¿Pueden los políticos aprender del reino animal? Los peores enemigos firman treguas para obtener beneficios conjuntos

Dicen que los negocios y la política crean extraños compañeros de cama… pero es la naturaleza quien nos muestra los más sorprendes espacios de negociación. Desde sus inicios, el mundo animal conoce esa innovadora técnica empresarial del win-win donde todos ganan.

Incluso en sus últimos días, Darwin acabó acercándose a la conclusión de que la evolución premiaba a las especies que se adaptaban mejor al cambio pero que en esa ley de adaptación a los nuevos tiempos, la cooperación entre especies era esencial. Sus investigaciones empezaron a explorar visiones disruptivas en la que cortaba con la premisa de su ley universal. Por ello, apuntó como conclusión final que los seres vivos habían entendido que la estrategia más importante para sobrevivir es la cooperación y que las especies sociales dominaban el planeta.

La simbiosis: beneficio mutuo entre especies

Quizás el ejemplo más conocido por todos es cómo el cocodrilo mantiene su higiene bucal en el Nilo. Tan sencillo como abrir su impresionante mandíbula para que los pequeños chorlitos egipcios le quite las sanguijuelas adheridas las encías del reptil. 

Pero a veces, la colaboración implica un precio a pagar por una de las partes. Es el caso de las cigüeñas y las garzas de los humedales de Everglades, en Florida (Estados Unidos). Estas buscan la protección de los aligátores (cocodrilo americano) ante los mapaches. Para ello, colocan sus nidos cerca de estos humedales para cuidar sus huevos y sus futuras crías.

Sin embargo, el cocodrilo les paga un pequeño impuesto por la protección ya que el cocodrilo come parte de los huevos y deja otros para la cría de estas aves. La simbiosis es tal, que a lo largo de los siglos se ha ido perfeccionando hasta tal punto que estas cigüeñas y garzas suelen poner más huevos de los necesarios para poder controlar el crecimiento de su población.

Aceptar una debilidad y combinarla con una fortaleza complementaria

En la sabana africana, las avestruces han aprendido a aceptar que a pesar de su gran tamaño y su amplio campo de visión, tienen muy mal olfato y un oído muy limitado. Así que han buscado a su animal de sabana complementario: las cebras. Estas no pueden ver a larga distancia así que permanecen cerca de las avestruces para que estas les avisen si ven un peligro o un depredador. Y a su vez, en caso de que la visión de las avestruces falle, las cebras ponen de su parte los sentidos del olfato y el oido para intentar descubrirlos. Ambas especies son conscientes que cuando se trata de defenderse de depredadores mortales, tres sentidos son mejor que dos.

¿Firmamos un acuerdo de no agresión?

A veces, el hecho de poder atacar o comerte a otra especie no significa que ejerzas ese poder… si puedes obtener un beneficio mayor. Eso de la Guerra Fría ya lo conocía el mundo animal hace siglos y siglos y siglos. El pájaro carpintero, por ejemplo, puede comer hasta mil hormigas al día. Sin embargo, una variedad de esta especie, el carpintero rufo, ha conseguido un trato mejor la hormigas acróbata. A cambio de no ser atacadas, permiten que este ave que deposite sus huevos en el interior del nido de las hormigas.

Algo parecido realizan las temibles hormigas carnívoras que devoran casi todo tipo de insectos que se encuentran a su paso. Incluso otras especies de hormigas. Sin embargo, prefieren eliminar de su dieta a las chicharras y las cigarras ya que estas producen una sustancia que resulta un manjar para las hormigas carnívoras. Esta delicatessen culinaria les permite caminar entre estas peligrosas hormigas como si de un ejército de guardaespaldas se tratase ya que muy pocos predadores se atreven a acercarse a ellas.

¿Y si mejor las atacas tú?

A veces, te gustaría atacar a un enemigo para poder alimentarte pero aceptar que es más fuerte que tú, es un principio básico de supervivencia. Por ello, el pájaro indicador prefirió, como su propio nombre desvela, indicar a otros el camino hacia el enemigo común. Estos pájaros adoran la miel pero saben que pueden enfrentarse los aguijones de cientos de abejas por lo que desarrolló una gran capacidad para detectar panales. Y no es un fácil lo que hacen ya que son capaces de detectar un panal de miel ¡en un radio de 250 km cuadrados!.

Sin duda, una gran virtud que puso al servicio de un animal más agresivo que ellos pero que también sabían apreciar el manjar de la miel: el ratel o tejón mielero. Cuando localiza a alguno, emite una serie de graznidos y revoloteos para indicar a este mamífero dónde se encuentra el panel.

El ratel puede resistir sin problema el ataque de las abejas y con sus garras, destroza el panal hasta llegar al néctar. Una vez que termina de alimentarse, al igual que las hienas cuando el león se sacia y deja los restos de carroña de su presa, llega el ave indicador para saborear el resto.


Los mecanismos de cooperación son los únicos garantes de la paz y la justicia social aunque oficialmente los discursos más visibles son los que privilegian las viejas tesis competitivas darwinianas. Cuando hay abundancia no hay competencia, que sólo opera en la escasez. Sobran recursos, falta voluntad de reparto y justicia.

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