Desde hace un tiempo, en la oficina de Diseño Social sólo usamos Fairphone. No es el mejor móvil. La cámara es una auténtica chatarra. Pero no lo cambiaríamos por nada. Es un teléfono diferente por su filosofía y proceso de creación, ya que presume de ser un dispositivo responsable con todos los recursos y personas implicadas. Un producto de código abierto y transparente, en el que se eligen materiales “libres de conflictos”, o lo que es lo mismo, con ellos no se van a sufragar organizaciones militares.

El negocio del coltán, el mineral que se emplea en la fabricación de millones de dispositivos, beneficia a grupos armados que controlan las minas de algunas regiones de la República Democrática del Congo, país que concentra cerca del 80% de las reservas del mineral utilizado para la fabricación de dispositivos móviles. Y alguien que denuncia esta realidad desde hace tiempo es Caddy Adzuba.

Y como siempre, los niños y mujeres están en los eslabones más bajos de esta cadena de explotación y tortura. Ellas son mutiladas, maltratadas y despojadas cualquier oportunidad de salir de esa espiral de torturas. Las violaciones y demás agresiones sexuales que sufren las mujeres en la República Democrática del Congo por parte de los rebeldes durante el conflicto aún vigente va más allá de lo estrictamente físico, se trata de una forma de someter a una sociedad y de causar heridas irreparables.

Conectados por la hipocresía

Sin embargo, para periodistas como Caddy Adzuba todo esto no sucedería si los rebeldes no tuvieran la complicidad de occidente: “¿Quién es el salvaje, el que comete los crímenes o quienes les dan las armas? Nosotros morimos para que ustedes puedan tener sus smartphones”, dijo en sus últimas conferencia en España señalando con el dedo a los asistentes. “Las mujeres mueren a cada segundo y son violadas por culpa del progreso tecnológico”.

Las innumerables historias que hay detrás del conflicto, que también es conocido como uno de los mayores genocidios que se producen en la actualidad. En ellas se puede ver cómo las botellas de plástico derretidas o las cuchillas son sólo algunas de las formas en las que las mujeres son agredidas sexualmente y también cómo las matanzas de bebés son algo desgraciadamente común.

“Traen la guerra en nuestro país y no quieren que huyamos de ese terror”, critica señalando a las instituciones Occidente.

Para Caddy Adzuba, lo más grave no es sólo nuestra falta de responsabilidad en la compra de terminales electrónicos, sino que además, cuando esa población indefensa intenta salir del Congo y evitar las torturas de un conflicto que ha sido provocado por los intereses que las multinacionales han llevado a su país… al conseguir llegar con vida atravesando el mar les llamamos “inmigrantes clandestinos” que quieren aprovecharse “de nuestro estado del bienestar”.

Muchos pedimos que empresas como Apple, Microsoft o Samsung que se aseguren de no usar productos extraídos por mano de obra infantil pero parece que prefieren seguir inflando sus bolsillos. ¿Nos ayudas a que esto cambie?

Más información en: Diario Público.


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