Dos niños de realidades muy distintas muestran la crudeza de la desigualdad y la meritocracia 1

Dos niños de realidades muy distintas muestran la crudeza de la desigualdad y la meritocracia

Mientras nos adentramos en una nueva recesión económica tras la crisis sanitaria del coronavirus, la desigualdad crece a la misma velocidad que la desesperanza: la falta de movilidad social hace que las generaciones jóvenes, sobre todo aquellas con menor nivel de ingresos, se encuentren ahora con menos posibilidad de ascender que sus padres.

Por desgracia vivimos en un mundo de desigualdad en el que no toda la gente tiene las mismas oportunidades, algo que podemos observar a diario. La educación para los hijos es fundamental, pero el acceso a ésta varía dependiendo de los recursos económicos disponibles y del contexto social en el que se habita. A pesar del auge que ha habido de la clase media con el desarrollo del estado del bienestar hoy parece que iniciamos un camino hacia la polarización de las clases sociales.

Por desgracia con los años algunas personas pierden las esperanzas de tener acceso a los estudios superiores. Entre varios motivos existe la necesidad de conseguir trabajo que ayude a obtener los ingresos necesarios para llegar a fin de mes. Los trabajos poco cualificados demandan cada vez más tiempo por una baja remuneración lo que restan capacidad de dedicación a los estudios. Y con ello se inicia una espiral que solo logra agudizar aún más la desigualdad.

Esta es la premisa que el diseñador Toby Morris desarrolló con gran agudeza en una tira cómica que muestra la historia de dos niños en situaciones muy diferentes, retratando la situación de desigualdad que vive mucha gente alrededor del mundo.

Meritocracia

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La injusticia social crea desigualdad de oportunidades

El humilde emprendedor que sólo con un esfuerzo logra que su idea, tan original y disruptiva, se transforme en un caso de éxito… es mitología empresarial. Las biografías y artículos sobre su éxito nos detallan cómo superaron obstáculos que nuestro héroe ha debido sortear para llegar hasta lo más alto. La lección última siempre es la misma: si quieres, puedes. Si él pudo, superando tantas dificultades, quizá tú también. Y en consecuencia, si no tienes éxito, es tu culpa o tu responsabilidad.

Y es una frase falaz ya que sólo es verdad en parte. Es cierto que para tener éxito debes superar obstáculos. Pero también es cierto que con el mismo esfuerzo, dedicación, pasión… no todos llegan al mismo punto porque no todos partían del mismo lugar o las mismas condiciones.

Veamos tres ejemplos sencillos: Uno muy recurrente es el de Jeff Bezos y su deprimente primera sede de Amazon hace más de veinte años. En la mitología empresarial, nacer en una cochera es la prueba indeleble de los orígenes humildes. Pero suele estar repleta de falacias narrativas ya que si Bezos pudo llegar hasta donde está hoy se debe, en parte, a que sus padres le entregaron más de $240.000 dólares para evitar que su idea, Amazon, fracasara.

Bezos requirió del dinero de sus padres. Gates de los contactos de su madre. En ambos casos, fueron unos privilegiados. La mayor parte de las familias no cuentan con la suerte de canales de influencia que la familia del fundador de Microsoft tenía a su alcance a principios de los ochenta, y que jugaron un papel crucial en el éxito posterior, también pionero, de la compañía. Son dos caras de una misma moneda. Por ejemplo, la pobreza extrema atrapa a una familia en España hasta cuatro generaciones, es decir, ese hogar necesita 120 años para obtener unos ingresos que le permitan salir de esa situación, que obliga a sus miembros a vivir con menos oportunidades de estudios, más dificultad para conseguir un trabajo digno y peor salud. Y en países como Italia, las familias ricas son prácticamente las mismas desde el Renacimiento.

A menudo, los éxitos empresariales se explican si consideramos la posición social de los padres, un predictor muy preciso de la riqueza de los hijos. Veamos el último ejemplo.

La aventajada posición social y económica de los padres de Mark Zuckerberg le permitió asistir a la Academia Phillips Exeter, uno de los centros educativos más antiguos de Estados Unidos y frecuentado por las élites políticas y financieras. El coste por curso es de unos $57.000 al año cuando los ingresos anuales de la familia estadounidense de clase media son: $56,516.

Tal y como vimos en las viñetas del cómic anterior, no fue el único privilegio del que disfrutó. Cuando tenía once años, sus padres contrataron a un reputado desarrollador, David Newman, para que le diera clases particulares una vez por semana. Nada de lo anteriormente descrito niega el talento o el mérito de Bezos, Gates o Zuckerberg. Todos ellos tuvieron ideas revolucionarias y crearon productos atemporales, generacionales. Simplemente lo contextualiza. Sus padres fueron críticos en su formación, en su viabilidad económica o en su capacidad para estar en el lugar adecuado en el momento justo. No se hicieron a sí mismos. Se apoyaron en las redes familiares y sociales que tenían a su alcance para cimentar su éxito.

Aquí todos los detalles de estas tres historias de éxito vía Magnet Xataka

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Desigualdades y Meritocracia en España

«La movilidad social existe porque la igualdad de oportunidades y la meritocracia son principios que nos vertebran, son parte de los grandes discursos sociales

Marta Gutiérrez Sastre, profesora de sociología en la Universidad de Salamanca

La movilidad es tan baja que depende prácticamente por completo de tu origen social seremos una sociedad con muchos problemas. Sobre todo, porque a la población le pasaría como en el Medio Oeste americano, donde no ven esperanza. Una cosa es ser pobre, y otra no tener esperanza de no dejar de serlo nunca.

Otros nombres como Ivan Krastev y Stephen Holmes comparten también la misma perspectiva, pero situándolas en el concreto contexto estadounidense. La pérdida de empleos fijos y bien pagados por parte de las capas más bajas entre las clase media blanca estadounidense supuso un golpe tan duro para su amor propio como para su bienestar material, afirman en su ensayo La luz que se apaga. Es parte, según explican, no solo de la elección de Donald Trump, sino de la pérdida de fe global en el liberalismo. Trump les dice que importan, que su voto cuenta. Están abandonados o jodidos, y han estado esperando mucho tiempo a que alguien les diga que su vida importa. Con la vista puesta en el otro lado del charco, quizá la conclusión sea que el ascensor social es un problema global del capitalismo.

Desde el inicio de la crisis por el COVID-19, la pérdida de renta media entre las personas más pobres fue de un 21%, mientras que entre las más ricas fue de un 2,1%

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