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Activismo global sin precedentes en la Era de la Incertidumbre 1

Activismo global sin precedentes en la Era de la Incertidumbre

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Actualizado el Monday, 24 June, 2024

Antes de la pandemia, el mundo ya estaba experimentando un nivel de movilización masiva sin precedentes. De 2010 a 2019 se registraron más movimientos a favor de una transformación radical del mundo que en cualquier otro período desde la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, desde la irrupción de la pandemia, la movilización en las calles -manifestaciones masivas, mítines, protestas y sentadas- se ha detenido abruptamente en países tan dispares como la India, Líbano, Chile, Hong Kong, Irak, Argelia y Estados Unidos.

La Modernidad nos había vendido la idea de una sociedad donde la incertidumbre fuera cero. Las promesas de progreso y tecnología nos hicieron creer en una seguridad infinita, en una vida controlada y predecible. Sin embargo, la pandemia global de COVID-19 ha destruido esta ilusión, exponiendo nuestra vulnerabilidad y fragilidad como seres vivos. Hoy, más que nunca, nos enfrentamos a un sentido de incertidumbre que se ha extendido a toda la sociedad. ¡Bienvenidos a la Era de la incertidumbre!

La Fragilidad Humana al Descubierto

El coronavirus nos ha hecho darnos cuenta de lo frágiles que somos. En un abrir y cerrar de ojos, lo que considerábamos seguro y garantizado se desvaneció. Las rutinas diarias, la estabilidad económica, y la salud, pilares fundamentales de nuestras vidas, se vieron amenazados. Este despertar colectivo ha sido un golpe duro para las sociedades avanzadas, acostumbradas a un alto grado de control y previsibilidad.

Cambios en los Valores Sociales

En este escenario de incertidumbre, estamos analizando los impactos de esta crisis en los valores de la sociedad. Las encuestas muestran que, como resultado de la pandemia, vamos a salir más temerosos y desconfiados, pero también más solidarios. La percepción de riesgo y la experiencia de vulnerabilidad han fomentado un sentido de comunidad y solidaridad que se creía perdido en muchos lugares.

La Emergencia de la Creatividad Social

Ante las graves dificultades actuales, ha emergido una ola de creatividad social, cooperación y solidaridad. La crisis ha sacado lo mejor de muchas personas y comunidades, dando lugar a infinidad de propuestas de colaboración. La elaboración de materiales sanitarios de protección, la ayuda a los más vulnerables, y la organización de redes de apoyo comunitario son solo algunos ejemplos de cómo la solidaridad ha cobrado vida.

¿Una Solidaridad Sostenible?

La gran pregunta es si esta explosión de solidaridad continuará después de la pandemia. Históricamente, las crisis han sido catalizadoras de cambios sociales y, a menudo, han dejado un legado duradero en las formas de organización y valores colectivos. Sin embargo, la sostenibilidad de estos cambios depende de varios factores, incluidos el liderazgo, la estructura social y las políticas implementadas para apoyar estas iniciativas.

Alternativas de Organización Social

Están surgiendo maneras alternativas de organizarse socialmente que podrían redefinir nuestra convivencia. Las cooperativas, los bancos de tiempo, las economías locales y circulares, y las redes de apoyo mutuo son ejemplos de cómo las comunidades están explorando formas más resilientes y humanas de vivir juntas. Estas alternativas se basan en principios de cooperación, equidad y sostenibilidad, en contraposición a los modelos tradicionales de competencia y consumo desenfrenado.

El Futuro de la Incertidumbre

Nos ha recordado la incertidumbre inherente a la vida y la necesidad de adaptarnos y evolucionar constantemente. En esta nueva era, la capacidad de las sociedades para abrazar la incertidumbre y transformar la vulnerabilidad en fuerza colectiva será crucial. La solidaridad, la creatividad y la cooperación social han mostrado su potencial durante la crisis. Ahora, queda en nuestras manos decidir si estas cualidades se convertirán en pilares permanentes de nuestra organización social o si volveremos a las viejas costumbres de seguridad ilusoria. La era de la incertidumbre ha llegado, y con ella, una oportunidad única para reinventar nuestra sociedad.

