"Carro de Combate" o cómo hacer activismo a través de cada euro que gastas o ganas

¿Influye más a quiénes votamos o a quiénes damos nuestros euros?

Vivimos en una época en la que cada uno de nosotros podemos hacer algo para cambiar la economía y la sociedad, y orientarlas hacia un modelo más sostenible, humano y feliz. De hecho, el reto no es cambiar el mundo, es cambiarnos a nosotros mismos y ver si la suma de todos, logra el cambio global.

Cada uno de nosotros debe ganar su batalla y empezar a vivir una vida más acorde a sus valores y su ética. Lo que hacemos cada día marca la diferencia. Aquello que compramos y lo que no, cómo tratamos a los demás, qué conversaciones tenemos o qué comentarios consentimos en nuestra presencia, qué ropa vestimos o incluso qué comemos.

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La entrevista de hoy es a “Carro de Combate”, un blog que se ha transformado en libro gracias a los miles de lectores que queremos saber qué hay detrás de aquello que compramos y que nos pueden ayudar a entender qué hay detrás de los principales artículos que compramos:

¿De dónde surge Carro de Combate?

Laura Villadiego: Carro de Combate surge en el año 2012 – aunque sus primeros pasos se remontan a 2011 – como un blog en el que nos centrábamos en temáticas relacionadas con la esclavitud en la industria moderna. Poco a poco fuimos ampliando la temática del blog e introdujimos también impactos medioambientales para cubrir toda la cadena de producción. En 2013 autoeditamos nuestro primer libro e investigación en profundidad sobre la industria del azúcar que titulamos Amarga Dulzura. Una historia sobre los orígenes del azúcar. Un año después publicamos el libro Carro de Combate. Consumir es un acto político, esta vez con la editorial Clave Intelectual, en el que analizábamos la cadena de producción de 20 productos de consumo cotidiano. Actualmente estamos investigando la cadena de producción del aceite de palma.

¿Quién está detrás del proyecto?

LV: Actualmente en el proyecto hay 4 personas, todas ellas periodistas. Nazaret Castro lleva 8 años trabajando en Latinoamérica. Laura Villadiego lleva casi 7 el en Sudeste Asiático. Aurora Moreno ha vivido un tiempo en África y ahora viaja allí desde España, mientras que María Rubiños está especializada en asuntos de transparencia. De este modo, nuestro equipo, aunque reducido, abarca una buena parte de la geografía global, siempre mantiendo España como punto de referencia.

¿Qué vacíos legales más importantes encontramos en los etiquetados?

LV: El etiquetado está fundamentalmente regulado por la Unión Europea. El año pasado entraron en vigor importantes mejoras que iban desde el incremento de la letra, para que fueran más legibles, a la necesidad de incluir los alérgenos. Pero aún muchas carencias. Por ejemplo, hay muchos términos cuyo uso no está regulado, como biológico, natural, casero… En este sentido, VSF ha denunciado recientemente a El Pozo por utilizar la palabra artesano en productos fabricados de forma industrial. También hay mucha confusión con muchos términos. Así, por ejemplo, para el azúcar se pueden usar una gran variedad de términos diferentes como dextrosa o jugo de caña evaporado. O hay una gran codificación para los conservantes y otros añadidos con una serie de números que nadie conoce. Esto, sin duda, confunde al consumidor que necesita conocimientos avanzados para poder leer una etiqueta.pexels-photo-large

¿Qué podemos hacer como consumidores?

Nazaret Castro: La idea central de Carro de Combate es que el consumidor tiene el derecho y la responsabilidad de informarse sobre el origen de los productos que consume, los impactos socioambientales que crea; y también, en esa misma búsqueda, los efectos sobre su salud que tienen, pongamos por caso, el exceso de azúcar o de aceite de palma en los alimentos ultraprocesados, o ciertos químicos que se utilizan en la producción de cosméticos y detergentes. Creemos por experiencia propia que el consumidor bien informado, o al menos una buena parte de los consumidores que se informen, tenderá a buscar productos que, al mismo tiempo, sean más saludables y generen un entorno más armónico.

¿Qué casos os han sorprendido más?

LV: Uno de los casos que más nos sorprendió fue el de los aceites. Hasta este cambio reciente de la legislación europea, era posible etiquetar los aceites bajo la denominación general de “aceite vegetal” sin especificar el que se estaba utilizando. Debido a esto, los consumidores no se daban cuenta, por ejemplo, de la frecuencia con la que ingieren aceite de palma. Este fue uno de los determinantes que nos llevaron a comenzar la investigación sobre el aceite de palma en la que estamos ahora inmersas.

¿Realmente hay alternativas viables a lo que sucede?

NC: Sí; casi siempre hay alternativas, y la mayoría de las veces, más de las que imaginamos. Hace unos días publicamos en nuestro blog un directorio de marcas de ropa que cumplen con criterios de sostenibilidad social y ambiental. En alimentación y otros productos más cotidianos, las alternativas tienden a ser locales: en Madrid, por ejemplo, está despuntando el Mercado Social; en toda España surgen mercados de la Economía Social y monedas alternativas. También están los grupos de consumo, la banca ética, las tiendas de comercio justo de entidades que trabajan con productores en países del Sur global; el consumo colaborativo; y un largo etcétera. Se suele aducir que las alternativas “responsables” son más caras, pero no siempre es así. Además, quienes dicen esto se olvidan de que, aun en esta Europa en tiempos de crisis, un problema central es el consumismo, el exceso de consumo, promovido por un aparato publicitario que se encarga de crearnos nuevos deseos siempre insatisfechos. Puede ser cierto que un jersey de comercio justo es más caro que uno de Inditex, pero, ¿y si dejo de comprar jerseis que no necesito, me alcanzaría para pagar uno que me garantice que no ha sido producido por mano de obra esclava? ¿Y que además probablemente dure más? Y si me canso ¿por qué no lo intercambio con un amigo? En forma análoga, si dejo de comprar refrescos y golosinas que no alimentan, puedo destinar ese dinero a comprar verduras agroecológicas producidas por pequeños productores locales. Siempre teniendo en cuenta de que no se trata de cambiar todo de la noche a la mañana, ni de buscar la coherencia absoluta, que seguramente es imposible; sino de buscar información que, poco a poco, irá llevándonos hacia hábitos de consumo más saludables, para nosotros mismos y para el resto.

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¿Cómo podemos ayudar a vuestra iniciativa?

NC: Carro de Combate se sostiene únicamente gracias a las contribuciones de sus mecenas, que es como llamamos a quienes colaboran con nosotros, con la cantidad y periodicidad que decidan. Es la mejor forma de contribuir a que podamos seguir investigando; la otra es ayudarnos a divulgar el proyecto y sus contenidos. Los mecenas reciben mensualmente los informes monográficos sobre productos que realizamos, y las donaciones a partir de 25 euros reciben como recompensa nuestro libro Carro de Combate. Consumir es un acto político, editado por Clave Intelectual. Y por estos días, hasta el 15 de junio, tenemos una promoción especial junto a la revista Ballena  Blanca. Si os interesa el proyecto, bucead en nuestra web www.carrodecombate.com, donde está toda la información.

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