo para apaciguar ese enfado; por ejemplo, contando hasta diez, pero no solo contando, sino concentrándote en esa cuenta. Así, desvías la atención de tu cerebro de lo que te provoca ira y, cuando vuelvas, serás más racional.

3. Aprende a expresarte

Hasta ahora parece que estamos diciendo que la ira es mala y hay que eliminarla de cuajo, pero no. Más bien todo lo contrario: hay que buscar formas sanas de expresar la frustración y el enfado. A parte de la relajación y de dejar que el pellizco de ira pase, hablar es una solución. Saber decir que estamos enfadados y por qué estamos enfadados es una buena forma de dejar ir esa rabia.

4. Evita situaciones o personas que te causan ira

¿Para qué exponerte a situaciones si puedes evitarlo? Aunque ya sé lo que me vais a decir: a veces es inevitable. ¿Qué pasa cuando el que te cabrea es tu jefe, tu compañero de piso o tu pareja? Para esos casos, sólo céntrate en lo anterior dicho o en el siguiente punto.

5. Aprende a relativizar

Recuerda: no eres perfecto, la gente tampoco lo es y el mundo no funciona como quieres. No todo es bueno o malo. O blanco, o negro. O triunfo, o fracaso. Siempre hay grados. Comprende esa realidad. Lo que en principio parece malo, si se mira desde otro punto de vista, a lo mejor deja de ser tan malo. Pero, claro, para tener esas visiones complementarias tendrás que sentirte más relajado.

6. Desarrolla tu sentido del humor

Si antes hablábamos de que todo es relativo, el humor es la mejor forma de relativizarlo todo. El sentido del humor es la capacidad para ver las situaciones de tal forma que les encuentres su lado divertido. Ridiculiza las situaciones artificialmente serias. Además, la alegría es una emoción contrapuesta a la ira.

Estos consejos te vendrán muy bien si, como dije antes, estás pasando por una mala racha. Mucho estrés, muchas cosas que hacer, algunas frustraciones importantes… Aunque si tu nivel de ira supera lo normal, explotas de forma muy violenta por cualquier cosa y no puedes controlarte, entonces ya estamos hablando de un problema grave. Posiblemente, estemos hablando de un trastorno límite de personalidad o un trastorno explosivo intermitente. Si eres de estos últimos, mejor acude a tu médico cuanto antes por ti y por los que convivan contigo.

Comparte esta información con esa gente a la que estos consejos les vendrían muy bien.


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