Si bien estas acciones se repitieron también en otros lugares en los que el día a día de la población se vio amenazado por la crisis sanitaria, en el Estado español fueron impulsadas por una amplia tradición en movilizaciones sociales desde la Transición. Cabe no olvidar que el país resultó gravemente afectado por la crisis económica y el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008, que impulsaron el surgimiento de redes dedicadas a mitigar el impacto social de sus consecuencias. Como han documentado diversas investigaciones sociales, el 15M se constituyó como un espacio para la experimentación de modelos basados en el feminismo, el pro-común, el DIY (Do It Yourself; ‘Hazlo tú mismo’), el anti-asistencialismo y la anti-caridad, que procuraban satisfacer las necesidades materiales de las personas al tiempo que las respetaban, comprometían y empoderaban.

De todas estas expresiones de solidaridad, espontáneas y diversas, se infiere la visión de un problema compartido del que la ciudadanía es corresponsable y que puede resolverse desde lo común. Si la anterior crisis nos trabajo movimientos como el 15-M y Occupy Wall Street, la actual crisis aún nos está esperando ver actuar mejor organizados.

Una de sus primeras impulsoras, Patricia Horrillo, reconocía las experiencias del proceso de 2011 como esenciales para responder con urgencia, pero de forma común y solidaria: «De aquel 15M que nos traspasó a muchas y cambió para siempre nuestra forma de pensar y funcionar». Y estos modos de hacer e imaginar se encontraron entonces, y también en 2020, atravesados por la apropiación solidaria de las tecnologías, que en esta crisis se presentan, en la práctica, como una condición de posibilidad para la participación de una ciudadanía confinada durante meses.

Los «movimientos en la pandemia», como los ha denominado Raúl Zibechi, han actuado en los últimos meses de alerta sanitaria para abordar las necesidades más urgentes de la población y han generado nuevas prácticas y saberes cuyas consecuencias a corto, medio y largo plazo aún están por estudiarse.

A finales de marzo, Donatella della Porta lanzaba un pronóstico lleno de luz a un mundo que ya había comenzado a sentir los efectos de la pandemia global: la crisis dispondría un nuevo escenario para la creatividad social. La politóloga advertía que los movimientos sociales se verían impulsados a responder a las necesidades idiosincráticas del momento mientras se adaptaban a unas circunstancias determinadas por la imposibilidad de reunirse y encontrarse en espacios físicos. Efectivamente, el inicio del estado de alarma en el Estado español (14 de marzo) y el posterior pico de la pandemia tuvo una respuesta individual y organizada a través de actos simbólicos como los aplausos a las ocho de la tarde en apoyo del personal sanitario pero también activismo práctico y esencial como la condonación del alquiler a los inquilinos sin ingresos, las clases particulares y los conciertos gratuitos de profesorado y artistas o la escritura de cartas para acompañar a los ingresados en hospitales, entre otros.

Los activistas han creado movimientos alternativos. Por ejemplo, grupos de voluntarios que cosen mascarillas y fondos comunitarios para emergencias. Muchos vecinos han dejado osos de peluche en las ventanas de sus casas para que los niños jueguen a encontrarlos. Algunos autores han leído textos directo en Internet y muchos músicos han actuado desde sus balcones o tejados.

La crisis sanitaria provocada por el nuevo coronavirus ha sumido a la economía mundial en una recesión. Mientras miles de millones de personas en todo el mundo recurren a la cultura como fuente de consuelo y conectividad, el COVID-19 ha impactado drásticamente el sector cultural. Artistas de todo el mundo, la mayoría de los cuales ya trabajaban a tiempo parcial, de manera informal o con contratos precarios, están luchando para llegar a fin de mes. Atravesamos hoy una situación de emergencia cultural. Por eso, la UNESCO ha lanzado ResiliArt, un movimiento mundial al que se han unido profesionales de la cultura del mundo entero y que saca a la luz la situación actual de las industrias creativas mediante discusiones mundiales. El impacto del COVID-19 sobre toda la cadena de valor cultural será duradero en la economía creativa; el movimiento ResiliArt tiene como objetivo garantizar que las conversaciones, el intercambio de datos y los esfuerzos de sensibilización continúen más allá de la pandemia. Se alienta a los profesionales de la cultura a unirse al movimiento y reproducir los debates de ResiliArt en sus respectivas regiones y en sus áreas de especialización siguiendo las guías disponibles para el público. Se alienta a los profesionales de la cultura a unirse al movimiento y reproducir los debates de ResiliArt en sus respectivas regiones y en sus áreas de especialización siguiendo las guías disponibles para el público. El impacto del COVID-19 sobre toda la cadena de valor cultural será duradero en la economía creativa; el movimiento ResiliArt tiene como objetivo garantizar que las conversaciones, el intercambio de datos y los esfuerzos de sensibilización continúen más allá de la pandemia.

