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La vida no es un juego de azar. No es un casino donde invertir tus días. Es una obra de arte para contemplar y crear. Siente, ama, crea.

A thought-provoking illustration of a large-scale brain, with neurons firing and synapses connecting. The brain is surrounded by a cloud of shifting opinions and changing decisions, represented by colorful, flowing ribbons. The phrase "Cómo cambiamos de opinión sobre las decisiones 'finales'" is displayed in bold, cursive text, emphasizing the fluidity and adaptability of human thought and decision-making.

Cómo cambiamos de opinión sobre las decisiones «finales»

Benjamin Franklin, con su característico ingenio, solía decir: «Hay tres cosas extremadamente difíciles: el acero, un diamante y conocerse a uno mismo«. Esta reflexión, más profunda de lo que parece, nos lleva a cuestionar cómo nos entendemos a nosotros mismos a través de nuestras decisiones cotidianas. Desde identificar el origen de un sonido hasta decidir un cambio de carrera, cada elección que hacemos lleva consigo un grado de confianza. Pero, ¿qué pasa cuando esa confianza flaquea y cambiamos de opinión? Los científicos están utilizando precisamente estos cambios de elección para desentrañar los primeros indicios de autoconocimiento.

 Ahora los científicos están utilizando estos cambios de elección para estudiar los primeros indicios de autoconocimiento. Resulta que los cambios de opinión reflejan un proceso sintonizado con precisión para monitorear nuestro flujo de pensamientos.

La ciencia continúa desentrañando los misterios de la mente humana. A través de estudios innovadores, estamos comenzando a entender cómo nuestro cerebro monitorea y ajusta nuestras decisiones, proporcionándonos un vistazo al intrincado proceso del autoconocimiento. Así, cada pequeño cambio de opinión nos acerca un paso más a la comprensión de nosotros mismos.

La Encrucijada del Autoconocimiento

El autoconocimiento, esa capacidad casi mística de entender nuestros propios pensamientos y decisiones, ha fascinado a los pensadores durante siglos. Hoy, los neurocientíficos buscan respuestas en nuestros cerebros, explorando cómo monitoreamos y ajustamos nuestras decisiones.

Dos Perspectivas, Un Mismo Enigma

Existen dos teorías predominantes sobre cómo y por qué cambiamos de opinión. La primera sugiere que continuamos acumulando evidencia incluso después de tomar una decisión, un proceso conocido como «acumulación de evidencia posterior a la decisión». La segunda teoría plantea que el cerebro corrige activamente sus errores mediante mecanismos adicionales después de decidirse. La incapacidad para este autocontrol se observa en personas con daños en las regiones frontales del cerebro, quienes no pueden identificar ni corregir sus errores de manera efectiva.

En uno de los estudios , investigadores de la Universidad de Cambridge, la Universidad de Columbia y la Universidad de Nueva York pidieron a los voluntarios que decidieran si un parche de puntos parpadeantes se desplazaba hacia la izquierda o hacia la derecha moviendo una manija en la dirección correspondiente.

El Estudio de los Puntos Parpadeantes

Un fascinante estudio realizado por investigadores de la Universidad de Cambridge, la Universidad de Columbia y la Universidad de Nueva York exploró cómo monitoreamos nuestras decisiones. Los voluntarios debían decidir si un grupo de puntos parpadeantes se movía a la izquierda o a la derecha, ajustando simultáneamente su nivel de confianza. A veces, a mitad de camino, los participantes cambiaban su elección o nivel de confianza.

Al comparar estos comportamientos con modelos informáticos, los investigadores descubrieron que los cambios de opinión surgen de un proceso de acumulación de información en el canal neuronal. Incluso cuando los puntos ya no eran visibles, los sujetos seguían procesando información que los hacía reconsiderar sus decisiones iniciales.

La Tarea de las Palabras de Color

Otro estudio, llevado a cabo por el Trinity College de Dublín y la Universidad de Leiden, utilizó electroencefalografía (EEG) para medir la actividad cerebral. Los voluntarios debían presionar un botón al ver una palabra de color, evitando hacerlo si la palabra se repetía o si el color del texto coincidía con su significado. A pesar de la dificultad de la tarea, los errores fueron comunes, pero lo interesante era cómo los participantes notaban y corregían estos errores.

Los investigadores encontraron que una señal en la región centroparietal del cerebro, responsable de integrar información sensorial, aumentaba tras una elección, indicando que el mismo mecanismo utilizado para percibir eventos externos se activa al reflexionar sobre decisiones internas. Además, detectaron ondas theta en la corteza frontal, sugiriendo una señal de error rápida que desencadena la acumulación de evidencia para evaluar la necesidad de un cambio de decisión.

Un segundo equipo , del Trinity College de Dublín y la Universidad de Leiden en los Países Bajos, ha sugerido otro mecanismo de cómo funciona esto: de arriba hacia abajo. 

Dos Caminos, Un Objetivo

Ambos estudios destacan la importancia de la evidencia acumulada post-decisiones, pero difieren en la fuente de esta evidencia. El estudio de Cambridge propone una acumulación continua de evidencia, mientras que el de Trinity College sugiere que las señales de arriba hacia abajo proporcionan información adicional para permitir cambios de mentalidad. Las diferencias en los diseños de los estudios sugieren que investigaciones futuras deberían combinar estos enfoques para obtener resultados más definitivos.

Hacia la Comprensión del Autoconocimiento

Los psicólogos han estudiado durante mucho tiempo la metacognición, la capacidad de reflexionar sobre nuestros propios pensamientos y comportamientos. Aunque la base neuronal de la metacognición es compleja, los estudios mencionados revelan que las decisiones simples pueden ser la clave para entender este proceso. Más de 200 años después de Franklin, ahora comprendemos mejor los componentes del acero y los diamantes. Estudiando la dinámica de nuestras decisiones, podríamos desentrañar el enigma del autoconocimiento, esa tercera sustancia tan difícil de comprender según Franklin.