Te desvelamos qué tratamiento recibió Trump cuando se contagió de Covid-19. ¿Podemos recibirlo? 1

Te desvelamos qué tratamiento recibió Trump cuando se contagió de Covid-19. ¿Podemos recibirlo?

Cuando Donald Trump contrajo el Covid-19 existieron muchas dudas sobre si saldría adelante debido a su avanzada edad (74 años), sin embargo, parece estar plenamente recuperado en pocos días. Es por ello que mucha gente se pregunta: ¿qué tratamiento recibió? Y para contestar a esta pregunta os traemos un artículo médico con las claves de este tratamiento prometedor que inhibe la capacidad del virus de infectar células humanas y por lo tanto, se consigue evitar que casos leves de la enfermedad se agraven.

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Debido a la importancia del tema que vamos a tratar, este es un artículo rigurosamente científico y redactado por nuestro invitado, el doctor Francisco Garriga, autor de «Tell Me How You Die Easy: The Emotional Practice of Medicine”.

Anticuerpos Monoclonales

Cuando cayó enfermo con Covid-19 el presidente Trump, se le trató con un régimen experimental de anticuerpos monoclonales. Voy a tratar de explicaros en qué consiste este tratamiento. Es éste un campo relativamente nuevo, particularmente cuando se usan como tratamiento para infecciones. Debo aclarar que hay avances casi a diario: lo que leemos hoy puede que sea superado por nuevos conocimientos al día siguiente. También advierto que he tratado de explicar un sujeto complicado para que esté al alcance de todos. Espero que la inmunóloga que lea estos párrafos no se horrorice.

A medida que cada ser viviente ha evolucionado, ha tenido que desarrollar defensas en contra de invasores. La mayoría de los atacantes son formas de vida de tamaño microscópico que se encuentran por doquier. En la gran mayoría de los casos, hemos encontrado alguna forma de coexistencia que ayuda a ambos participantes. Nuestros intestinos, por dar un ejemplo, acomodan billones de bacterias, sin las cuales estaríamos condenados a vivir con una diarrea constante, y sin la vitamina K que es esencial para que el sistema de coagulación funcione. Hay muchos expertos que piensan que si se altera el balance que mantienen estas bacterias en nuestros cuerpos, seremos más susceptibles a contraer enfermedades inmunológicas.

Los problemas comienzan cuando nos invade un germen con el cual no hemos establecido un tratado de no-agresión. Esto sucede si comemos comida contaminada, o si respiramos pequeñísimas partículas de agua que cargan dentro de sí algún virus o bacteria dañino. Hay veces en las cuales un germen que vive tranquilamente en una parte de nuestro cuerpo se encuentra en algún otro órgano que no le conoce. Por ejemplo, todos cargamos con estafilococos en nuestra piel. Si se rompe la integridad de la piel, ya sea por una herida o un golpe profundo, el estafilococo puede penetrar la piel y causar una infección seria. Al igual que el E. coli, quien vive en los intestinos, causa infecciones urinarias muy dolorosas si encuentra la forma de entrar a nuestras vejigas.

Una vez nuestro cuerpo se topa con un germen que no debe de estar donde se encuentra, nuestro sistema inmunológico comienza a actuar. El sistema innato, el más antiguo en términos evolucionarios, tiene células que se especializan en reconocer cosas que no nos pertenecen. Estas células están localizadas a través de todo el cuerpo. Comienzan por “pegarse” a la partícula invasora. Hay células que pueden comerse al invasor; otras sueltan proteínas a la sangre y al tejido que está siendo invadido para atraer más tropas que ayuden en esta lucha.

Muy pronto muchos de los gérmenes están siendo “digeridos” por células macrófagas. Se les parte en muchos pedacitos, a los cuales se les dirige a la superficie de la célula (el término técnico es “expresar”) que los ha atacado. Los pedazos salen a la superficie de la célula: docenas de antenas que invitan a que vengan células diferentes para ser reconocidas.