Plataformas como Frena la curva apoyaron la coordinación digital. Este imaginario tecnológico no ha de confundirse con un desplazamiento de sus prácticas al terreno estricto de lo online. Al contrario, mostraron formas más complejas de participación al desarrollar estrategias híbridas y dirigidas hacia el entorno más cercano sin perder la conectividad del espacio en red. En el caso de Frena la curva, esta hibridación se explicitó en la figura del mediador, personas que mapeaban las necesidades de otras que no contaban con acceso a Internet o suficientes habilidades tecnológicas, para así ponerlas en contacto con la ayuda requerida. Otras prefirieron colgar carteles con su ofrecimiento a ayudar en el ascensor o en el portal de su edificio para que sus vecinos los vieran. En otros casos, el personal sanitario ayudaba a los pacientes aislados a conectarse con sus familiares mediante tablets y móviles de las donaciones organizadas por Derecho a conectarse.

Una de las herramientas más importantes para conocer la evolución y el alcance de la pandemia son los datos. Tenemos un grave problema. Hay diversos modelos epidemiológicos sobre la evolución de la pandemia. Todos ellos se basan en datos sobre contagios, tasa de reproducción, muertes causadas por el virus, etc. Estas previsiones usan modelos matemáticos sofisticados con gran cantidad de datos. Sin embargo, hay un enorme problema en la recogida de la información: número de test realizados, criterios y protocolos sobre la consideración de muertes causadas por Covid-19, asintomáticos, etc. Esta información sobre Covid-19, retrasmitida en directo durante 24 horas diarias por parte de los medios de comunicación,produce perplejidad en los ciudadanos. Nuestro grupo de investigación hablaba de media epidemia” para describir esta situación. Este contexto es ideal para la proliferación de las noticias falsas que se viralizan a través de las redes sociales: Whatsapp, Faceboook y Twitter.

Esta situación va para largo, así que este es un momento crucial para que las organizaciones creemos movimientos más fuertes y diversos, en formas que reconozcan y superen la creciente brecha digital y otras desigualdades. Debemos atraer a nuevos simpatizantes y activistas facilitando las inscripciones y reduciendo los requisitos, y pidiendo a la gente que invite a participar a sus amistades. Debemos seguir cuidando de nuestras comunidades de simpatizantes y personas voluntarias y relacionándonos con ellas mediante reuniones virtuales, llamadas telefónicas y seminarios web para escuchar sus necesidades y sus ideas sobre cómo deberíamos organizarnos para apoyarlas, fortalecer sus capacidades y reconocer su papel y sus aportaciones. Debemos colaborar y crear alianzas en todo el sector.

Como destacó recientemente el Washington Post, muchos jóvenes activistas siguen con sus protestas semanales sobre urgencia climática, solo que ahora las hacen en Internet, por medio de tormentas de tuits y del desarrollo de herramientas de promoción de los movimientos ciudadanos, programas de formación en la red y páginas web sobre el cambio climático.

Algunos activistas de Reino Unido han impulsado seminarios sobre cómo crear movimientos de protesta o de ayuda mutua. Cuando dejemos de estar confinados, los grupos que llevan a cabo estas actividades habrán mejorado su capacidad para tener u impacto y transformar la sociedad.

Los más tecnólogos están haciendo pruebas con aviones teledirigidos adaptados para entregar suministros, desinfectar espacios públicos, hacer controles de temperatura y monitorizar zonas de alto riesgo. Y, por supuesto, muchos movimientos han optado por impulsar acciones en la red, como mítines, programas de formación e intercambio de información.

Los bancos de alimentos creados expresamente para esta crisis, la reivindicación de viviendas desocupadas, las donaciones masivas para fondos comunitarios de ayuda, las clínicas de consulta médica gratuitas en la red, las donaciones masivas de mascarillas quirúrgicas, guantes, batas, pantallas protectoras para los ojos y desinfectante, y la fabricación artesana de mascarillas son algunas de las iniciativas impulsadas por la ciudadanía. Gran parte del material de protección para los profesionales de la salud donado por grupos de voluntarios se ha hecho a mano , cosiendo o con impresoras 3D. Estas iniciativas de movimientos y comunidades ya han salvado incontables vidas.

