Quizás conozcas algo los trastornos de la alimentación y, por lo tanto, la raíz –exia, al igual que con la anorexia o la vigorexia, te resulte familiar. Si es así, no vas mal encaminado. La alcoholexia es un trastorno de la alimentación donde el sujeto sustituye los nutrientes o calorías de la comida por la ingesta de alcohol con el objetivo de perder peso rápidamente.

La persona con alcoholexia deja de ingerir alimentos y empieza a consumir grandes cantidades de alcohol para compensar la faltas de ingesta. En estos casos, los pacientes se enfrentan a un doble problema. Por un lado, los propios problemas de la alimentación. Por el otro, el abuso y posterior adicción al alcohol.

Los trastornos de la alimentación

La persona con alcoholexia deja de ingerir alimentos y empieza a consumir grandes cantidades de alcohol para compensar la faltas de ingesta

Las personas con trastornos de la alimentación tienen una obsesión con sus cuerpos. No están contentos. Se ven demasiado gordos aunque su peso esté dentro de lo razonable, pero como respuesta a este descontento, el paciente no acude a manos de profesionales como nutricionistas o entrenadores, sino que directamente deja de comer.

A parte de la obsesión por la propia imagen, está también la obsesión por cuantificar las calorías que entran y salen del cuerpo. Algunos pacientes se practican “purgas” para deshacerse de las calorías excesivas después de comer, como ocurre en los episodios de bulimia que muchas veces acompañan a la anorexia nerviosa.

La obsesión por el aspecto se encuentra con la ingesta de alcohol

Y con esta obsesión pasamos al segundo problema de estos pacientes: las altas ingestas de alcohol. El objetivo es sustituir las calorías de los alimentos por las calorías residentes en el alcohol. La consecuencia más común de este abuso es la tolerancia al alcohol y, posteriormente, la adicción. Pero no con la misma configuración que tendría un alcohólico común.

El problema de la tolerancia radica en que cada vez necesitas consumir más de una sustancia para tener el mismo efecto. En el caso del alcoholismo común, la persona bebe más y más para intentar llegar a un estado de bienestar o de aparente equilibrio. En el caso de la alcoholexia, la persona bebe cada vez más con el fin de conseguir la sensación de saciar el apetito. Este círculo vicioso es lo que provoca la adicción.

Las consecuencias físicas de la alcoholexia

Ya hemos visto cuáles son las consecuencias psicológicas más inmediatas. Las que causan el trastorno y los problemas principales derivados del mismo. Pero a medio y corto plazo, las consecuencias físicas son mucho más graves.

Dos de los síntomas más claros asociados a cualquier trastorno alimenticio son la desnutrición y la consecuente anemia; además de bajos niveles de vitaminas y minerales que ocasiones una cascada de reacciones en el cuerpo como caída de pelo, amenorrea, debilidad muscular, dificultad para conciliar el sueño, falta de concentración…

alcoholexia

La alcoholexia conlleva graves consecuencias físicas

Además debemos añadir las consecuencias del alcohol: la más grave más grave de la alcohorexia es el coma etílico. La alta cantidad de alcohol en sangre puede provocar este estado. Y si, además, le añadimos el hecho de que no tener alimentos en el estómago facilita una más rápida absorción del alcohol, el organismo colapsa y  no puede contrarrestar tal deshidratación.

La sobredosis etílica puede causar cirrosis y la muerte.

¿Hay tratamiento para este trastorno?

A día de hoy, la alcoholexia no forma parte de los manuales de diagnósticos formalizados. De hecho, los profesionales la catalogan dentro de los trastornos alimentarios no especificados, pero ello no significa que su tratamiento no deba de ser diferente.

Por un lado, se ha de tener un seguimiento de los niveles toxicológicos y nutricionales regulares para conocer el estado y la evolución del paciente. Y, por otro lado, la terapia psicológica y el asesoramiento nutricional también se antojan necesarios.

Aunque sea el propio paciente el que deberá cumplir con el arduo esfuerzo de su recuperación, el tratamiento no es aislado. La familia también debe de estar involucrada como fuerza de apoyo y de seguimiento. Puesto que para estos pacientes, como para muchos pacientes de trastornos alimenticios, su cambio real también implica un cambio gradual en su entorno cercano.

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