Aquí es que comienza a trabajar el sistema inmunológico adaptativo. En términos evolucionarios, los peces ya demuestran un sistema inmunológico adaptativo, aunque es poco eficiente. Una vez los pedazos del germen se encuentran en la superficie de la célula que los ha digerido, una serie de compuestos se liberan, cuya función es atraer a más células inmunológicas. Las llamamos células T, porque se desarrollan en el timo.

Las células T se entrenan para poder comerse al germen (o a la célula que aloja al germen); se les llama “asesinas.” Otras células T se dedican a enseñarle a unas segundas células, llamadas células B, cómo formar anticuerpos. Son las “ayudantes.” A los gérmenes (o a cualquier proteína que estimula al sistema inmunológico) se les lama antígenos. Las proteínas que se sintetizan en respuesta a un antígeno se llaman anticuerpos.

Las células B (Su nombre parte de la bursa de Fabricio, un órgano inmunológico visto en los pájaros) están a cargo de preparar el terreno para sintetizar anticuerpos. Cada pedacito del germen que ha caído víctima del sistema innato es analizado por las células B. Cientos de anticuerpos se producen. 

Aquí una pausa, para enfatizar que todos estos procesos se desarrollan en tres dimensiones. Los anticuerpos que se producen tienen la capacidad de “pegarse” a alguna parte del germen. Hay veces que esa “pega” es débil y no duradera; en otras esa unión es fuerte y casi imposible de romper dentro del cuerpo. Estos anticuerpos con alta avidez y afinidad serán los más efectivos en erradicar al invasor.

Acordaros de que ninguna de estas superficies es un círculo perfecto, o una línea recta. Son masas deformes, como si fueran cuevas, que tienen recovecos, curvas, rincones, y protuberancias. Va a haber partes a las cuales va a ser fácil que un anticuerpo encaje. Hay otros “escondites” que puede que pasen desapercibidos.

Dentro de un par de días nuestros cuerpos aprenden a distinguir cuales son las células B que hacen los mejores anticuerpos. A esas se les ordena tener miles de hijitas. A las que no sirven se les ordena que se suiciden; un proceso que se llama apoptosis.

Cada hija de una célula B que resulta efectiva es idéntica a su madre. A ese conjunto de “buenas” células se les llama un clon. El anticuerpo que forman es un anticuerpo monoclonal, pues viene de un solo clon.

El sólo hecho de que un anticuerpo se una bien con un germen no garantiza su efectividad para que ayude a curarnos de nuestra enfermedad. Si el encaje ocurre en una parte del germen que no es de gran importancia para su supervivencia, no va a ser de gran ayuda para deshacernos de él. Estos se llaman anticuerpos “de unión.” Hay anticuerpos que impiden que el germen pueda atacar a nuestras células; los llamamos “neutralizantes.” Estos son los que queremos reproducir en cantidades industriales.

Hay varias formas en que se pueden sintetizar estos anticuerpos en gran cantidad. Regeneron, la compañía cuyo producto ha usado el presidente Trump, emplea ratones cuyos sistemas inmunológicos se han “humanizado” por medio de cambios en su ADN. A los ratones se les inyecta con parte de la proteína “espícula” que necesita el Covid-19 para invadir nuestras células. Cuando forman anticuerpos los ratones, se hacen análisis a ver cuales de ellos son los de más habilidad neutralizante. Se escoge un par de candidatos, y se entrena a bacterias, o levadura, o cualquier otro organismo simple a sintetizar copias en cantidades enormes (acordaros de que hay cientos de millones de enfermos que puede que los necesiten).

Hay otras compañías que se dedican a copiar anticuerpos de enfermos que se han recuperado del Covid-19. Hay una fórmula que combina un anticuerpo de ratón con uno copiado de un enfermo. No creo que exista una preparación que ha logrado combinar tres anticuerpos en una inyección. Primero, estas proteínas son difíciles de sintetizar: son muy caras. Segundo, la probabilidad de que se provoque una alergia aumenta con el número de proteínas ajenas que inyectamos a los enfermos.