La apropiación creativa de las tecnologías, por su parte, encontró un lugar esencial en la producción de material sanitario para abastecer los hospitales desbordados por los ingresos. Las máscaras de buceo comercializadas por Decathlon dejaron entonces de ser un artículo de ocio y se convirtieron en respiradores mediante una pieza 3D cuyo diseño se compartió entre la comunidad de fabricación digital organizada en Coronavirus Makers. En esta red confluyeron especialistas en ingeniería, medicina e impresión 3D para la creación de diversos tipos de materiales (también viseras, protectores de orejas y mascarillas) cuyo diseño y procedimiento de elaboración circulaba de forma libre y distribuida a través de los nodos locales organizados en grupos de Telegram. Así, más allá de la creación de material sanitario, estas prácticas encarnaron modelos no hegemónicos de aprendizaje, investigación y manufactura.

Por tanto, en las acciones de Coronavirus Makers y otros movimientos sociales no solo subyació una propuesta de cambio social, sino que de ellas se desprendió una interpretación de la propia crisis vivida hasta el momento. Parafraseando a la investigadora social Anastasia Kavada, para estos grupos la COVID-19 no era un problema abstracto, sino que tenía un impacto directo en la realidad de las personas más cercanas. El caso del movimiento maker, en concreto, puso de manifiesto la necesidad de blindar unos servicios públicos que garantizaran la protección de la población en situaciones similares que pudieran acontecer en el futuro.

Esta voluntad por encuadrar la pandemia como un problema social resultó aún más explícita en otros grupos como el Comité de Emergencia Antirracista, una red compuesta por diversos colectivos que pretendió identificar y dar respuesta a situaciones de vulnerabilidad en colectivos como el migrante, el asiático, el gitano, el afrodescendiente o el musulmán. Al tiempo que buscaban recursos para proporcionar medicinas, alimentos y vivienda, también se esforzaron en denunciar los discursos de odio generados principalmente contra la comunidad china. De este modo, si bien coronavirus se convirtió en un problema de alcance estatal con medidas de bloqueo establecidas por el gobierno central, esta iniciativa asumió y explicitó que las circunstancias y consecuencias de este escenario afectaron de manera desigual a los distintos sectores de la población, y trabajó por hacer visible esta discriminación.

En Chile, las mujeres han puesto en marcha un plan de emergencia feminista que prevé la coordinación de las tareas de cuidado y el apoyo mutuo contra la violencia de género. En España, miles de personas se han apuntado a una campaña para promover la suspensión de los alquileres durante el estado de alarma. Muchos se han comprometido con los movimientos de protesta sin necesidad de salir de sus casas.

Movimientos, organizaciones y activistas se unen para apoyarse mutuamente y presionar a favor del cambio en formas nuevas y creativas, empezando por practicar el autocuidado y el cuidado comunitario (mira este fanzine diseñado por y para jóvenes activistas). Están aumentando la colaboración y compartiendo iniciativas, apoyo y recursos para responder a la crisis de la COVID-19 dentro de la comunidad de activistas en general con seminarios web, conferencias, herramientas de formación y documentos en línea de colaboración masiva.

El activismo evoluciona a medida que movimientos y organizaciones aprenden a adaptar sus herramientas y sistemas para crear poder, organizando y movilizando a la gente para que actúe más allá de las limitaciones del distanciamiento físico. Una investigación de colaboración masiva ha documentado más de 140 métodos de acción no violenta durante la pandemia, y ha mostrado que el poder popular florece dentro de esta crisis global sin precedentes.

En Poloniaactivistas de los derechos de las mujeres se manifestaron con pancartas en las ciudades a pie, en bicicleta y en automóvil, y protestaron en las colas de los supermercados respetando la preceptiva distancia social para defender los derechos sexuales y reproductivos. Y ganaron: los regresivos proyectos de ley propuestos quedaron paralizados en el Parlamento. Activistas de toda Europa les apoyaron solidariamente protestando desde casa con la etiqueta #protestathome.

