Aunque la depresión está entre los trastornos mentales más típicos, es también una de las dolencias más limitantes que existen. La propia vivencia de la depresión puede verse como una tortura y es una prueba de resistencia mental y emocional para el propio paciente. Sin embargo, a lo largo de mi trayectoria personal he encontrado también la propia vivencia de la impotencia de ver como un amigo sufre depresión, y no saber cómo actuar ante ello. Por eso, hoy te presento una rápida guía con consejos sencillos que te servirán como orientación si tienes un amigo o familiar depresivo.

4 consejos para ayudar a un amigo con depresión

1. Apoya a tu amigo 

Es fácil de decir y lo primero que se nos viene a la mente es soltarle con las típicas frases de ánimo cuando le veamos más cabizbajo. Y sí, es eso exactamente lo aconsejable. Pero para que el consejo sirva de verdad, no hay que enfocarse tanto en animar, sino en cómo animar.

Si tienes un amigo depresivo, lo primordial es intentar animarle

 

Intenta evitar los mensajes tipo: “Tienes que animarte, hay gente peor que tú”, todo está en tu cabeza. Tienes que actuar” o cosas así. Harás que se sienta culpable de sentirse deprimido. En su lugar, resalta sus cualidades positivas, sus talentos y dale esperanzas. Frases tipo: “admiro mucho tu trabajo” o “sé que no me creerás, pero tu estado no durará para siempre”.

Anímale también diciéndole que siempre estarás ahí para él. Las personas depresivas suelen sentirse muy solas, debido a que no encuentran una compresión profunda de sus sentimientos. Escúchale cuando quiera hablar. Trata de entender su posición. No le presiones y deja que se exprese con libertad.

2. Ayúdale a buscar tratamiento

Apenas hayas confirmado tus sospechas, debes animar a tu amigo a que acuda a un profesional. Probablemente, puede que él (o ella) se sienta avergonzado de tener que acudir a un especialista. O incluso negará que tiene un problema. Posiblemente piense que por sí solo puede salir de su atolladero y que acudir a un profesional es cosa de débiles. Sin embargo, ese es el primer desafío. Hacerle ver que la visita al médico o al psicólogo no es cosa de débiles, o de “locos”, o de personas muy acabadas. Los profesionales de la salud mental están para atender ese tipo de problemas. Ya sean leves o graves. De no tratarse de forma eficaz, los síntomas que sufra esta persona corren el riesgo de empeorar.

No hace falta “obligarlo” a que pida cita y haga todos los trámites. El mensaje que debes de mandar es que estás preocupado por él o por ella, que quieres ayudarlo y, como no te sientes en competencia para ello, es mejor contar con los consejos de un profesional.

Por último, si es necesario siempre puedes buscar tú mismo a un médico o psicólogo especializado. E incluso en los casos más señalados, acompañarlo tú mismo a la consulta. Por supuesto, contando con el consentimiento de tu amigo.

3. Ayúdale a salir adelante

El episodio depresivo tiene su aquel y merma motivacionalmente a la persona, hasta el punto de que la desanima a hacer cualquier cosa que antes le gustaba. Paralelamente, a nadie le gusta que le traten como a un “bicho raro”. Seguir manteniendo un trato normal le ayudará a seguir adelante, porque, independientemente de lo mal que se sienta, la vida sigue, él o ella lo sabe y quiere dejar de sentirse así en un futuro próximo.

Planea actividades con tu amigo depresivo, cosas tranquilas y relajadas, para que siga teniendo contacto y actividad

Planea actividades divertidas que sea capaz de tolerar. Cosas tranquilas que se puedan hacer en grupo y que lo mantenga motivado. Estos planes pueden ser desde ir al cine hasta simplemente organizar una partida de juegos de mesa. La cuestión es que siga teniendo contacto y actividad.

No pienses que el sentido del humor de tu amigo ha desaparecido. Habrá chistes que, por la situación, será mejor ahorrarse. Pero, por lo general, es mejor no perder ni ocultar el sentido del humor.

Y finalmente, no te desanimes si ves que después de un tramo temporal donde tu amigo se sentía bien, vuelve a recaer. La depresión viene por ciclos. Unas veces se está peor y otras, mejor. De hecho, el paciente oscilará entre un extremo y otro, hasta que sea capaz de controlar sus síntomas y mantener un equilibrio por sí solo.

4. Cuídate tú mismo

Cuidar de una persona con depresión no es tarea fácil; es todo un desafío personal. Pondrás a prueba tu paciencia, empatía, tu forma de ver a esa persona, incluso tu percepción del mundo.

Una persona depresiva no es una persona tóxica per se. Ojo a este dato. Pero es inevitable sentirse desgastado si se comparte mucho tiempo con una persona así. Al fin y al cabo, somos humanos y nos nutrimos de la energía que transmite la gente de nuestro alrededor. E independientemente de su mal, cuidar de una persona nunca es tarea fácil.

No hace falta mencionar que también puede llegar a ser agotador. Sobre todo a nivel mental y emocional. Por eso, un gran consejo que casi nunca se suele dar es que busquemos un hueco exclusivamente para nosotros. Debemos dedicar tiempo para relajarnos y descargar ese estrés y angustia que se acumula del trato con estas personas.

Dedica al menos 30 minutos al día solo para ti. Lee, haz deporte, juega, practica yoga… cualquier tarea que te ayude a minimizar tensiones y a relajarte.

Cuidar de una persona con depresión puede drenar tu energía, así que reserva un momento para ti

Estas fórmulas no son las definitivas para asegurar el éxito en el trato con un amigo depresivo, pero, como dije al principio, sí te servirán de orientación. Ante todo, recuerda que la depresión de tu amigo no es responsabilidad tuya. Es una lucha personal. Es él o ella quie debe superarla. Tú serás solamente un elemento de apoyo.

Si tienes esto en cuenta, este trastorno te afectará menos y podrás actuar con mejor diligencia. No podrás solucionar el problema, pero sin duda ofrecerás una ayuda indispensable.


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