Hay muchos pros y contras en estos tratamientos. Como son proteínas humanas, hay poca probabilidad de que produzcan una reacción alérgica. La mayoría de los anticuerpos que formamos de forma natural duran un mínimo de seis semanas; algunos duran meses o años. Con toda seguridad estas medicinas durarán al menos dos meses. Al individuo que tenga medios para pagar por ellos, se le puede inyectar un anticuerpo monoclonal antes de que salga de vacaciones, y puede andar por el mundo temiéndole poco al contagio. Se pueden usar como tratamiento (aunque probablemente no sean efectivos si el enfermo está in extremis) o como preventivos. A las personas que tienen gran riesgo de contagio (personal sanitario; enfermos de cáncer, etc.), se les puede proteger de esta forma si no hay vacuna disponible.

Un aspecto negativo es el costo que representa este tipo de intervención. Nunca van a ser baratos, aunque el precio bajará con el tiempo. El proceso de manufactura es lento y complicado: no va a haber suficiente para todo el mundo. Tienen que ser inyectados; probablemente van a necesitar refrigeración, o ser congelados. Eso envuelve el costo adicional de pagar a los enfermeros, y por la dificultad de transportarlos a lugares remotos. No van a estimular la producción de células T asesinas, lo cual es una parte integral para la efectividad de las vacunas.

He leído que se están investigando ciertos anticuerpos monoclonales que producen varias razas de llamas. Son moléculas muy pequeñas (para una proteína), y parece que duran más que un anticuerpo “normal.” Estos “nanoanticuerpos” puede que resulten tener gran importancia, pues sería posible, en teoría, administrarlos por la nariz. Como son moléculas menos complicadas, el costo de producción será menor. 

Con todo, el hecho de que haya tanto progreso en tan poco tiempo es muy alentador. Felicidades a cientos de científicos y ejecutivos que residen por todo el mundo. Ha habido mucha cooperación entre universidades, la industria farmacéutica, y algunos gobiernos. Enhorabuena.


Autor: Francisco Garriga MD

  • Graduado de escuela superior (High School) de la Escuela Superior de la Universidad de Puerto Rico a la edad de 15 años. Altos honores; varias medallas y premios.
  • Graduado de Washington University en Saint Louis, Missouri. Honores en pediatría y salud pública.
  • Dos años de entrenamiento postgraduado en la Universidad de Miami en Florida; medicina interna.
  • Dos años en la marina de los EE UU como “general medical officer.” Tuve la oportunidad (y el honor) de ser el médico de cabecera de varias familias cuyo padre (o esposo) se hallaba preso en Hanoi, o había muerto en combate. “Honorable discharge.”
  • Dos años de entrenamiento postgraduado en Washington University y Barnes Hospital en Saint Louis, Missouri. Medicina interna y reumatología. Investigación en el lupus que es causado por ciertas medicinas.
  • Práctica privada en Saint Louis, Missouri por 44 años. Instructor en medicina en Washington University y Saint Louis University durante esos años. 
  • “Founding Member,” American College of Rheumatology.ç
  • Miembro de la International Society of Clinical Densitometry. Certificado como experto en leer las pruebas de densidad ósea.
  • Jefe del departamento de medicina, Christian Hospital por varios años. Presidente del grupo de médicos afiliados a SSM Health Care en Saint Louis. Fundador del comité responsable para investigar a médicos cuyas acciones daban ocasión a sospechar de que estaban incapacitados.
  • Casado; tres hijas; un hijo; nueve nietos. Hasta hace poco jugaba tenis a un nivel de 4.0.
  • He escrito un libro, “Tell Me How You Die Easy,” que ha vendido 1000 copias.
  • Escribo también en un blog en franciscogarrigamd.com.

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