El movimiento por el clima liderado por la juventud se ha trasladado a Internet. Todos los viernes, quienes hacen la huelga digital (#DigitalStrike) publican fotos de sus carteles desde casa. Este año, el Día de la Tierra se celebró con una “marcha digital” de 72 horas retransmitida en directo en la que hubo discursos, música y protestas, y Viernes por el Futuro organizó una huelga digital retransmitida en directo que vieron más de 230.000 personas.

Algunos movimientos y organizaciones convocan encuentros para llevar a cabo acciones multitudinarias mediante llamadas, correos electrónicos o tuits realizados de forma masiva en las que activistas y simpatizantes participan en acciones directas coordinadas en línea para ejercer presión pública sobre un objetivo en un momento clave: por ejemplo, durante el discurso en una conferencia de una persona encargada de tomar decisiones. Otras iniciativas son las huelgas de alquiler organizadasla publicación de reseñas negativas sobre establecimientos en Internetlas protestas en automóvil y las cadenas de solidaridad.

Grupos que se oponen al distanciamiento social

Evidentemente, algunas personas han reaccionado con furia contra la pandemia y las medidas impulsadas por los gobiernos. Algunos grupos o comunidades han optado por ignorar las recomendaciones de distanciamiento social de las autoridades sanitarias y se han juntado en mítines, protestas y servicios de culto. Un pastor de Kentucky, Estados Unidos, celebró un servicio de Pascua en desafío a la prohibición del estado de celebrar reuniones públicas. Aunque las autoridades obligaron a todos los feligreses a ponerse en cuarentena durante catorce días, este acto de rebeldía sigue el patrón de otros similares de iglesias evangélicas de Florida y Luisiana.

En el estado de Nevada los feligreses, furiosos porque su iglesia estaba cerrada, organizaron una serie de protestas en la zona de estacionamiento de los establecimientos de la cadena Walmart. Por otra parte, de forma puntual, algunas personas se han movilizado después ser convencidas de la veracidad de ciertas teorías de la conspiración. Es el caso de varios jóvenes en el Reino Unido, que cometieron actos vandálicos en una serie de torres de telefonía en respuesta a una noticia falsa en la que se afirmaba que la tecnología celular 5G propagaba el coronavirus.

El auge del Zoombombing (incursión de extraños en videollamadas de Zoom) evidencia que no todos los que se inventan nuevos métodos lo hacen movidos por la solidaridad con los afectados por la pandemia. Sin embargo, la cifra de personas que utilizan estas técnicas de contramovilización es insignificante si se compara con la de aquellos que lo hacen para apoyarse, ayudarse y expresar su solidaridad.

Lo que es evidente es que el poder de la ciudadanía también se está adaptando a esta crisis mundial sin precedentes; de hecho, incluso se ha fortalecido. Esto no debería sorprendernos, ya que la creatividad colectiva evoluciona. A menudo las situaciones de emergencia son el caldo de cultivo de nuevas ideas y oportunidades.

Si bien aún es imposible predecir cuáles serán los efectos a largo plazo de esta toma de consciencia colectiva y su capacidad para adoptar nuevas formas, es evidente que el poder de la ciudadanía no se ha debilitado. Movimientos a lo largo y ancho del mundo se han adaptado a la situación y se coordinan de forma remota, amplían su red de apoyo, mejoran sus métodos de difundir mensajes y planifican estrategias futuras.

Iniciativas empresariales

Pandemia de Valores es un proyecto de ecommerce solidario que quiere poner en valor las enseñanzas positivas que esta crisis nos esta aportando a la sociedad. El elemento para lograr dicho objetivo son cuatro modelos de camisetas, con definiciones creativas de los valores solidarios que han aflorado en esta pandemia. Por cada camiseta que se compre, Pandemia de Valores destinará 3 euros de la compra a un proyecto solidario que recaude fondos para los distintos colectivos afectados por el Covid-19.

Movimientos en la Pandemia: Prefigurando Futuros Posibles

Durante la pandemia de COVID-19, los llamados “movimientos en la pandemia” demostraron su impacto social de maneras que trascienden los resultados materiales de sus acciones. Estos movimientos no solo respondieron a las necesidades inmediatas de la crisis, sino que también jugaron un papel crucial en la reconfiguración del uso y significado de las tecnologías, la recuperación de la solidaridad colectiva, y la conciencia sobre las desigualdades sociales. Además, impulsaron la construcción de soluciones comunes y la defensa de los servicios públicos. Para comprender la sociedad post COVID-19, es esencial identificar y analizar estas prácticas, no solo por su influencia en la interpretación social de la pandemia, sino por su contribución a la construcción de futuros posibles basados en las lecciones aprendidas durante esta crisis global.

Replanteando el Uso y Significado de las Tecnologías

Uno de los aspectos más destacados de estos movimientos fue su capacidad para replantear el uso de las tecnologías. Desde la telemedicina hasta la educación a distancia, pasando por las plataformas de trabajo colaborativo, la pandemia aceleró la adopción de tecnologías que permitieron mantener la conexión y la actividad social. Sin embargo, los movimientos en la pandemia fueron más allá de la simple adopción tecnológica; promovieron un debate sobre el acceso equitativo a estas herramientas y la necesidad de cerrar la brecha digital. Este enfoque no solo facilitó la continuidad de servicios esenciales, sino que también abrió la puerta a nuevas formas de participación y organización social, más inclusivas y accesibles.

Recuperando la Solidaridad Colectiva

En medio del aislamiento físico, emergió una renovada solidaridad colectiva. Los movimientos comunitarios organizaron redes de apoyo para los más vulnerables, distribuyeron alimentos y medicinas, y ofrecieron asistencia emocional a quienes lo necesitaban. Estas acciones no solo mitigaron el impacto inmediato de la crisis, sino que también revitalizaron el sentido de comunidad y pertenencia. La pandemia nos recordó que, en tiempos de crisis, la solidaridad y la cooperación son fundamentales para la supervivencia y el bienestar colectivo.

Conciencia sobre las Desigualdades Sociales

La pandemia expuso y exacerbó las desigualdades sociales existentes, poniendo en evidencia las carencias en áreas como la salud, la educación y el empleo. Los movimientos en la pandemia trajeron estas cuestiones al centro del debate público, destacando la necesidad de abordar las desigualdades estructurales y garantizar una distribución más justa de los recursos. Al visibilizar estas problemáticas, impulsaron una mayor conciencia y un llamado a la acción para construir una sociedad más equitativa.

Construcción de Soluciones Comunes

Estos movimientos también fueron prefigurativos en su enfoque hacia la construcción de soluciones comunes. A través de iniciativas colaborativas, las comunidades desarrollaron respuestas innovadoras a los desafíos planteados por la pandemia. Desde la producción local de equipos de protección personal hasta la creación de huertos urbanos, estas soluciones demostraron la capacidad de la sociedad civil para organizarse y actuar colectivamente. Estas prácticas no solo respondieron a necesidades inmediatas, sino que también sentaron las bases para formas más sostenibles y resilientes de vivir y trabajar juntos.

Defensa de los Servicios Públicos

La pandemia subrayó la importancia crucial de los servicios públicos, especialmente en salud y educación. Los movimientos en la pandemia abogaron fervientemente por la defensa y el fortalecimiento de estos servicios, resaltando su papel indispensable en la protección y el bienestar de la población. Las campañas para apoyar a los trabajadores esenciales y exigir mayores inversiones en servicios públicos reflejaron un reconocimiento renovado de su valor fundamental y la necesidad de garantizar su accesibilidad y calidad para todos.

Hacia una Comprensión de la Sociedad Post COVID

Las prácticas desarrolladas durante el pico de la pandemia y las que han continuado posteriormente deben ser incluidas en cualquier intento de comprensión de la sociedad post COVID-19. Estos movimientos han influido significativamente en la interpretación social de la pandemia y colaboran en la construcción de futuros posibles basados en la reflexión sobre las causas y consecuencias de la crisis global actual. Al valorar y aprender de estas experiencias, podemos avanzar hacia una sociedad más justa, solidaria y resiliente.

En resumen, los movimientos en la pandemia han sido más que respuestas inmediatas a una crisis sin precedentes; han sido precursores de un cambio social profundo y duradero. Al replantear el uso de las tecnologías, recuperar la solidaridad colectiva, aumentar la conciencia sobre las desigualdades sociales, construir soluciones comunes y defender los servicios públicos, estos movimientos están ayudando a dar forma a los futuros posibles que pueden surgir de esta crisis. La pandemia nos ha recordado nuestra vulnerabilidad, pero también nuestra capacidad para innovar, colaborar y construir un mundo mejor.

Si conoces más iniciativas y proyectos, puedes incluirlos en este listado internacional.


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